Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
rápido, gratis y seguro
conservar sesión
  • Por sobre todo, los miembros registrados dan forma y sentido a este sitio, para que no sea solamente un portal de servicios sino una verdadera comunidad de formación, reflexión y amistad en la Fe.
  • Además tienes ventajas concretas en cuanto al funcionamiento:
    • Tienes reserva del nombre, de modo que ningún invitado puede quedarse con tu identidad.
    • En los foros, puedes variar diversas opciones de presentación (color de fondo, cantidad de mensajes por página, etc.), así como recibir mail avisándote cuando respondan a cuestiones de tu interés.
    • También puedes llevar un control sobre los mensajes que leíste y los que no, o marcarlos para releer.
    • Puedes utilizar todas las funciones de la Concordancia Bíblica on-line.
registrarme
rápido, gratis y seguro
«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
Documentación: Orígenes, presbítero

Da a cada uno lo que le es debido

fuente: Opúsculo sobre la oración (28: PG 11, 522-523)
Se utiliza en: Miércoles, XXVII semana del Tiempo Ordinario (par)

Nosotros debemos y tenemos que cumplir ciertos deberes, y no sólo dando, sino hablando con afabilidad y cubriendo ciertas obligaciones. Más aún: tenemos en cierto modo la obligación de mostramos afectuosos con los demás. Y estas deudas o bien las saldamos haciendo lo que nos manda la ley divina, o bien, haciendo caso omiso de la recta razón, no las pagamos y nos constituimos en deudores. Idéntica escala de valores hemos de aplicar a las deudas con los hermanos: tanto con los hermanos que juntamente con nosotros han sido regenerados en Cristo por las palabras de la religión, como con aquellos que han sido engendrados por la misma madre y el mismo padre que nosotros.

Tenemos asimismo unos especiales deberes para con nuestros conciudadanos, y otros comunes hacia todos los hombres; unos deberes concretos para con quienes tienen la edad de nuestros padres, y otros para con aquellos a quienes es justo honrar como a hijos o como a hermanos. Por tanto, quien no cumple sus deberes para con los hermanos, se convierte en deudor de cuanto ha omitido; e igualmente, si fallamos a los hombres en aquellas cosas que, por un humanísimo espíritu de sabiduría, estamos obligados a prestarles, se acrece la deuda. Aún más: por lo que a nosotros mismos se refiere, debemos ciertamente servirnos del cuerpo, y no extenuarlo entregándonos al placer; pero debemos preocuparnos también del alma y vigilar la vehemencia del carácter, así como el lenguaje, para que esté exento de acritud, sea útil y nunca ocioso. Si no cumplimos estos deberes para con nosotros mismos, la deuda es mucho más grave.

Además, como ante todo y sobre todo somos obra y hechura de Dios, debemos conservar hacia él un afecto particular, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser. Si no lo hiciéramos, nos convertiríamos en deudores de Dios, pecando contra el Señor. Y en tal caso, ¿quién rezará por nosotros? Pues como en el primer libro de Samuel dice Elí: Si un hombre ofende a otro, Dios puede hacer de árbitro; pero si un hombre ofende al Señor, ¿quién intercederá por él?

También somos deudores de Cristo, que nos redimió con su propia sangre, como un esclavo es deudor de su comprador, que ha pagado por él el precio estipulado. Tenemos contraída una deuda incluso con el Espíritu Santo, deuda que saldamos cada vez que no ponemos triste a aquel con el cual Dios nos ha marcado para el día de la liberación final; y no contristándolo, con su ayuda y con la acción vivificante que ejerce sobre nuestra alma, producimos los frutos que es justo espere de nosotros.

Por otra parte, aun cuando no sabemos exactamente cuál es nuestro ángel custodio, que está viendo siempre el rostro del Padre celestial, a una atenta consideración no se le escapa que somos también deudores de él. Más todavía: Si hemos sido dados en espectáculo público para ángeles y hombres, hemos de tener en cuenta que, así como quien ofrece un espectáculo está obligado a desempeñar este o aquel papel en presencia de los espectadores, y sino lo hiciere, sería multado por reírse del público, así también nosotros debemos exhibir ante el mundo entero, ante todos los ángeles y el género humano todo lo que la sabiduría está dispuesta a enseñarnos, si no oponemos resistencia.

Al margen de estos deberes de alcance más bien universal, existe un deber determinado para con la viuda, de la cual se cuida la Iglesia; está también el deber para con el diácono y para con el presbítero; y está finalmente el gravísimo deber para con el obispo, deber que de no ser saldado, el Salvador de la Iglesia universal nos pedirá cuentas el día del juicio.

