No solo hacen hostias y velas. Las monjas contemplativas carmelitas de Amborovy, cerca de Mahajanga en Madagascar, han emprendido un proyecto de auto-sustento bastante original. Se trata del cultivo de la «espirulina», un alga que tiene preciosas propiedades médicas y energéticas, con la que desde hace un par de años las religiosas producen un complemento alimenticio.
Todo comenzó en 2010, cuando un benefactor les sugirió que cultivaran arroz. Sin embargo, las elevadas temperaturas de la zona y la falta de agua no hacían posible su cultivo, por lo que nació la idea de cultivar el alga preciosa, cuyas propiedades ya habían sido experimentadas en otras diócesis del país. «Ya conocíamos la eficacia de la espirulina -explica a Ayuda a la Iglesia Necesitada la madre priora Sor Odette-, cuyos efectos ayudan mucho a los enfermos, a los ancianos y, sobre todo, a los niños desnutridos».
El alga microscópica y con una enorme cantidad de proteínas (que ha sido bautizada como «oro verde» de Madagascar) fue descubierta por casualidad en una localidad en el sur de la isla, como indicó a AIN-Italia monseñor Roger Víctor, obispo de Mahajanga, durante una visita de algunos miembros de la fundación pontificia a su diócesis. «En este pequeño centro, la tasa de mortandad infantil era netamente inferior al promedio nacional. En Madagascar, desgraciadamente, muchísimos niños mueren debido a una grave desnutrición». Después de algunos estudios fue posible atribuir la extraordinaria particularidad de esta localidad a la presencia la espirulina. Así nacieron los primeros laboratorios en la diócesis de Morondaya, guisada por monseñor Fabien Raharilamboniana. El religioso fue el primero que, en 1999, encontró un acuerdo con una asociación francesa para el cultivo del alga.
«Seguras de obtener óptimos resultados -explica sor Odette- nos lanzamos a este proyecto que va más allá de nuestro sustento». Las religiosas, efectivamente, donan el complemento alimenticio a los niños y a las familias más pobres. Muchos médicos lo aconsejan el «oro verde» a los que no se pueden permitir comprar medicinas. «Gracias a la espirulina -añade la religiosa- los niños suben de peso aunque no coman suficiente arroz».
En Madagascar el 80% de la población vive con menos de un dólar al día y solamente el 15% de la población tiene acceso a las medicinas más necesarias. En las aldeas los niños todavía mueren por culpa de enfermedades perfectamente curables, y la isla se encuentra en el sexto sitio a nivel mundial por desnutrición infantil. Muchas familias no pueden curar a sus hijos por falta de dinero o por la falta de estructuras sanitarias cerca de sus viviendas. La Iglesia local es una de las pocas realidades que ayudan a la población. La presencia de los dispensarios católicos es esencial para llenar las grandes lagunas de la sanidad pública.