Francisco presidió este Viernes Santo por la tarde en la Basílica de San Pedro la celebración de la Pasión y Muerte de Jesús, con el acto central de la adoración de la Cruz y la lectura cantada de la Pasión según San Juan. Es el único día del año en el que los sacerdotes no celebran misa, y durante la ceremonia el Papa, con paramentos rojos, se tiende en el suelo en la nave central en un momento de oración y penitencia, mientras una cruz cubierta con una tela roja preside el altar mayor.
Es también el único día del año en el que se hace una genuflexión ante la Cruz, habitualmente reservada al Santísimo. Y antes de que los cardenales pasasen ante la que se mostró este viernes en San Pedro para besarle los pies, lo hizo Francisco, pero con la peculiaridad de hacerlo sobre el pecho de Jesús, en la lanzada de la que brotaron sangre y agua y símbolo por excelencia de su Misericordia, que habían sido tema central de la homilía.
La predicación correspondió al predicador pontificio desde 1980, el capuchino Raniero Cantalamessa, quien la centró en la figura de Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús. "La primitiva comunidad cristiana reflexionó mucho sobre el asunto y nosotros haríamos mal a no hacer lo mismo. Tiene mucho que decirnos", dijo.
El padre Cantalamessa destacó que Judas ni nació traidor ni lo era en el momento en el que fue elegido como uno de los Doce: "¡Llegó a serlo! Estamos ante uno de los dramas más sombríos de la libertad humana".
El predicador pontificio recordó (y citó, por ejemplo, Jesucristo Superstar) que "en años no lejanos, cuando estaba de moda la tesis del Jesús «revolucionario», se trató de dar a su gesto motivaciones ideales". Pero lo cierto es que "los evangelios —las únicas fuentes fiables que tenemos sobre el personaje— hablan de un motivo mucho más a ras de tierra: el dinero". Y el mismo San Juan le llama "ladrón" porque cogía dinero de la bolsa.
Así que la primera parte de la meditación del padre Cantalamessa versó sobre "Mammona, el dinero", que "no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia... Mammona es el anti-dios porque crea un universo espiritual alternativo, cambia el objeto a las virtudes teologales. Fe, esperanza y caridad ya no se ponen en Dios, sino en el dinero".
El fraile capuchino citó, entre los males de la sociedad actual que tienen su raíz en el dinero, el tráfico de drogas, la prostitución, la mafia, la venta de órganos extirpados a niños, la corrupción política, la crisis financiera: "Judas empezó sustrayendo algún dinero de la caja común. ¿No dice esto nada a algunos administradores del dinero público?".
Y a estos actos puramente criminales, añadió otro de otra naturaleza: "¿No es ya escandaloso que algunos perciban sueldos y pensiones cien veces superiores a los de quienes trabajan en sus dependencias y que levanten la voz en cuanto se apunta la posibilidad de tener que renunciar a algo, de cara a una mayor justicia social?".
"Como todos los ídolos, el dinero es «falso y mentiroso»: promete la seguridad y, sin embargo, la quita; promete libertad y, en cambio, la destruye", concluyó Cantalamessa esta parte de su predicación.
Sin embargo, la traición de Judas, por dinero, no prefigura sólo las traiciones a Jesús por dinero: "Traiciona a Cristo quien traiciona a su esposa o a su marido. Traiciona a Jesús el ministro de Dios infiel a su estado, o quien, en lugar de apacentar el rebaño que se la confiado se apacienta a sí mismo. Traiciona a Jesús todo el que traiciona su conciencia".
Seguidamente, Cantalamessa habló sobre el final de Judas, su desesperación y suicidio. Aunque dejó abierta la posibilidad de su salvación: "Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios".
Y recordó que también Pedro traicionó a Cristo: "¿Dónde está, entonces, la diferencia? En una sola cosa: Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, ¡Judas no! El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia".
Por último, en línea con la constante predicación de Francisco, apuntó a frecuentar el sacramento de la Penitencia: "Si lo hemos imitado [a Judas], quien más quien menos, en la traición, no lo imitemos en esta falta de confianza suya en el perdón. Existe un sacramento en el que es posible hacer una experiencia segura de la misericordia de Cristo: el sacramento de la reconciliación. ¡Qué bello es este sacramento!", concluyó.