Internet está cambiando nuestra forma de pensar y de vivir. Las nuevas tecnologías digitales ya no son "tools", es decir herramientas extrañas a nuestro cuerpo y a nuestra mente. La Red no es un instrumento, sino un "ambiente" en el que vivimos. Y tal vez algo más, un verdadero "tejido conectivo" de nuestra experiencia de la realidad. Benedicto XVI escribió en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones sociales de 2010: "Los medios de comunicación modernos forman parte desde hace tiempo de los instrumentos ordinarios a través de los cuales las comunidades eclesiales se expresan, entrando en contacto con el propio territorio e instaurando, muy a menudo, formas de diálogo con un mayor alcance".
Y es mucho más cierto si consideramos que la Red se ha convertido en algo muy importante para el desarrollo de las relaciones entre los que pertenecen a esa que comunmente se llama "generación Y", es decir la de los jóvenes que nacieron entre los años ochenta y el dos mil. La generación Y se caracteriza por una enorme familiaridad con la comunicación, los medios y las tecnologías digitales. Es la generación de la llamada "web 2.0", en la que las relaciones entre las personas son el centro del sistema del intercambio comunicativo, por lo menos cuanto los contenidos. Las redes sociales no dan expresión a un conjunto de individuos, sino a un conjunto de relaciones entre individuos. El concepto clave ya no es el de la "presencia" en la Red, sino la "conexión"; si estamos presentes sin estar conectados, estamos "solos". Entramos a la Red para experimentar o incrementar alguna forma de "proximidad", de cercanía. Así pues, es necesario comprender bien de qué manera se ha evolucionado a causa de la Red el concepto mismo de "proximidad" -tan importante para la terminología cristiana, y tan vinculado con la cercanía espacial. Y todo esto tendrá, seguramente, consecuencias de orden político.
La posible separación entre conexión y encuentro, entre compartir y relacionarse implica el hecho de que hoy las relaciones, paradójicamente, pueden ser mantenidas sin renunciar a la propia condición de aislamiento egoísta. Sherry Turkle resumió esta condición en el título de su libro: "Alone together", es decir "juntos pero solos". Es más, los "amigos", justamente poque siempre están en línea, es decir disponibles al contacto o percibidos como presentes y disponibles a echar un vistazo a nuestras actualizaciones en las redes sociales, siempre están presentes, por lo que, justamente por esta razón, corren el peligro de desvanecerse en una proyección de nuesto imaginario. La fractura entre la proximidad se da por el hecho de que la cercanía se da debido a la mediación tecnológica gracias a la cual está "cerca" de mí, es decir próximo, quien está "conectado" conmigo.
El verdadero núcleo problemático dela cuestión es el concepto mismo de "presencia" en la época de los medios digitales y de las redes sociales que desarrollan una forma de presencia digital. ¿Qué significa la presencia entre unos y otros? ¿Qué significa estar presentes en un evento, en ua decisión? La existencia digital parece configurarse con un estatus ontológico incierto: prescinde de la presencia física, pero ofrece una forma, a veces incluso vívida, de presencia social. El concepto de participación -eclesial o política- está estrictamente relacionado con el de "presencia". Claro, la existencia digital no es un simple producto de la consciencia, una imagen de la mente, pero tampoco una "res extensa", una realidad objetiva ordinaria, sobre todo porque existe solo en el acto de la interacción. Efectivamente es necesario indagar mejor sobre el tejido de las esferas existenciales involucradas en la presencia en Red. Se abre ante nosotros un mundo "intermediario", híbrido, cuya ontología habría que estudiar mejor. A la luz de las consideraciones sobre el "estar cerca", ¿cómo es posible imaginar el futuro de la vida de una comunidad eclesial en la época de la Red? Ya desde 2001 Manuel Castells comprendía muy bien que la cuestión clave para nosotros es el pasaje de la comunidad a la "network" como forma central de la interacción organizativa. Las comunidades, por lo menos en la tradición de la investigación sociológica, se basaban una serie de valores y organizaciones sociales compartidos. Las "networks" se construyen a través de elecciones y estrategias de actores sociales, sean individuos, familias o grupos. La Iglesia en la época de la Red podría terminar siendo considerada como una estructura de apoyo, un "hub", una plaza en la que la gente podría "agruparse", crear grupos o, mejor, "racimos" ("clusters") de conexiones.