El año pasado, en la cárcel minoril de Casal del Marmo; este año en el Centro para discapacitados Santa María de la Providencia, administrado por la fundación Don Carlo Gnocchi. Fiel a la costumbre que tenía cuando era arsobispo de Buenoas Aires, Papa Francisco presidió la Misa “in Coena Domini” del Jueves Santo, y llevó a cabo el ritual del lavatorio de pies, entre los últimos de la sociedad.
“Hemos escuchado lo que hizo Jesús en la última cena”, dijo Jorge Mario Bergoglio en una breve homilía: “Es un gesto de despedida, es como la herencia que nos deja. Él es Dios y se hizo siervo, nuestro servidor. Esta es la herencia: también ustedes tienen que ser servidores los unos de los otros, Él recorrio este camino por amor, y ustedes también deben amarse, ser servidores en el amor. Esta es la verdad que nos deja Jesús”, explicó Papa Francisco, subrayando que el lavatorio de pies “es un gesto simbólico, lo hacían los esclavos, los siervos: la gente que venía a comer o a cenar, porque en ese entonces los caminos eran de tierra, cuando entraban a la casa tenían que lavarse los pies. Jesús hace un gesto, un trabajo, un servicio de esclavo, de siervo, y esto es lo que nos deja como herencia a nosotros”.
Nosotros, repitió el Pontífice, “debemos ser servidores los unos de los otros”. Y por este motivo, “la Iglesia, el día de hoy”, recuerda la última Cena, “cuando Jesús instituyó la Eucaristía”, y recuerda “este gesto de lavar los pies que nos recuerda que debemos ser siervos los unos de los otros. Ahora yo haré este gesto, y todos nosotros, en nuestros corazónes, debemos pensar en los demás, pensemos en el amor que Jesucristo nos dice que tenemos que tener con los demás, y pensemos también cómo podemos servir a los demás, porque es lo que quiso Jesús de nosotros”.
Los doce discapacitados a los que Papa Francisco lavó los pies, de diferentes edades, etnias y confesiones religiosas, representaban a todos los pacientes que reciben asistencia en los 29 centros operativos en Italia de la Fundación que se inspira en el sacerdote de los “mutiladitos”.
Los doce, según indicó una nota de la fundación don Gnocchi, eran Osvaldinho, de 16 años y originario de Cabo Verde, paralizado después de un clavado en el mar; Orietta, romana de 51 años, que sufre desde niña encefalitis; Samuele, de 66 años y originario de L'Aquila, que sufrió cuando era niño la polio que lo dejó parcialmente paralizado; Marco, de 19 años y oriundo de Sabaudia, enfermo de neoplasia cerebral; Angélica, de 86 años y originaria de Maenza, en rehabilitación por algunas fracturas; Daria, de 39 años y que sufre de tetraparesis espasmódica neonatal; Pietro, de 86 años, que con la edad desarrolló una deficiencia en el equilibrio y en la deambulación; Gianluca, de 36 años, que ha sido operado diferentes veces por meningitis; Stefano, de 49 años, oligofrénico grave; Hamed, de 75 años y originario de Libia, de religión musulmana, en rehabilitación después de un accidente automovilístico; Giordana, de 27 años y originaria de Etiopía, que sufre parlálisis cerebral desde que era niña y epilepsia; y Walter, de 59 años, con síndrome de down.Bergoglio se arrodilló ante los doce discapacitados, con la ayuda de los ceremonieros, y les lavó y besó los pies.
Papa Francisco llegó poco antes de las 17, en el Ford Focus azul, al Centro que se encuentra en la periferia noroeste de Roma. El Centro ya había recibido las visitas de Pablo VI y Juan Pablo II. Estaban presentes el sustituto de la Secretaría de Estado, Giovanni Angelo Becciu, el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, el presidente de la Fundación Don Gnocchi, Angelo Bazzari, además del comandante de los gendarmes vaticanos, Domenico Giani, y el vocero vaticano, el jesuita Federico Lombardi.