La lista de los obispos que deberían dejar su puesto bajo el fuego de los medios de comunicación en la zona de lengua alemana no es breve: el Vaticano salvó a Wolfgang Haas, pastor de Coira, de la ira funesta de la prensa y del directorio eclesiástico instituyendo en 1997 la nueva diócesis de Vaduz y cambiándolo (paralelamente a su ordenación episcopal) de Suiza a Lichtenstein. Antes, en 1995, los medios habían “demolido” al cardenal vienés Hans Hermann Groer con acusaciones de molestias, aunque no fue perseguido por la celante intercesión de su ex obispo sufragáneo Christoph Schönborn. De la misma manera, en Austria, en 2004, después de años de ataques, Kurt Krenn de Sankt Pölten se hizo a un lado debido al escándalo relacionado con presuntas prácticas homosexuales en su seminario. En Alemania, en 2010, el que causó polémicas fue el caso del obispo de Augusta, mons. Walter Mixa. El acusado se defendió torpemente de las acusaciones de algunos de sus alumnos de religión y al final presentó su renuncia.
En estos días, o mejor en estas horas, se decide el destino del obispo de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst. Parece que habría gastado sumas faraónicas en la reestructuración de su nueva residencia obispal y del anexo centro diocesano; además, habría mentido a los medios en relación con un viaje que hizo a la India. Todos los casos citados son extremadamente complicados y sus circunstancias, difíciles de comprender. Pero todos estos casos tienen un común denominador. Empezando por Groer, Haas y Krenn hasta Mixa y Tebartz-van Elst: todos ellos habían o han abrazado plenamente la “línea romana” (cosa no necesariamente evidente para los prelados de los territorios de lengua alemana) y gozaban del apoyo del Papa. En el entorno de los obispos “conservadores” aumenta el temor de que los medios, de un momento a otro, puedan tomar como blanco a alguno de sus hermanos, si, a sus ojos, parecen demasiado fieles a Roma o demasiado tradicionalistas.
En el caso del obispo de Limburgo, la campaña mediática ha asumido proporciones nunca antes vistas. Desde 2010, dos años después de que hubiera sustituido a su predecesor, Franz Kamphaus, el escándalo surgió alrededor de Tebartz: antes que nada “Der Spiegel”, revista de información, y el “Frankfurter Allgemeine” se ensañaron con él para demostrar que el obispo, de aspecto tan juvenil, en realidad era inhibido, autoritario e incapaz de comunicarse. Después de un viaje a India, indicó por escrito para responder a “Der Spiegel” que había viajado en clase turista. En realidad viajó en primera clase, pero gracias a las millas que había acumulado su vicario general. El Foro de Hamburgo se está ocupando del caso. Pero sería la reestructuración de un inmueble eclesiástico en el centro de Limburgo, que será la residencia de Tebartz, la que habría marcado el inicio del pandemónium. En realidad fue su predecesor, Kamphaus, el que había aprobado el proyecto; en cambio con Tebartz comenzaron los trabajos de reestructuración. El 3 de octubre explotó la bomba: se descubrió que la suma aprobada inicialmente, de 5 millones de euros, había crecido hasta llegar a los 31 millones. ¿Y qué está sucediendo? El Vaticano envió a Limburgo al ex encargado del Gobernatorado, mons. Giovanni Lajolo, que fue nuncio en Berlín, para entablar «coloquios fraternos» con todas las partes en causa. Mientras tanto, la diócesis se ha resquebrajado. En el obispado de Limburgo también entra Frankfurt y Johannes zu Eltz, el Decano ciudadano, en la disputa interna de la Iglesia es uno de los que están en contra de Tebartz. Lajolo le habría prometido que verificaría las obras y los gastos relativos, a través de una comisión independiente de la Conferencia Episcopal de Alemania. Solo al saber esta información, Tebartz reveló a su Consejo de Administración patrimonial las cifras verdaderas.
El patrimonio de la Sede Episcopal de Limburgo equivale a alrededor de 100 millones de euros. Tres abogados expertos en asuntos financieros, buenos católicos y jubilados, son miembros honoríficos del Consejo de Administración Patrimonial, que se ocupa de vigilar el empleo de los fondos episcopales. Pero el obispo no había informado a su Consejo sobre el aumento efectivo de los gastos, hasta que, tras la visita de Lajolo, se vio obligado a indicar los datos verdaderos. Indignados, algunos miembros del Consejo de Administración Patrimonial llamaron a la prensa y el escándalo alcanzó las dimensiones que ahora conocemos. De la noche a la mañana, comenzaron a circular por internet facturas y documentos que demuestran la responsabilidad de Tebartz en el aumento estratosférico de los gastos para la construcción de la Iglesia y para la reestructuración.
El obispo Tebartz-van Elst viajó a Roma para poner su destino en manos del Papa. Pero nadie sabe si Francisco lo recibirá o no. En el entorno de los colaboradores cercanos del obispo de Limburgo se reina la incertidumbre. Durante tres años se ha hablado de una campaña mediática sin precedentes en contra de Tebartz. Ahora los obispos alemanes lo empiezan a dejar solo. Solamente el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, mons. Gerhard Ludwig Müller, apoya a Tebartz. Ahora, las decisiones difíciles las tendrá que tomar Francisco.
por Guido Horst, Berlín