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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Cipriano, obispo y mártir
En Cartago, de la África romana, pasión de san Cipriano, obispo muy esclarecido en santidad y doctrina, que gobernó sabiamente la Iglesia en tiempos difíciles, consolidó la fe de los cristianos en medio de tribulaciones, y, en tiempo del emperador Galieno, después de sufrir un penoso exilio, consumó su fe en el martirio, decapitado por orden del procónsul ante gran concurrencia de pueblo. Su memoria se celebra también pasado mañana.

Los sacramentos vitales

fuente: Cartas (Carta 63, 8-9: CSEL 3, parte 2, 706-708)
Se utiliza en: Viernes, V semana de Pascua (impar)

Siempre que en las Escrituras se menciona el agua sola, se proclama el bautismo, como lo vemos significado en Isaías: No recordéis -dice- lo de antaño. Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo; para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. En este pasaje Dios preanuncia por medio del profeta que entre los paganos, en lugares anteriormente áridos, nacerían próximamente ríos caudalosos y apagaría la sed de su pueblo escogido, esto es, de los hijos que le nacerían a Dios por la generación del bautismo.

Nuevamente se predice y se preanuncia que si los judíos tuvieran sed y buscaran a Cristo, se saciarían junto con nosotros, es decir, conseguirían la gracia del bautismo. Si tuvieran —dice— sed en el desierto, los conducirá a las aguas, hará brotar agua de la roca, hendirá la roca y manará agua y mi pueblo beberá. Lo cual tiene su pleno cumplimiento en el evangelio, cuando Cristo, que es la roca, se hiende a golpe de lanza en la pasión. El mismo, refiriéndose a lo que mucho antes había predicho el profeta, grita diciendo: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva. Y para que quedase más claro todavía que aquí el Señor no habla del cáliz sino del bautismo, añade la Escritura: Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él.

Por el bautismo se recibe el Espíritu Santo y, una vez bautizados y recibido el Espíritu Santo, son admitidos a beber del cáliz del Señor. Que nadie se extrañe de que, al hablar del bautismo, la Escritura divina diga que tenemos sed y que bebemos, puesto que el mismo Señor declara en el evangelio: Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, pues lo que se recibe con avidez y ansiedad, se toma con mayor plenitud y abundancia. Por lo demás, en la Iglesia siempre se tiene sed y siempre se bebe el cáliz del Señor.

No son necesarios muchos argumentos para demostrar que, bajo el apelativo de agua, se designa siempre el bautismo y que así debemos entenderlo, puesto que el Señor al venir al mundo nos ha revelado la verdad del bautismo y del cáliz. El que ha mandado dar a los creyentes, en el bautismo, el agua de la fe, el agua de la vida eterna, nos enseñó, con el ejemplo de su magisterio, que el cáliz debe estar integrado de una mezcla de vino y agua. Pues la víspera de su pasión, tomó el cáliz, lo bendijo y lo dio a sus discípulos diciendo: Bebed todos de él; porque ésta es la sangre de la alianza derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

De este texto se deduce que el cáliz que el Señor ofreció era un cáliz mezclado, y que lo que él llama sangre era vino. Es, pues, evidente que no se ofrece la sangre de Cristo, si falta vino en el cáliz; ni se da celebración santa y legítima del divino sacrificio, si nuestra ofrenda y nuestro sacrificio no están en sintonía con la pasión del Señor. Y ¿cómo podríamos beber con Cristo en el reino del Padre del nuevo fruto de la vid, si en el sacrificio de Dios Padre y de Cristo no ofrecemos vino, ni mezclamos el cáliz del Señor, de acuerdo con la tradición que él nos legó?

Otras lecturas del mismo autor

Fe inquebrantable - [(Carta 10, 2-3.5: CSEL 3,491-492.494-495)]
La lucha por la fe - [(Carta 58, 8-9.11: CSEL 3, 663-666)]
Fabián nos da ejemplo de fe y de fortaleza - [(Cartas 9,1;8,2-3: CSEL 3,488-489.487-488)]
Una fe generosa y firme - [Carta 60, 1-2.5 (CSEL 3,691-692.694-695)]
En la persecución se inflige la muerte, pero sigue la inmortalidad - [Del tratado a Fortunato (Cap. 13; CSEL 3,346-347)]
El coro numeroso de las vírgenes acrecienta el gozo de la madre Iglesia - [Del Tratado sobre el comportamiento de las vírgenes (Núms 3-4.22.23: CSEL 3,189-190.202-204)]
Pedimos de modo que nuestra oración recabe la salvación de todos - [Del Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 17-18: CSEL 3, 279-281)]
Es cristiano el que en todo imita a Cristo - [Sermón atribuido (PLS 1, 51-52)]
El que nos dio la vida nos enseñó también a orar - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 1-3: CSEL 3,267-268)]
Santificado sea tu nombre - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 11-12: CSEL 3,274-275)]
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 13-15: CSEL 3,275-278)]
Después del alimento, pedimos el perdón de los pecados - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 18.22: CSEL 3,280-281.283-284)]
Que los que somos hijos de Dios permanezcamos en la paz de Dios - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 23-24: CSEL 3,284-285)]
Hay que orar no sólo con palabras, sino también con hechos - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 28-30: CSEL 3,287-289)]
La oración ha de salir de un corazón humilde - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 4-6: CSEL 3, 268-270)]
Nuestra oración es pública y común - [Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 8-9: CSEL 3,271-272)]
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 13-14: CSEL 3, 275-277)]
No anteponer nada a Cristo - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 15-16: CSEL 3, 277-279)]
No os agobiéis por el mañana - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 19-20: CSEL 3, 281-282)]
Después del alimento, pedimos el perdón de los pecados - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 22-23: CSEL 3, 283-285)]
Que los que somos hijos de Dios permanezcamos en la paz de Dios - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 24-25: CSEL 3, 285-286)]
Velad y orad - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 26-27: CSEL 3, 286-287)]
Hay que orar no sólo con palabras, sino también con los hechos - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 28-29: CSEL 3, 287-288)]
El Señor oraba por nuestros pecados - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 30-31: CSEL 3, 288-290)]
Buena es la oración con el ayuno y la limosna - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 32-33: CSEL 3, 290-292)]
Los cristianos han de adorar a Dios frecuentemente y siempre - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 34-35: CSEL 3, 292-293)]
Los que estamos siempre en Cristo, no cesemos de orar ni siquiera de noche - [Tratado sobre el Padrenuestro (Tratado 36: CSEL 3, 293-294)]
Cristo nos dio la paz y nos mandó que tuviéramos un solo corazón y una sola alma - [Tratado sobre la unidad de la Iglesia católica (12-14: CCL 3, 257-259)]
Los mártires están reservados para la diadema del Señor - [Tratado sobre los apóstatas (Cap 2, PL 4,479-480)]
La esperanza nos sostiene - [Tratado sobre los bienes de la paciencia (Núms. 13 y 15: CSEL 3, 406-408)]
Volved a mí, dice el Señor - [Tratado sobre los bienes de la paciencia (Tratado 3-4: CSEL 3, 398-399)]
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