Se me ha pedido presentar este documento pontificio en relación a su dimensión comunicativa, sobre cómo y por qué la comunicación entra en la temática de la nueva evangelización. Mi intervención toma en cuenta dos puntos fundamentales.
I. El estilo del documento
Se trata de una Exhortación Apostólica y como tal tiene un estilo y un lenguaje propios. Me gustaría subrayar que el tono es coloquial con una característica propia de profunda inspiración pastoral.
Como dice Papa Francisco, " deseo dirigirme a los fieles cristianos, invitarles a una nueva etapa evangelizadora ". Leyendo el texto se percibe que nos encontramos con un pastor que se pone en coloquio de meditación con sus fieles.
Destaca una característica propia: el Papa usa un lenguaje sereno, cordial, directo y en sintonía con el estilo con el que se ha manifestado estos meses de pontificado.
II. La forma en la que emerge el papel de la comunicación en esta nueva etapa evangelizadora, sobre todo porque el Papa quiere " indicar la dirección en el camino de la Iglesia para los próximos años ".
Emerge sobre todo la conciencia del Papa acerca de lo que está aconteciendo en el mundo de hoy, especialmente en el campo de la salud, la educación y la comunicación. El Papa es consciente de los adelantos/logros obtenidos por el hombre en estos tres campos (n.52) y hace referencia a las evidentes innovaciones tecnológicas: "Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo." (n.52)
Sin duda se trata de progreso y de éxitos, sin embargo el Papa es totalmente consciente de que la sociedad de la información actual nos satura indiscriminadamente con datos, todos al mismo nivel y que terminan conduciéndonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se hace necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores. (n.64).
El documento reconoce que las mayores posibilidades de comunicación también pueden traducirse en amplias posibilidades de encuentro entre todos. De aquí la exigencia de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos (n.87).
Emerge también la conciencia de que "las nuevas culturas continúan gestándose en estas enormes geografías humanas en las que el cristiano ya no suele ser promotor o generador de sentido, sino que recibe de ellas otros lenguajes, símbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio de Jesús ." El Papa remarca asimismo que una " cultura inédita late y se elabora en la ciudad ". (n.73)
Tampoco falta una mención sobre la actitud de la cultura mediática en relación al mensaje de la Iglesia. En el número 79, el Papa subraya que "la cultura mediática y algunos ambientes intelectuales, a veces, transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia, y un cierto desencanto ."
Como era previsible, un amplio sector está dedicado al análisis de cómo el mensaje viene comunicado. No faltan algunas observaciones sobre este tema. El Papa es consciente de la velocidad de la comunicación moderna y de cómo, a veces, los medios de comunicación realizan una selección interesada de distintos contenidos. Por este motivo se corre el riesgo que el mensaje aparezca mutilado y reducido sólo a aspectos secundarios. Existe el riesgo que algunas cuestiones de la enseñanza moral de la Iglesia permanezcan fuera del contexto que les dan sentido, o que a veces el mensaje parezca identificarse con aquellos aspectos secundarios que no manifiestan el corazón auténtico del mensaje de Jesucristo.
Frente a estos riesgos, el Papa retiene conveniente ser realistas, es decir, no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo. (n.34).
Por este motivo, el Papa subraya que " una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia." (n.35)
El anuncio debe concentrarse en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante.
Se destina una amplia reflexión a un tema que personalmente es de mi interés; es decir, el tema del lenguaje. El Papa, refiriéndose a las enormes y rápidas transformaciones culturales actuales, nos recuerda que es necesario prestar " una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad ." (n.41).
A este propósito, el Papa recuerda que " a veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo" y en este sentido subraya que "con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo, somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia ". (n.41).
En efecto, el tema del lenguaje es una gran desafío para la Iglesia actual. Un desafío que debe ser acogido conscientemente y con decisión, con audacia y sabiduría como recordaba el papa Pablo VI en Evengelii Nuntiandi .
El Papa Francisco, al mismo tiempo, remarca que "nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión." (n.42) y nos recuerda a todos que " hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos ." (n.42).
Según lo que se ha expresado hasta aquí, emerge que "la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias " (n.45). Se procurará " comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible ." (n.45).
El Papa continúa: un corazón misionario " nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva." (n.45). Él tiene la responsabilidad de crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, sin renunciar al bien posible, " aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino. " (n.45)
En este contexto el Papa - como era de esperarse - pone una particular atención en la homilía, y según lo que se ha expresado hasta aquí, reconoce que el problema no es solamente saber aquello que se debe decir, sino también prestar atención al "cómo"; es decir al modo concreto de desarrollar una predicación (n.157)
Conociendo el estilo comunicativo del Papa Francisco, no sorprende que, en este contexto, insista en el hecho de que uno de los esfuerzos más necesarios es de aprender a utilizar imágenes en la predicación, " es decir a hablar con imágenes " (n. 157) y precisamente en esta exhortación descubrimos que en el origen de su estilo comunicativo, se encuentra la enseñanza que un viejo maestro había dado al joven Bergoglio: una buena homilía debe contener " una idea, un sentimiento, una imagen".
Continuando con el tema del lenguaje, el Papa recuerda que la simplicidad está relacionada con el lenguaje utilizado. Debe ser un lenguaje que los destinatarios puedan comprender para no correr el riesgo de hablar al vacío. (n.158)
En este sentido, el Papa subraya pastoralmente que " el mayor riesgo para un predicador es acostumbrarse a su propio lenguaje y pensar que todos los demás lo usan y lo comprenden espontáneamente". (n. 158)
Por lo tanto, podríamos decir que el camino es el de la simplicidad, la claridad y la dimensión positiva. (n. 159) En efecto "una predicación positiva siempre da esperanza, orienta hacia el futuro, no nos deja encerrados en la negatividad ".
Quisiera poner el último énfasis de mi intervención en el tema de la belleza, via pulchritudinis (propositio 20, n. 267): " Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo ". (n. 167)
Todas las expresiones de verdadera belleza - dice el Papa - pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús; el aprecio de la belleza es necesario para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. Se nos recuerda por tanto el uso del arte en la tarea evangelizadora de la Iglesia; y el Papa no duda en hablar de un nuevo " lenguaje parabólico ".
Culmino mi intervención con una ulterior cita de Papa Francisco que da sentido a nuestra actividad comunicativa en la Iglesia " hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales ".
Papa Francisco nos pone a todos delante ese desafío; y por lo que se refiere a nosotros se trata de un desafío que el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales desea asumir en plenitud para responder positivamente.
El documento completo puede leerse en español aquí