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El Testigo Fiel
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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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«Lumen Fidei»: la fe no puede ser un hecho privado

5 de julio de 2013
Fue promulgada hoy la «encíclica a cuatro manos» sobre la fe.

La lectura de la primera Carta Encíclica de Papa Francisco, “Lumen fidei”, que fue publicada hoy, es un salto en el pasado, en la tradición; un pasado reciente, vivo, pero que podría parecer lejanísimo a la luz de todo lo que ha sucedido en la Iglesia durante los últimos cinco meses. El texto, como indicó el mismo Pontífice argentino durante un encuentro con el Sínodo de los obispos, es fruto de un trabajo «a cuatro manos». Benedicto XVI, que había terminado prácticamente su redacción antes de su renuncia el pasado 28 de febrero, entregó todo lo que había escrito a su sucesor, que lo revisó y completó.

Sin embargo, al recorrer sus páginas, resulta evidente que la pluma principal del texto (relativamente breve: de 91 páginas divididas en 58 párrafos) es la del refinado teólogo alemán. Y no solamente porque la encíclica sobre la fe cierra el tríptico sobre las virtudes teologales que comenzó con la “Deus Caritas Est”, sobre la caridad, y continuó con la “Spe Salvi”, sobre la esperanza. El estilo, las frecuentes alusiones a los filósofos y a los debates de la cultura alemana de los años 60, la insistencia sobre algunos temas e incluso la comparación entre la fe y las catedrales góticas (en las que la luz llega desde el cielo, a través de los vitrales en los que se representa la historia sacra) indican que Papa Francisco decidió respetar y acoger el trabajo y la profunda reflexión de su predecesor.

Lo dice el mismo Francisco en el séptimo párrafo de la encíclica:«Estas consideraciones sobre la fe –en continuidad con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha pronunciado sobre esta virtud teologal– pretenden sumarse a lo que Benedicto XVI escribió en las Cartas Encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya casi había terminado una primera redacción de la Carta Encíclica sobre la fe. Le estoy profundamente agradecido y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas contribuciones más».

El título de la encíclica, “Lumen fidei” (“La luz de la fe”), resume la dinámica fundamental por la que transcurre el texto: la tradición de la Iglesia siempre ha asociado la fe con la luz, que disipa las tinieblas e ilumina el camino; pero en la modernidad, la fe «ha terminado por asociarse con la oscuridad», y se ha convertido en uno de los sinónimos del oscurantismo: «Se ha pensado que tal luz podía bastar para las sociedades antiguas, pero no para los tiempos nuevos, para el hombre convertido en adulto, orgulloso de su razón, deseoso de explorar de forma nueva el futuro. En este sentido, la fe se presentaba como una luz ilusoria, que impedía al hombre cultivar la audacia del saber».

El texto cita a Nietzsche –una de las referencias constantes, en negativo, del pensamiento de Joseph Ratzinger– para quien “creer” se opondría al “buscar”. Pero en las últimas décadas, se ha descubierto que la «luz de la razón» en sí misma «no puede iluminar suficientemente el futuro»: el hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, para conformarse con las pequeñas luces que iluminan el breve instante. Por este motivo, en el mundo de hoy, es urgente recuperar el carácter de luz propio de la fe, volver a descubrir que solamente la luz que deriva del “creer” es capaz de iluminar toda la existencia del hombre.

La vía para llegar a este (re)descubrimiento del carácter luminoso de la fe para, naturalmente, por el encuentro con Cristo y con su amor. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, expreimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se abre a nosotros la mirada del futuro.

Después de la breve introducción, la Encíclica recorre, a lo largo de sus cuatro capítulos, la historia de la fe cristiana, desde el llamado de Abraham y del pueblo de Israel, hasta la resurrección de Jesús y la difusión de la Iglesia (Capítulo 1), la relación entre la fe y la razón (Capítulo 2), el papel de la Iglesia en la transmisión de la fe en la historia (Capítulo 3) y, para concluir, el efecto de la fe en la construcción de las sociedades que pretenden el bien común (Capítulo 4). “Lumen fidei” concluye con una oración a la Virgen, modelo de fe.

Los dos Papas recuerdan que la fe nos abre el camino y acompaña nuestros pasos en la historia. Para entender qué es la fe, pues, es necesario conocer su recorrido, la vía de los hombres creyentes, testimoniada, en primer lugar, en el Antiguo Testamento. La fe tiene raíces profundas en el pasado y es, al mismo tiempo, «memoria futuri» (“memoria del futuro”), porque está estrechamente vinculada con la esperanza.

Un argumento que vuelve a aparecer en la conclusión de la encíclica, en uno de los pasos en los que es posible encontrar la colaboración de los dos pontífices. La esperanza, de hecho, en la unidad con la fe y la caridad, es la que sitúa al hombre en una perspectiva diferente con respecto a las propuestas ilusorias de los ídolos del mundo, dando nuevo impulso y nueva fuerza a la vida de todos los días. La intersección entre la fe y la esperanza se da, sobre todo, en el sufrimiento. La fe está ligada a la esperanza porque, aunque nuestra morada aquí abajo se vaya destruyendo, hay una morada eterna que Dios inauguró en Cristo, en su cuerpo». Por este motivo, el texto invita a los hombres a no dejarse «robar la esperanza.

La muerte y la Resurrección de Jesús son fundamentales en la fe cristiana: demuestran que la fe es verdaderamente potente, verdaderamente real, que es capaz de influir en la realidad de forma concreta (algo que nuestra cultura ya no puede concebir): creemos que Dios se encuentra solamente más allá, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas.

Por ello, la fe es una y crea unidad, mientras su opuesto, la idolatría, siempre es «proselitismo» que no ofrece un camino, sino una multiplicidad de senderos que no conducen a una meta cierta y que configuran, más bien, un laberinto. Esta unidad de la fe implica, pues que no se trata de algo individual, sino que siempre se vive en medio y en compañía de los demás, en la comunidad de la Iglesia, sin afectar las individualidades (en esto radica, entre otras cosas, el motivo del bautsismo de los recién nacidos). La Iglesia no pretende reducir al creyente a simple parte de un todo anónimo, a mero elemento de un gran engranaje.

por Alessandro Speciale

El texto de la encíclica puede leerse o descargarse completo en español en Vatican.va

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