“Después del Papa 'teólogo' del diálogo entre las religiones, la elección de un pontífice con un estilo directo y simple y con una capacidad sorprendente de comunicación, hace suponer que el diálogo continuará, reforzándose”. Es lo que subraya el cardenal Jean Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso, en la entrevista concedida al 'Osservatore Romano'.
“En la línea de sus predecesores –observa Tauran-- el papa Francisco ha invitado a proseguir sobre la vía del diálogo y nuestro dicasterio ha continuado su intensa actividad al servicio de las relaciones de respeto recíproco, mejora del conocimiento mutuo y colaboración entre católicos y creyentes de otras religiones. Y lo ha hecho con la misma atención que presta al papel insustituible de las Iglesias locales”. Ahora, confirma el presidente del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso, “tenemos el deber de continuar por este camino, buscando también mejorar”.
El dicasterio se prepara para celebrar el 50º aniversario de su institución, el 19 de mayo de 1964 –recuerda el cardenal Tauran--, nace la Secretaría para los no cristianos, que se convirtió el 28 de junio de 1988 en el Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso; y de la sucesiva promulgación el 28 de octubre de 1965 de la declaración 'Nostra Aetate', “la carta magna del diálogo entre religiones”.
El Papa había expresado en modo claro el pasado mes de noviembre su pensamiento, hablando a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso. Durante la Audiencia con éstos, Francisco dijo que en el diálogo interreligioso no hace falta “una falsa fraternidad”, que cada uno lleve su identidad.
“Dialogar no significa renunciar a la propia identidad cuando se va al encuentro con el otro, y tampoco llegar a compromisos sobre la fe y la moral cristiana”, dijo el Papa, y añadió: “No impongamos nada, no usemos ninguna estrategia ambigua para llamar la atención de los fieles, sino que tenemos que testimoniar con felicidad, con semplicidad en lo que creemos y lo que somos. En efecto, un encuentro en el que cada uno de nosotros dejase a un lado en lo que cree, renunciara falsamente a lo que más quiere, no sería ciertamente una relación auténtica. En tal caso se podría hablar de una fraternidad falsa”.