
Una invitación para llevar «incluso a los ambientes más descristianizados, especialmente a las periferias existenciales, el Evangelio de Jesucristo», y tres consejos para superar algunos peligros. Papa Francisco se dirigió hoy a los más de 8 mil miembros del Camino neocatecumenal a quienes recibió, por primera vez, en el Aula Pablo VI.
Papa Bergoglio habló sobre todo a las 414 familias que partirán en misión de evangelización sobre todo hacia Asia (China, India, Vietnam, Mongolia); esta es una pecularidad de los neocatecumenales, que, siguendo el mandato de un obispo, crean algunas “missio ad gentes” para anunciar y testimoniar el Evangelio en varias partes del mundo: «La Iglesia les está agradecida por su generosidad! Gracias por todo lo que hacen en la Iglesia y en el mundo».
Papa Francisco también quiso aconsejar a los catecumenales: «En nombre de la Iglesia, nuestra Madre, nuestra santa madre Iglesia jerárquica, como le gustaba llamarla a San Ignacio de Loyola –dijo– quisiera proponerles algunas simples recomendaciones. La primera es la de tener el máximo cuidado para construir y conservar la comunión dentro de las Iglesias particulares en las que irán obrar. El Camino tiene su propio carisma, su propia dinámica, un don, que como todos los dones del Espíritu tiene una profunda dimensión eclesial. Ello significa ponerse a la escucha de la vida de las Iglesias, a las que sus responsables los envían, valorizando sus riquezas, sufriendo por sus debilidades si fuera necesario y caminando juntos, como un único rebaño bajo la guía de los Pastores de las iglesias locales. La comunión –dijo el Papa– es esencial: a veces sucede, ¿eh?; a veces puede ser mejor renunciar a vivir en todos los detalles de lo que su itinerario exigiría con tal de garantizar la unidad entre los hermanos que forman la única comunidad eclesial, de la que siempre deben sentirse parte».
En su segunda recomendación, el Papa reiteró que donde quiera que vayan les hará bien recordar que el Espíritu de Dios siempre llega antes que nosotros: «¡El Señor siempre nos precede! Incluso en los lugares más remotos, incluso en las culturas más distintas, Dios esparce por doquier la semilla de su Palabra. De ahí brota la necesidad de prestar especial atención al contexto cultural en el que ustedes como familias va a obrar: se trata de un ambiente que es a menudo muy diferente del que provienen». La tercera exhortación del Obispo de Roma fue la de cuidar los unos a los otros con amor, especialmente a los más débiles, ante las dificultades que pueda encontrar un hermano o una hermana en su itinerario: «En estos casos, el ejercicio de la paciencia y de misericordia por parte de la comunidad es un signo de madurez en la fe. La libertad de cada individuo no debe ser forzada, se debe respetar también la eventual opción de los que deciden buscar, fuera del Camino, otras formas de vida cristiana que los ayuden a crecer en su respuesta a la llamada del Señor».
El Papa concluyó con la invitación a «llevar el Evangelio incluso hasta los ambientes más descristianizados y a las periferias existenciales». «Evangelicen con amor –añadió–, lleven a todos el amor de Dios. Digan a los que encuentren por los caminos de su misión que Dios ama al hombre tal como es, aun con sus limitaciones, con sus errores, con sus pecados. Sean mensajeros y testimonios de la infinita bondad del Padre y de su misericordia inagotable. Los encomiendo a la Virgen María, para que inspire y sostenga siempre su apostolado. A la escuela de esta tierna Madre, sean misioneros celosos y alegres».