La Iglesia asiática ha sido llamada a ser «versátil y creativa», consciente de la propia identidad cristiana. Son naturales en esta identidad el diálogo, la acogida del otro, la «empatía» con los que se encuentran. Y esta identidad nos da la capacidad para abrirnos y dialogar. Papa Francisco habló a los 70 obispos asiáticos, que se reunieron en el santuario nacional, y pronunció su discurso más importante de este viaje a Corea, sobre todo gracias a las frases que añadió al texto preparado.
Bergoglio no quiso sentarse en el trono que le habían preparado, sino que se acercó a un micrófono que estaba al mismo nivel que todos os obispos. En cierto momento, se movió el atril que sostenía el texto, por lo que el Papa dijo bromeando: «se cayó el discurso».
Francisco dijo que «el diálogo» y «la apertura hacia todos» son esenciales en la misión de la Iglesia en Asia. El punto de partida «es nuestra propia identidad», porque «no podemos comprometernos en un verdadero diálogo si no somos conscientes de nuestra identidad». Al mismo tiempo, no puede haber un diálogo auténtico «si no somos capaces de abrir las mentes y los corazones, con empatía y sincera acogida hacia aquellos con quienes hablamos». ·Empatía es la palabra del texto escrito que corresponde a la expresión típica de Bergoglio: «la Iglesia de la cercanía», es decir la Iglesia de la proximidad. «Si nuestra comunicación no quiere ser un monólogo, debe haber una apertura de la mente y del corazón para aceptar individuos y culturas».
El Papa también habló de algunos peligros. El del «relativismo práctico cotidiano», que «de forma casi imperceptible debilita cualquier identidad» y afecta también a las comunidades cristianas. El de la superficialidad, es decir «la tendencia a juguetear con las cosas que están de moda, los aparatos y las distracciones, en lugar de dedicarse a las cosas que cuentan verdaderamente». Un problema que también afrontan los hombres de la Iglesia, para quienes esta superficialidad «puede incluso manifestarse en la fascinación por programas pastorales y teorías en detrimento del encuentro directo y fructuoso con nuestros fieles y también con los que no son fieles». Sin «un arraigo en Cristo» incluso el diálogo «se reduce a una forma de negociación, sobre el acuerdo o el desacuerdo».
El Papa también habló de una «tercera tentación», la de la «aparente seguridad de esconderse tras respuestas fáciles, frases hechas, leyes y reglamentos». Se trata de ese cristianismo ‘law & order’ que encuentra muchas manifestaciones en el actual clima eclesial. Francisco añadió al texto preparado que: «Con esta gente que se comporta con superficialidad, Jesús luchó mucho, son hipócritas». La fe, por su naturaleza misma, explicó, «no se centra en sí misma; la fe tiende a ‘salir’. Trata de hacerse comprender, hace nacer el testimonio, genera misión».
Resumiendo, «es la fe viva en Cristo lo que constituye nuestra identidad más profunda. Estar arraigados en el Señor; todo lo demás es secundario… Puesto que Cristo e nuestra vida, hablamos de Él y, a partir de Él, sin dudar o temores. El miedo es el enemigo de esta apertura. La sencillez de su palabra se hace evidente en la sencillez de nuestra vida, en la sencillez de nuestra forma de comunicar, en la sencillez de nuestras obras de servicio y caridad hacia nuestros hermanos y hermanas».
El alma del discurso habla sobre el «diálogo auténtico», sobre la «empatía». Sin limitarnos a «escuchar las palabras que pronuncian los demás», sino aprovechando «la comunicación indirecta, expresada por sus experiencias, esperanzas o aspiraciones, por sus dificultades, por lo que les es más importante». Una empatía fruto «de nuestra mirada espiritual y de la experiencia personal, que nos lleva a ver a los demás como hermanos y hermanas, a ‘escuchar’, mediante y más allá de sus palabras y acciones, lo que sus corazones desean comunicar».
Los cristianos no pretenden imponer modelos culturales ni los motivan estrategias oscuras. Les importa, sobre todo, el anuncio del Evangelio, no el cambio de regímenes políticos.
por Andrés Tornielli