
La comunidad cristiana en Libia se ha reducido al mínimo, pero pretendo quedarme aquí hasta que quede un solo cristiano». Lo dijo a la agencia vaticana Fides mons. Giovanni Martinelli, vicario apostólico de Trípoli, en uno de los momentos más difíciles por los que ha atravesado el país desde la caída del régimen de Ghaddafi.
Mons. Martinelli resume de esta manera la situación de la comunidad cristiana en Libia: «en Cirenaica ya no hay monjas, mientras que están dejando la región la mayor parte de los filipinos, que son el corazón de la comunidad cristiana en Libia. En Trípoli todavía hay una buena presencia de filipinos, pero incluso aquí muchos de ellos están haciendo sus maletas». «La Iglesia vive en relación con esta presencia de laicos que operan en el sector sanitario y, viendo la situación, este es verdaderamente un momento de pruebas fuertes. No sé hasta dónde llegaremos, pero confío en que un grupo de personas se quede aquí al servicio de la Iglesia», continuó.
«El problema es saber cuál será la fisionomía que asumirá el país […] Por el momento, los enfrentamientos parecen haber cesado, pero la situación sigue siendo precaria. El aeropuerto está cerrado y las personas que se van lo hacen en naves. También el viaje vía tierra hacia la frontera con Túnez se ha vuelto impracticable». «Todavía confío en el futuro de Libia, pero estamos en las manos de Dios», prosiguió mons. Martinelli, afirmando que no dejará el país: «Hasta que quede un solo cristiano, yo debo permanecer para asistirlo. Aunque el servicio religioso se haya reducido al mínimo no puedo abandonar a los pocos cristianos que quedan». El religioso concluyó con un llamado a la oración, porque «solo la oración puede resolver situaciones difíciles como la que vive Libia hoy».