“Corea es un solo pueblo, una única familia con un idioma común”. Lo repitió este lunes el Papa, como lo había dicho a los jóvenes asiáticos el viernes. Antes de partir con destino a Roma, Francisco celebró una misa “por la paz y la reconciliación” en la Catedral de Myeong-dong de Seúl. Durante la homilía aclaró que la unidad y la armonía dependen de la conversión de los corazones, la cual puede cambiar el curso de la historia de las personas y los pueblos.
Jorge Mario Bergoglio reconoció que el perdón sin reservas a quien ha ofendido es un acto “totalmente radical”, desde el punto de vista humano algo “imposible, irrealizable y, quizás, hasta inaceptable”. Pero advirtió que ese es el camino propuesto por Jesús para la reconciliación. “La cruz de Cristo revela el poder de Dios que supera toda división, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno”, indicó.
Ese camino lo indicó también para los coreanos, fue el mensaje que dejó al país asiático que –destacó- ha vivido una “experiencia de división y de conflicto, que dura desde hace más de sesenta años”.
El pontífice también llamó a los cristianos a un examen de conciencia sobre su aporte a una sociedad justa y humana. Pidió que cada uno se pregunte, individual y comunitariamente, cuál ha sido su contribución en favor de los más desfavorecidos, los marginados, cuantos carecen de trabajo o no participan de la prosperidad de la mayoría.
Los instó, como cristianos y como coreanos, a rechazar con firmeza “una mentalidad fundada en la sospecha, en la confrontación y la rivalidad”, para promover, en cambio, una cultura modelada por las enseñanzas del evangelio y los más nobles valores tradicionales del pueblo coreano.
“Espero que, en espíritu de amistad y colaboración con otros cristianos, con los seguidores de otras religiones y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que se preocupan por el futuro de la sociedad coreana, sean levadura del Reino de Dios en esta tierra. De este modo, nuestras oraciones por la paz y la reconciliación llegarán a Dios desde más puros corazones y, por un don de su gracia, alcanzarán aquel precioso bien que todos deseamos”, deseó.
Apuntó: “Recemos para que surjan nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro, para que se superen las diferencias, para que, con generosidad constante, se preste asistencia humanitaria a cuantos pasan necesidad, y para que se extienda cada vez más la convicción de que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una única familia, de un solo pueblo”.
Antes de la celebración de la misa, el Papa sostuvo un encuentro con un grupo de catorce líderes de diversas religiones en el edificio de la vieja curia de la Arquidiócesis de Seúl. Aunque no estaba previsto un discurso oficial, él dirigió una breves palabras, recordando que “La vida es camino y no se puede caminar solos. Se requiere caminar en la presencia de Dios y junto a los demás”. Luego, como es costumbre, les pidió a todos que recen por él.
Ya en el templo, el líder católico saludó y bendijo, una por una, a siete ancianas conocidas como “mujeres del confort”. Señoras de más de noventa años, que en su juventud fueron obligadas a sostener relaciones sexuales con soldados japoneses. En el sermón también agradeció a la presidente de Corea, que asistió a la misa.