El sociólogo liberal francés, Frédéric Lenoir (1) dijo hace unos años que “la Iglesia católica padece una crisis de alcance insólito, tan profunda que afecta a su credibilidad en todos los ámbitos”. El tradicionalista norteamericano Kenneth C. Jones (2) lo ratifica: “En todas las áreas estadísticamente comprobables, el proceso de decadencia es innegable”. Lenoir es un convencido laicista. Jones un furibundo opositor al Concilio Vaticano II. ¿Dicen la verdad o la interpretan haciendo de ellas un objeto de uso político?
El Anuario pontificio no deja de anunciar un sostenido incremento del número de creyentes católicos en el mundo que, por lo demás, es mayor que el incremento de la población mundial (+1,4% frente al 1,1%, respectivamente, en 2007). En la Francia de Lenoir en el último lustro ha habido un notable repunte de bautizos y bodas. En Estados Unidos se calcula que para 2050 los católicos serán la minoría mayoritaria. Los datos suministrados por Pew, el observatorio internacional de mayor prestigio que realiza el seguimiento de la fe en el mundo, dice lo mismo. ¿Crisis de fe? Como dijo Camilo Ruini (3) en 2007, una Iglesia más vital solo puede suscitar mayor hostilidad en sus adversarios. Se ve en algunos de nuestros queridos ateos, no hay que irse muy lejos para comprobar cuánta razón tenía Ruini.
El siglo XX ha sido una época de profunda y rápida transformación de la geografía católica. A comienzos del pasado siglo casi dos de cada tres católicos vivía en Europa. En 2007, dos de cada tres católicos vive en el continente americano o en Asia-Pacífico. Este fenómeno no sólo se ha producido por el aumento del laicismo en el Viejo Continente, sino también (y en no poca medida) por la vitalidad demográfica de América Latina y por la nueva expansión católica en África y el continente asiático.
En conjunto la población mundial católica ha pasado de 757 millones de fieles en 1978, a la muerte de Pablo VI, a 1196 millones en 2010. Un incremento relativo de casi el 58%, muy ligeramente superior al crecimiento demográfico mundial. Y ello a pesar de que una parte nada desdeñable de la población mundial vive en países donde el catolicismo es perseguido oficial u oficiosamente.
Ahora bien, el aumento del número de fieles católicos ha dejado “pobres” la progresión del número de sacerdotes y por tanto el ratio sacerdote/comunidad parroquial. Había 419.700 sacerdotes en 1978 y 408.020 en 2007 (retroceso que ha ido levemente corrigiéndose desde la cifra más baja, en 1985, con 403.480 sacerdotes ordenados). Ahora bien, el número de diáconos permanentes ha pasado en ese periodo de 2.686 (1975) a 33.391 (2005). Y los seminaristas de 33.731 (1980) a 58.538 (2005). (4)
El aumento de los laicos misioneros ha sido igualmente espectacular. Sobre todo por la pujanza de los movimientos eclesiásticos, que se han revelado desde el Concilio Vaticano II como auténtico semillero de católicos comprometidos de manera radical con su fe.
En el año 2000, la Iglesia católica disponía en todo el mundo de 74.936 dispensarios, 13.933 residencias, 8.695 orfanatos, 5.853 hospitales, 1.046 universidades y 125.016 escuelas, diseminados por todo el mundo (5).
Pero los católicos hablamos con demasiada frecuencia (y con no poca superficialidad) de que estamos en crisis. ¿Acaso no han pedido los últimos Papas una reevangelización? ¿No es eso un reconocimiento de que en efecto estamos en crisis? El número de sacerdotes y de seminaristas, de diáconos permanentes y de laicos misioneros está aumentando, en el segundo caso de forma estratosférica. Pero también la secularización. Incluso ciertos aspectos de secularización que invaden a miembros de la Iglesia católica. Especialmente lo primero en América Latina y lo segundo en Europa. Es lo que Benedicto XVI ha llamado los “católicos culturales”, que –como ha recordado el Papa Francisco- incluso van a misa, pero olvidan la profundidad real a la que estamos llamados los que nos denominados “cristianos”.
La llamada a la Nueva Evangelización no es, entonces, más que un llamado a recordar nuestra misión como cristianos de ser apóstoles, testigos de Jesús en medio del mundo. No es más que – o ni más ni menos- que eso.
El Papa, cuando era cardenal de Buenos Aires, durante la homilía de inauguración del Año de la Fe, esclareció –con valentía, pero con firmeza- que “Cruzar el umbral de la fe nos desafía a descubrir que si bien hoy parece que reina la muerte en sus variadas formas y que la historia se rige por la ley del más fuerte o astuto y si el odio y la ambición funcionan como motores de tantas luchas humanas, también estamos absolutamente convencidos de que esa triste realidad puede cambiar y debe cambiar, decididamente porque “si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?” (Romanos 8, 31).
“Cruzar el umbral de la fe supone no sentir vergüenza de tener un corazón de niño que, porque todavía cree en los imposibles, puede vivir en la esperanza: lo único capaz de dar sentido y transformar la historia. Es pedir sin cesar, orar sin desfallecer y adorar para que se nos transfigure la mirada”.
Si hoy el catolicismo está en crisis (por los achaques del materialismo) no lo estaría ni en mayor ni en menor medida que en los primeros tiempos de los cristianos. Ni en mayor ni en peor medida que durante la Edad Media. O que en la Ilustración. Pero el catolicismo, entonces y ahora, no está en crisis. Ya sabemos que son muchos los llamados y pocos los elegidos, pero infatigablemente seguiremos trabajando por el Reino. Nuestra primera etapa, quizá la más importante, es la de hacer comprender a nuestros hermanos que vivir la fe como “católico cultural” es engañarse.
(1) F. Lenoir, “Il faut excommunier Jésus”, en Le Monde, 20 de marzo de 2009.
(2) K. C. Jones, Index of Leading Catholic Indicators: The Church since Vatican II, St. Lois, Oriens Publishing, 2003.
(3) Corriere della Sera, 4 de noviembre de 2007.
(4) Datos procedentes de los Anuarios vaticanos correspondientes.
(5) El inventario corresponde al trabajo realizado por Bryan Froehle y Mary Gautier. Global catholicism, Portrait of a World Church, Maryknoll, Nueva York, Orbis Books, 2003.