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El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Muere «Sor Tripi», la monja de los presos

4 de diciembre de 2014
«Yo me siento enviada por el Señor y por mis superiores a sanar los corazones rotos, a liberar a los cautivos, a iluminar a los que viven en tinieblas; yo voy a hablarles de Dios...»

Ha muerto Sor Mari Luz Ibarz Bazán, Hija de la Caridad, más conocida como Sor Tripi entre los presos que pueblan las cárceles de España. Decían que sus palabras les ponían más eufóricos que cualquier droga. 

Llevaba más de 30 años dedicándose a la pastoral penitenciaria y no tenía ninguna intención de abandonar su tarea. Cada mañana se levantaba a las cuatro de la madrugada y, a pesar de estar enferma, no pensaba retirarse: «Me jubilaré cuando vaya al cielo», dijo hace unos meses al diario Abc.

Dar amor a los cautivos

Tras hacer un rato de oración: «porque yo sola no puedo hacer nada», salía del convento de la Hijas de la Caridad en Madrid y esperaba una hora o dos o las que hicieran falta en la calle, y daba igual que lloviera, nevara o cayera un sol de justicia. Sor Tripi tenía un compromisos con sus presos y eso era sagrado. Cogía el autobús y recorría cientos de kilómetros para ir de una cárcel a otra, dando amor a los cautivos.

Iluminar a los que viven en tinieblas

Sor Tripi se dedicó a consolar y acoger a los presos de las cárceles españolas si que se sintieran juzgados. Sin moralizar su pasado. Tenía sólo un mensaje: “Dios te quiere; Dios te quiere mucho”.

Su vocación hacía los presos lo explicaba con naturalidad: «Yo me siento enviada por el Señor y por mis superiores a sanar los corazones rotos, a liberar a los cautivos, a iluminar a los que viven en tinieblas; yo voy a hablarles de Dios. Voy a las cárceles y hablo con los presos; leo con ellos la Biblia, por ejemplo Isaías 43: No temas, eres precioso para mí, yo te amo. Y ellos me dicen: Pero si soy un miserable… Y les contesto: Nada de eso, para Dios tú eres su hijo amado. Dios quiere que tú seas feliz, con Él. Decirles que Dios los ama es la mejor evangelización».

Sanar corazones destrozados

«Tú corazón es bueno y está hecho a imagen y semejanza de Dios -decía Sor Tripi a los presos-. Esas heridas que tienes sólo Cristo las puede curar. Tú eres importante y especial para Dios. Él te ama tanto que sólo quiere que seas feliz. Aunque tú hayas andado a tu rollo, Él viene a rehacer tu vida».

Muy querida en las prisiones

Sor Mari Luz era, posiblemente, la única persona en España que siendo ajena a Instituciones Penitenciarias tenía un salvoconducto para entrar en todas las cárceles del país. «Son buenas personas, no hay más que verlos. Ninguno tendría que estar aquí. Cometieron un error, todos los cometemos», señalaba a Abc hace unos meses.

Siempre cargada con su carro de la compra, sor Tripi se paseaba por prisión regalando biblias y rosarios blancos de plástico que cada interno se colocaba al cuello o se lo colocaba en la muñeca. También les entregaba alguna tarjeta de teléfono que llamarán a sus familias, o unos sobres con sellos y unas tarjetas para escribir felicitaciones de Navidad.

Sor Tripi nunca los juzgaba...

«Yo nunca les pregunto qué han hecho. Si quieren desahogarse, me lo cuentan», decía a José Antonio Méndez en una entrevista publicada hace unos años en La Razón.

Mi mamá es la monja...

Óscar, preso por culpa de la droga; está inquieto con la metadona que tiene en el cuerpo. Cuenta al periodista J. A. Méndez que "llama «mamá» a la monja" y dice que "esta mujercilla le ha cambiado la vida". Y tanto que, cuando sale de permiso, pasa la tarde con el grupo de oración de sor Mari Luz.

«Es una santa. Si ella no hubiera llegado a mi vida, no sé qué habría sido de mí», señala Óscar con lágrimas en los ojos.

Su testimonio

Con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, el semanario Alfa y Omega publicó su testimonio que reproducimos íntegro:

«No hay que ir a los pobres más que con mucho amor, y ayudarles para que descubran, saboreen, experimenten y conozcan con qué amor y misericordia y ternura los ama Dios. Lo importante es que se sientan amados por Él.

»Cristo ha venido a salvar a todos, pero tiene una especial predilección por los pobres. Yo me siento enviada por el Señor y por mis superiores a sanar los corazones rotos, a liberar a los cautivos, a iluminar a los que viven en tinieblas; yo voy a hablarles de Dios. Voy a las cárceles y hablo con los presos; leo con ellos la Biblia, por ejemplo Isaías 43: No temas, eres precioso para mí, yo te amo. Y ellos me dicen: Pero si soy un miserable… Y les contesto: Nada de eso, para Dios tú eres su hijo amado. Dios quiere que tú seas feliz, con Él. Decirles que Dios los ama es la mejor evangelización. Hacemos pequeños grupos para leer la Biblia y rezar el Rosario, porque la fe no se puede vivir solo; hay que vivirla en comunidad.

»Me levanto a las cuatro de la mañana para hacer oración y luego ir a las cárceles. San Pablo dice: ¿Cómo van a creer, si nadie se lo anuncia? Por eso, si uno ama a Dios, habla de Él a los demás. El problema es que no conocemos a Dios. ¿Y cómo lo podemos conocer? Pues con la oración y con la Palabra; y también es necesaria la comunidad: la fe que no se comparte, no crece. Si tienes un encuentro con Jesucristo, tienes que darlo a los demás. ¡Muchos mueren tristes y amargados por no conocer a Dios!».

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