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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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La resurrección de Cristo y la nuestra

5 de diciembre de 2013
Texto completo de la catequesis del Papa, centrado en las fórmulas de fe «Creo en la resurrección de la carne»

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

quiero volver de nuevo hoy sobre la afirmación: "Creo en la resurrección de la carne". Trata una verdad que no es simple, y menos aún obvia, porque, viviendo inmersos en este mundo, no es fácil entender las realidades del futuro. Pero el Evangelio nos ilumina: nuestra resurrección está estrechamente ligada a la resurrección de Jesús; el hecho de que Él resucitó es la prueba de que existe la resurrección de los muertos. Quisiera presentar algunos aspectos que conciernen a la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra resurrección. ¡Él ha resucitado! Y porque Él ha resucitado, también nosotros resucitaremos.

En primer lugar, la propia Sagrada Escritura contiene un camino hacia la plena fe en la resurrección de los muertos. Ésta se expresa como la fe en Dios Creador de todo hombre - cuerpo y alma - y como fe en Dios liberador, el Dios fiel a la alianza con su pueblo. El profeta Ezequiel en una visión, contempla los sepulcros de los deportados que se vuelven a abrir y los huesos secos vuelven a la vida gracias a la infusión de un espíritu vivificante. Esta visión expresa la esperanza en la futura "resurrección de Israel", es decir, en el renacimiento del pueblo derrotado y humillado (cf. Ez 37:1-14).

Jesús en el Nuevo Testamento, lleva a cumplimiento esta revelación, y vincula la fe en la resurrección a su propia persona y dice: " Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11:25). De hecho, será el Señor Jesús quien resucitará el último día a los que han creído en Él. Jesús vino entre nosotros, se hizo hombre como nosotros en todo, menos en el pecado; y de esta manera nos ha tomado con él en su camino de regreso al Padre. Él, el Verbo encarnado, muerto por nosotros y resucitado, da a sus discípulos el Espíritu Santo como garantía de la plena comunión en su Reino glorioso, que esperamos vigilantes. Esta espera es la fuente y la razón de nuestra esperanza: una esperanza que, si se cultiva y se custodia, nuestra esperanza si la cultivamos y la custodiamos, se convierten en luz para iluminar nuestra historia personal y también la historia comunitaria. Recordémoslo siempre: somos discípulos de Aquel que vino, que viene todos los días y vendrá al final. Si somos capaces de tener más presente esta realidad, estaremos menos fatigados ante lo cotidiano, menos prisioneros de lo efímero y más dispuestos a caminar con un corazón misericordioso por el camino de la salvación.

Otro aspecto: ¿qué significa resucitar? La resurrección -¡la resurrección de todos nosotros, eh!- tendrá lugar el último día, en el fin del mundo, por la omnipotencia de Dios, que volverá a dar la vida a nuestro cuerpo reuniéndolo con el alma, en virtud de la resurrección de Jesús. Y ésta es la explicación fundamental: porque Jesús ha Resucitado, nosotros resucitaremos. Nosotros tenemos esperanza en la resurrección, porque Él nos ha abierto la puerta: nos ha abierto la puerta a esta resurrección. Y esta transformación en espera, en camino de resurrección, esta transfiguración de nuestro cuerpo viene preparada en esta vida por la relación con Jesús, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Nosotros que en esta vida nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre resucitaremos como Él, con Él y por medio de Él. Como Jesús ha resucitado con su cuerpo, pero no ha vuelto a la vida terrenal, así también nosotros resurgiremos con nuestros cuerpos que serán transformados en cuerpos gloriosos, cuerpos espirituales. Pero esto no es una mentira, ¡eh! ¡Esto es cierto! Nosotros creemos que Jesús ha Resucitado, que Jesús está vivo en este momento. Pero, ¿ustedes creen que Jesús está vivo? ¿Qué vive? Ah, no lo creen, ¿eh? (Responden: "¡Sí!") ¿Lo creen o no lo creen? (Responden: "¡Sí!") Y si Jesús está vivo, ¿ustedes creen que Jesús nos dejará morir y no nos hará resucitar? ¡No! Él nos espera. Y porque ha resucitado, la fuerza de su resurrección nos resucitará a todos nosotros!

Y ya en esta vida tenemos una participación en la Resurrección de Cristo. Si bien es cierto que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, también es verdad que, en un cierto sentido, con Él ya hemos resucitado. ¡La vida eterna comienza ya en este momento! Comienza durante toda la vida, hacia aquel momento de la resurrección final. Y ya estamos resucitados! De hecho, mediante el Bautismo, somos incorporados en la muerte y resurrección de Cristo y participamos de la vida nueva, que es la vida de Él. Por lo tanto, a la espera del último día, tenemos en nosotros mismos una semilla de resurrección, como la anticipación de la resurrección plena que recibiremos en herencia. Por esta razón, también el cuerpo de cada uno de nosotros es resonancia de eternidad, y por ello siempre debe ser respetado; y sobre todo se debe respetar y amar la vida de los que sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, aquella condición de vida eterna hacia la que caminamos ¡Y este pensamiento nos da esperanza! Estamos en camino hacia la Resurrección. Y esta es nuestra alegría: un día encontrar a Jesús, encontrarnos con Jesús todos juntos, todos juntos - no aquí en la plaza, en otra parte - pero felices con Jesús. ¡Y este es nuestro destino!

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