Ahlan wa sahlan. Bienvenida”. El arzobispo caldeo de Mosul, monseñor Emil Shomoun Nona, recibe calurosamente a una mujer agitada; la invita a que se acomode en la que ahora se ha convertido en su oficina en Tall Kayf, localidad a 3 km. al norte de Mosul. Durante la noche entre el 9 y el 10 de junio el religioso se vio obligado a abandonar la segunda ciudad más importante de Irak, debido a la invasión de algunas zonas del país por parte del Estado Islámico de Irak y del Levante (Isil). “Esta mujer acaba de llegar a pie desde Mosul -explica el arzobispo a un representante de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN)-; escapó con su hijo para salvarse”.
El religioso cuenta a AIN que su Iglesia acogió a todos los que huyeron debido a la avanzada del Isil, sin importar si eran cristianos o musulmanes. “Es nuestra fe la que nos enseña a ayudar y a cuidar a todos, sin distinciones”. Los refugiados se alojan en las escuelas y en las guarderías que pertenecen a la iglesia y en algunas casas abandonadas. A Tall Kayf llegaron 700 familias, mientras que en Alqosh, localidad cristiana que se encuentra a 20 km. de Mosul, fueron recibidas 500 familias cristianas y 150 musulmanas. AIN ha apoyado la obra de la arquidiócesis de monseñor Nona a favor de los refugiados con una contribución extraordinaria de 100 mil euros.
Habib, su esposa y sus cinco hijos fueron alojados con otra familia en una papelería que imprime textos religiosos. “Dejamos todo en Mosul -cuenta el fiel caldeo a AIN-; logramos llevarnos solamente la ropa que teníamos puesta y nuestros documentos. Ahora no sabemos i podremos volver a casa”. Otra mujer, con cuatro niños, espera poder mudarse a occidente lo antes posible. “Se que no será fácil reconstruir una vida allí, pero, por lo menos, sé que estaremos al seguro. No quiero que mis hijos crezcan en el miedo”.
Algunos quieren irse, otros no quieren abandonar sus pueblos. Lo que une a los cristianos iraquíes es la incertidumbre sobre el futuro. Un sentimiento que también pesa sobre monseñor Nona. Más de tres cuartas partes de sus 10 mil fieles han huido. “No sé si podrán volver -afirma. Mi diócesis ya no existe. El Isil me la arrancó”.
Durante el reciente Sínodo de la Iglesia caldea, que se llevó a cabo en Erbil en lugar de Baghdad debido al ataque del Isil, los obispos buscaron respuestas desesperadamente a esta nueva crisis. “Los refugiados no representan la única emergencia que debemos afrontar -explica Nona. El avance del Isil ha agudizado las tensiones entre sunitas y chiitas, por lo que ha crecido el sentimiento de inseguridad entre los cristianos, que han perdido la fe en un futuro en esta tierra”.La Iglesia iraquí ahora ve con mucha esperanza Kurdistán, la provincia semi-autónoma en la que desde que comenzó la guerra en 2003 muchos cristianos encontraron refugio y seguridad. Los obispos esperan que los propios fieles que huyeron debido al Isil puedan encontrar allí una nueva casa, sin abandonar Irak.