Asia Bibi, cristiana paquistaní de 42 años condenada a muerte por blasfemia, pasará la Semana Santa tras las rejas, encerrada en la cárcel femenina de Multán. Las últimas, débiles esperanzas de que su caso llegue a un cambio antes de la fiesta de la Resurrección se han volatilizado ante las resistencias y el obstruccionismo de la Suprema Corte de Lahore, en donde se lleva a cabo el proceso de apelación de la mujer. El enésimo reenvío (el cuarto en dos meses) ha empantanado el proceso en las aguas inmóviles de la burocracia del tribunal. La audiencia, prevista para hoy, 14 de abril, fue cancelada. No se llevó a cabo por la curiosa «ausencia de tribunal». La administración de la Suprema Corte parece estar jugando con la vida de una mujer al negarle reiteradamente la justicia.
La apelación fue depositada el 11 de noviembre de 2010, tres días después de la condena a morte, emitida en primer grado el 8 de noviembre. Pero, debido a motivos de oportunidad y, sobre todo, por las presiones religiosas y políticas, solamente cuatro años después se calendarizó el proceso. Por lo menos es lo que esperaban sus defensores, un equipo de abogados cristianos y musulmanes que en febrero del año pasado habían obtenido una fecha para la primera audiencia. Comienza, pues, de esta manera, la “letanía de reenvíos” por los motivos más disparatados: ausencia de los abogados de la fiscalía, la enfermedad de uno de los jueces, el traslado de un magistrado (con la consecuente disolución del colegio judicial y el paso del proceso a un nuevo colegio). Razones plausibles, hasta que hoy por la mañana los abogados defensores recibieron una nota en la que se informaba sobre el «reenvío hasta fecha por determinar». Motivado por aparentes razones administrativas, pero completamente injustificado.
De hecho, mientras todo el “corpus” de los procesos (y entre ellos el de Asia Bibi) que dejó como herencia el colegio anterior se encuentra en el escritorio de los nuevos jueces y procede con regularidad, la audiencia de Asia Bibi no encuentra espacio: es la única, extrañísima, excepción, sobre todo considerando que se trata de un proceso que ha asumido un valor simbólico en el encendido debate entre detractores y promotores de la controvertida ley sobre la blasfemia, tanto a nivel nacional como internacional.
Justamente la enorme presencia en los medios de comunicación (debida en parte gracias a los llamados de Papa Benedicto XVI, del Parlamento europeo y de algunos líderes internacionales) parece representar un arma de doble filo en el caso específico de Asia Bibi. Por este motivo Paul Bhatti, líder católico y hasta hace un año Ministro de las minorías, pedía que se mantuviera un “perfil bajo”. Y debido al apoyo que le ofrecieron, dos líderes paquistaníes, el católico Shahbaz Bhatti y el musulmán Taseer, fueron asesinados.
Frente a esta violencia, los magistrados se atemorizaron. El caso de Asia se evita y es difícil encontrar a un magistrado que quiera ocuparse de él y pronunciarse. Como ha sucedido en otros casos de blasfemia, no es difícil que un análisis objetivo de los hechos lleve a un veredicto que absuelva al acusado y que la Suprema Corte cancele la sentencia emitida en primer grado. Y entonces, ¿quién podría asumir la responsabilidad de dejar en libertad a Asia Bibi, “la blasfema”, ofendiendo al Profeta y volviéndose cómplice de la blasfemia? Su destino quedaría marcado…
Y no es muy lejano en el tiempo el caso de un juez de la Suprema Corte, Iqbal Bhatti, que había absuelto al cristiano Salamat Masih en un proceso por blasfemia. El magistrado fue asesinado a sangre fría a la salida del Palacio de Justicia en 1996. Desde entonces, la policía y la magistratura a menudo toman partido por los extremistas o ceden a sus presiones. Y, si estas últimas tienen un efecto eficaz en los procesos de primer grado, las amenazas han comenzado a llegar incluso a los tribunales superiores.
La cuestión de la blasfemia sigue siendo, como sea, un hoyo negro para el sietema judicial de Paquistán. Si los jueces están en el blanco de los extremistas, los abogados se niegan a aceptar la defensa de los acusados. Hace dos años, Gabriela Knaul, Relator especial de las Naciones Unidas sobre la independencia de los jueces y de los abogados, al concluir su visita por Paquistán, llegó a conclusiones poco tranquilizadoras y, con respecto a los procesos de blasfemia, dijo: «Los jueces están obligados a decidir en contra de los acusados, incluso en ausencia de pruebas, pues temen las represalias de las comunidades locales». La representante de la ONU pidió al gobierno paquistaní que garantizara la independencia del sistema judicial y del estado de derecho.