
Tilonia, un pequeña aldea soñolienta y olvidada en el noroeste de la India, fue el lugar elegido en los primeros años de la década del setenta por Bunker Roy, joven licenciado de Delhi, impulsado por el deseo de trabajar con los más pobres de los pobres, o sea, los que no siempre logran comer dos veces al día.
Millones de agricultores en los campos indios viven en un estado de miedo e inseguridad, soportan injusticias diarias y sobreviven por debajo del umbral oficial de pobreza. Sin embargo, son perfectamente capaces de pensar de modo comunitario en su vida, de modo más práctico y competente que el de cualquier experto forastero llegado a la ciudad. El Gobierno no parece darse cuenta de que los campesinos cuentan con siglos de tradición y que, por otra parte, millones de dólares en ayuda y años de asesoramiento de expertos científicos no han logrado aliviar mínimamente la pobreza. En los últimos cincuenta años los Gobiernos, las agencias internacionales y los donadores gastaron miles de millones de dólares para tratar de resolver, sin resultado alguno, el problema del desempleo.
El primer objetivo era devolverles la confianza a los habitantes de los campos, estimularlos a descubrir sus valiosos recursos y ayudarlos a sentirse seguros de su experiencia secular, para que encontraran el modo de permanecer en las aldeas en lugar de emigrar a las grandes ciudades. En sus cuarenta años de existencia, el Barefoot College, la única universidad en el mundo abierta por los pobres para los pobres, ha dado una profesión a miles de hombres y mujeres que nadie habría empleado. Los criterios de selección son simples: deben ser pobres y analfabetos o semianalfabetos. Desde el comienzo, las mujeres fueron el elemento clave de la comunidad.
Aruna Roy, mujer de Bunker, que años después se convertiría en una famosa activista política en la India, fue la primera en animar a las mujeres de las aldeas a que se reunieran. Por temor a ser descubiertas por sus maridos e hijos, las mujeres decían que iban al retrete, en campo abierto, y así salían de sus casas. Y en aquellas reuniones clandestinas por primera vez oyeron pronunciar la palabra «derecho»: el derecho de ir a la escuela, de tener un buen trabajo, de ganar dinero y de disponer de agua y electricidad en sus casas. Pero nadie podía imaginar cuán radicalmente cambiaría su vida. Cada encuentro les daba más fuerza, manifestaban su personalidad: campesinas analfabetas guiaron las luchas por el derecho al salario, a la información y contra la corrupción. La primera batalla común fue contra un terrateniente que había desviado un canal de irrigación del embalse del que todos sacaban el agua para el riego. Cinco mil mujeres se trasladaron a Jaipur y protestaron con una sentada de un día y una noche delante del edificio del funcionario del distrito. Naurti impulsó la primera huelga de mujeres para reivindicar el derecho al salario mínimo por el trabajo en el período de carestía. En Haramara, su aldea, después de haber sido elegida en la administración local y en el campus del Barefoot College, se ocupa de internet y de enseñar a las mujeres más jóvenes el uso del ordenador. Aprendió a orientarse en el teclado aun antes de saber leer y escribir.
Un gran acontecimiento en la historia de Tilonia fue el Mahila Mela, la feria organizada en 1985, que contó con la participación de tres mil mujeres procedentes de dieciséis estados indios, como respuesta a la invitación de Aruna Roy a participar en la Conferencia mundial sobre la mujer en Nairobi. Precisamente en aquellos días un hombre de la aldea de Ganespura fue a denunciar el estupro cometido contra su hija de 11 años mientras llevaba a pastar unos animales. Mientras tanto las mujeres, que en medio de discusiones y cantos habían familiarizado entre sí, decidieron ir en tractores a Kishangarh. Durante varios días, sin comer, permanecieron sentadas delante del tribunal. No se iban a mover hasta que no detuvieran al muchacho. Finalmente, una noche detuvieron al estuprador: solo después de haberle visto la cara las mujeres aceptaron volver a Tilonia. Al día siguiente, en el antiguo campus, se habló del problema del estupro, argumento del que jamás antes habrían osado hablar, sobre todo en público.
La lista de mujeres valientes que se comprometieron a mejorar la vida de centenares de campesinos es infinita: Naurti, Galkuma, Rajan, Sau Bau, Rukma Bai… En los últimos años, Bunker Roy y el Barefoot College se han dedicado, en particular, a enseñar el montaje, la instalación y la reparación del sistema de iluminación fotovoltaica a mujeres provenientes de aldeas africanas, asiáticas y sudamericanas. Al volver a sus casas, después de seis meses de aprendizaje en Tilonia, llevan la luz a sus aldeas, logrando ser creíbles a los ojos de sus familias, que pagan todos los meses una cuota para el funcionamiento del sistema. Infundir confianza en los campesinos analfabetos es la única estrategia capaz de dar frutos.