Otras lecturas del mismo autor

Esta fe que profesan los romanos es la misma que se anuncia y crece en todo el mundo - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 1, 7-9: PG 14, 852-855)]
Dios no es parcial con nadie - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 2, 7: PG 14, 887-889)]
También vosotros habéis resucitado juntamente con él - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 4, 7: PG 14, 985-986)]
Qué significa resucitar con Cristo - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 5, 8: PG 14, 1041-1042)]
En la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, cada uno ejercemos distintas funciones - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 9, 2: PG 14, 1211-1212)]
Todos los miembros de la Iglesia ofrecen la hostia viva - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 91: PG 14, 1204-1205. 1206-1207)]
Abrahán creyó en lo que había de venir, nosotros creemos en lo que ya ha venido - [Comentario a la carta a los Romanos de (Lib. 7: PG 14, 981-985)]
Cristo hablaba del templo de su cuerpo - [Comentario sobre el evangelio de san Juan, tomo 10,20]
¡Ánimo, soy yo! - [Comentario sobre el evangelio de san Mateo (Lib 11, 6: PG 13, 919-923)]
Cristo, al tiempo de su pasión, no rehusó morir por los impíos y los injustos - [Comentario sobre la carta a los Romanos (4, 10. 11: PG 14, 997-999)]
Sin derramamiento de sangre no hay perdón - [Comentario sobre la carta a los Romanos (Lib. 3, 8: PG 14, 950-951)]
Si alguien ha sido reconciliado por la sangre de Cristo, que no se relacione más con lo que es enemigo de Dios - [Comentario sobre la carta a los Romanos (Lib. 4, 7: PG 14, 986-988)]
Los que son compañeros de Cristo en el sufrir también lo son en el buen ánimo - [De la exhortación al martirio (Núms. 41-42: PG 11,618-619)]
Somos edificados a manera de piedras vivas, como casa y altar de Dios - [De las homilías sobre el libro de Josué (homilía 9,1-2: SC 71,244-246)]
El sacrificio de Abrahán - [Homilía sobre el Génesis (Hom. 8, 6.8.9: PG 12, 206-209)]
Angosto y estrecho es el callejón que lleva a la vida - [Homilías (Homilía 5 sobre el libro del Éxodo, 3-4: Ed. Maurist. t. 2, 145-146)]
Producid el fruto que la conversión pide - [Homilías sobre el Evangelio de san Lucas (Hom. 22, 7-10: SC 87. 306-308)]
Cristo es nuestro sumo sacerdote, nuestra propiciación - [Homilías sobre el Levítico (Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)]
El paso del Jordán - [Homilías sobre el libro de Josué (Homilía 4, 11: PG 12, 842-843)]
La conquista de Jericó - [Homilías sobre el libro de Josué (Homilía 6, 4: PG 12, 855-856)]
Por la penitencia, nos purificamos de la impureza de nuestra lepra - [Homilías sobre el libro de los Números (Homilía 7, 1-2, Ed. GCS t. 8, 37 40: SC 29, 133-136)]
Hambre de oír la palabra del Señor - [Homilías sobre el libro del Génesis (16, 4: PG 12, 249-250)]
Cristo lava a su Iglesia con el baño del segundo nacimiento - [Homilías sobre el libro del Génesis (17, 8.9: PG 12,260-261)]
Purificados por su palabra, Dios hace resplandecer en nosotros la imagen del hombre celestial - [Homilías sobre el libro del Génesis (Hom. 4: PG 12, 234-235)]
El perdón de los pecados - [Homilías sobre el libro del Levítico (Homilía 2, 4: PG 12, 417-419)]
La muerte de Cristo se ha convertido en espiga de trigo - [Homilías sobre el libro del profeta Jeremías (Homilía 10, 1-3: PG 13, 358-362)]
Esto es lo que hay que pedir en la oración - [Opúsculo sobre la oración (1-2: PG 11,415-418)]
Nuestro ángel custodio reza con nosotros - [Opúsculo sobre la oración (10-11 PG 11, 446­)]
Ser constantes en orar - [Opúsculo sobre la oración (12-13: PG 11, 451-455)]
Vosotros que aspiráis a ser espirituales, pedid bienes celestiales en la oración - [Opúsculo sobre la oración (13-14: PG 11, 455-459)]
Dios lo sabe todo antes de que suceda - [Opúsculo sobre la oración (2.5: PG 11, 422-423. 430-434)]
Todos tenemos potestad para perdonar los pecados cometidos contra nosotros - [Opúsculo sobre la oración (28-33: PG 11, 526. 527.558-562)]
Cómo hemos de orar - [Opúsculo sobre la oración (2: PG 11, 418-422)]
Dios preordena todas las cosas - [Opúsculo sobre la oración (6: PG 11, 438)]
Sobre la oración asidua - [Opúsculo sobre la oración (7-8: PG 11, 439-442)]
Sobre la oración pura - [Opúsculo sobre la oración (9-10: PG 11, 442-446)]
Venga a nosotros tu reino - [Opúsculo sobre la oración (Cap. 25: PG 11, 495-499)]
Sobre el misterio de la encarnación del Verbo - [Tratado Sobre los principios (Lib 2, 6, 2: PG 11, 210-211)]
© El Testigo Fiel - 2003-2026 - www.eltestigofiel.org - puede reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa - Versión de PHP: 8.2.30