Un muro, dos hijos, dos familias y dos nacimientos simultáneamente en el mismo hospital. ¿Qué sucede cuando, a distancia de años (dieciocho, para ser precisos), se descubre que un error humano ha atribuido a la familia del lado este del muro el niño nacido en la familia del lado oeste, y viceversa?
Esta es la trama del espléndido film El hijo de la otra (2012), de la directora de origen judío Lorraine Levy. Joseph Silberg, judío de Tel Aviv, y Yacine Al Bezaaz, palestina de Cisjordania: el drama que desgarra a Israel y los Territorios Palestinos se ve a través del acercamiento doloroso y forzado de dos familias que jamás habrían querido encontrarse, pero que, no obstante todo, logran salir enriquecidas y más felices de un encuentro que inicialmente parecía ser solo trágico.
El mérito es de las madres de Joseph y Yacine. Dos mujeres diversísimas, pero que tienen el amor, la fuerza y la valentía de aprovechar la oportunidad de la condición paradójica en la que se encuentran. Porque en su corazón, en su familia y en su tierra también hay lugar para el hijo de la otra.