Cuando se insiste machaconamente en algo es debido a su importancia o a que uno no anda sobrado de ello. Venga esto a colación del tema de la alegría en la que tanto ha insistido el Papa en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium y que vuelve a retomar en el Mensaje del DOMUND de este año.
No cabe duda que Francisco ha percibido en ciertos sectores eclesiales un cierto cansancio físico y espiritual así como las “tentaciones de los agentes pastorales” que llevan al individualismo, a la crisis de identidad y a la caída del fervor. Desde la invitación a ese “Venid a mí los que estéis cansados y agobiados”, muestra el Papa el camino de la alegría que brota de la experiencia de Jesucristo.
El agobio y el cansancio son facturas que se pagan en ese “batallar” por el Reino. Esto sucede tanto en lugares donde la ideología de turno es radicalmente opuesta al mensaje evangélico, como en contextos de fundamentalismo que frenan el ánimo del misionero en su deseo por irradiar el mensaje de Jesucristo. Sin olvidar que aun en ciertos ambientes de libertad, la indiferencia, la distancia y un cierto recelo al mensajero no están del todo ausentes.
Francisco nos invita a renovar e irradiar la alegría del Evangelio a través de “una peregrinación interior, que dé acceso al primer amor con el que Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno”. La misión es, a su vez, tarea universal –dice– y por eso involucra en la misión ad gentes a “todos los miembros de la iglesia”.
Lanza, a su vez, un desafío a las vocaciones laicales y al “papel cada vez más importante que ellos están llamados a desempeñar en la difusión del Evangelio. Por esta razón, es importante proporcionarles la formación adecuada, con vistas a una acción apostólica eficaz”. Alegría, universalidad y protagonismo de los laicos son dimensiones de la misión subrayadas por el Papa Francisco.
Para irradiar la frescura y alegría del Evangelio, Francisco invita a beber de los orígenes “en donde, después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera”. Hace referencia también a la vuelta gozosa de los setenta y dos discípulos, “que estaban llenos de alegría, entusiasmados con el poder de liberar de los demonios a las personas”; y el mismo regocijo de Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos, así como el “júbilo similar de María” en el Magníficat.
“El Padre –dice Francisco– es la fuente de la alegría”. Convendría pararse a contemplar esas palabras para no dejar que otras motivaciones más aplaudidas por la sociedad no arrastren al discípulo con alegrías pasajeras. Habrá que centrarse en lo esencial para que el discípulo irradie la alegría del Evangelio, resumido genialmente en la trilogía misionera presentada por Francisco: “Estar con Él, hacer su voluntad y compartir la fe, la esperanza y la caridad evangélica”. Todo ello con la alegría de la fuerza que viene de lo alto.