Abel,
no se puede explicar mejor. A ese tipo de "reformadores" me refería con lo del cansancio.
Un abrazo.
a alinearse con los sectores que están conformes con las cosas como están porque total en sus despachos refrigerados nada les afecta
Anda tú! Pues en tu despacho tienes aire acondicionado. Endeluego... ¿?... eres un infil!
jajaja
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
jajajaja, me lo acondiciono con abanico!
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Pues cuando entro en ETF, por la ventana del navegador me entra aire fresco.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
KANBEI. He leído con mucha atención tu comentario 54002.
a mi juicio tienes una concepción del mundo demasiado buena. Nuestro mundo es un mundo profundamente hipócrita y falso, y creo que lo único con lo que no casa es con todo aquello que contradice su manera de ser y actuar.
Ante todo me gustaría que tuviésemos con respecto al “mundo” –desde los parámetros del Nuevo Testamento- una actitud crítica. El término “mundo” (aparece 163 veces en el NT) tiene dentro de
El mundo, pues, dependerá de nosotros. O es un lugar en que se asienta la presencia de Dios o es un lugar idolatrado por nosotros en el que hacemos de él –absolutizándolo- un lugar oscuro, ajeno y contrario al Reino de Dios. En el mundo hay, en efecto, alienación, hipocresía, falsedad; como también hay violencia e injusticia y miserias espantosas que contradicen abiertamente a Dios y su proyecto de salvación. Pero también existen en él entrega, generosidad, buena voluntad, veracidad, justicia y amor verdaderos… y es este mundo, o si preferís, esta parte del mundo, el que anhela la venida del Espíritu y la transformación de las estructuras de pecado en lugares de encuentro y solidaridad. Y a él me refería yo en mi comentario cuando decía que:
no se casa con la hipocresía y la falsedad humanas. Detecta rápidamente las intenciones y los dobleces personales. De algún modo lo que no está claro y diáfano a sus ojos, entra en el terreno de la sospecha y la desconfianza y, llegado el momento, desenmascara la falsedad y el engaño.
Y qué bueno que es así porque es lo que nos permite a
Por supuesto que para que esto sea una realidad se requiere este otro tema que has tocado y desarrollado con mucha amplitud y acierto, Kanbei: el tema fundamental que le da su identidad y fisonomía al ser cristiano: la conversión, que quisiera tocarlo con más detenimiento, ¿vale?
De quien sí hecho de menos un comentario más -mejorando los presentes- es de Maite, saludos.
Gerard....quiero decirte que en tus comentarios 54030 al 54033 francamente apareces más dialogante y comprensivo. Quéría decírtelo para agradecértelo sinceramente. Y el tama del sacerdocio los abordaremos a su tiempo pues sí creo que tiene mucha miga....
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Aprovecho para invitar a MACnuel para que haga acto de presencia en este post........creo que tiene cosas que decir -mejorando los presentes, claro.
Perdona, Maite, donde dice "hecho de menos" debe decir "echo de menos", porque no es lo mismo:
"hecho de menos" = hacer de menos o hacer que sea menos tu comentario
que
"echo de menos" = extrañar, añorar o desear un comentario tuyo.
Gerard....quiero decirte que en tus comentarios 54030 al 54033 francamente apareces más dialogante y comprensivo.
Querido Nehua, la verdad es que 'to er mundo es güeno'. La verdad es que la naturaleza es buena por naturaleza (y no es una redundancia). No inviertas los términos. No hay que excederse en el ir precavido. Ya que el exceso indica ningún fundamento.
Respecto de Maite, el perdón que le debes pedir no es por una hache de menos. Es cuestión de hacer un buen examen de conciencia.
Yo comprendo que a todos nos es difícil cambiar y máxime cuando no estamos anclados en la Roca Firme. Esta mala cimentación es lo que se llama relativismo.
El relativismo, además dar consistencia lógica a cualquier modo de ver, incluso al mundano y al superficial, impide a su vez que nos anclemos bien de verdad (que vendría a ser eso la conversión). Y así el relativista, que solo da por buena su versión de la realidad aunque haga actos de tolerancia (en el mejor de los casos), ya que no se reconoce como tal, sigue erre que erre en su comezón.
Como ves, soy comprensivo y dialogante. Y luego voy con lo que dices a Kanbei. No porque vaya a decir algo después, lo cual no tengo ninguna necesidad.
Siéntete como en casa, que esta casa es compartida, aunque no compartamos tus planteos de fondo, ni el de todos con todos.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Nehua, cómo te citas a ti mismo para, después de enredarte con las palabras de Kanbei, reafirmar tu discurso?
Eso está feo.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Me parece bien que intentemos precisar que entendemos cada uno por "mundo". Este término es como bien dices polisémico. Personalmente cuando alguien me habla del mundo, en el contexto en el que nos movemos en un portal o ambiente católico, tiendo a pensar primero en la humanidad en general, y de manera secundaria pero también importante en esa humanidad que vive de espaldas a Dios (o dicho de manera menos dramática y dura, esa humanidad para la que Dios no es lo más importante). Ambas acepciones están en la Biblia, y las encontramos fundamentalmente en el Nuevo Testamento. Pero hablo de toda la humanidad, no solo de una parte.
El Mal y el Bien no viven en una u otra parte de la humanidad, sino que se encuentran entreverados en cada uno de nosotros (como en un buen jamón, en el que la carne y la grasa se encuentran mezcladas). Cuando hablas de un mundo que desenmascara la hipocresía y la mentira, estás hablando del mismo mundo en el que la mentira y la hipocresía campan a sus anchas, y además parece irles muy bien. Si distingues "una parte del mundo" del resto para decir que parte de la humanidad quiere el Bien frente a otra parte que opta por el Mal, estás haciando una distinción simplista y por tanto irreal, pues toda la humanidad anhela el Bien y la felicidad (aunque las podamos buscar en cosas o caminos equivocados), y no hay ninguna parte de la humanidad que sea ni totalmente buena, ni totalmente mala.
Ahora bien, esa humanidad que según hemos visto está "enajenada con estereotipos artificiales", que busca muchas veces la felicidad en los objetos o sitios equivocados, que pretendiendo conseguir lo que cree es la felicidad y el bien lo que produce es más sufrimiento y dolor, que desoye contínuamente la Voz que le dice a tiempo y a destiempo que esa no es su vocación, esa humanidad (o mundo) ¿es la que va a desenmascarar la hipocresía, la falsedad y el engaño? ¿La que es hipócrita, la que engaña a los ignorantes, la que se crea ídolos a su propia medida? Y no nos engañemos haciendo una lectura según la cual la Iglesia no forma parte de ese mundo, de esa humanidad alienada. Precisamente porque es demasiado "mundana" ocurre lo que ocurre. Cristo nos pedía vivir en el mundo (vivir inmersos en la humanidad) sin ser del mundo (teniendo presente que lo importante es Dios, ser de Dios), pero la realidad es que no sabemos ni podemos sustraernos muchas veces a la influencia del mundo, y menos por nuestras propias fuerzas.
Propongo una breve lectura de lo que es el mundo siguiendo algunos capítulos del Evangelio de San Juan, en concreto desde Jn 15, 18 a Jn 17, 26. En ellos encontramos ese mundo que no conoce a Dios (pero que aspira a conocerlo aunque no lo sepa), ese mundo que rechaza a Dios (precisamente porque no lo conoce), y ese mundo del que los creyentes no podemos (ni debemos) ser sustraídos, y en el que tenemos que vivir en misión sin pertenecer a él. Me gustaría hacer una pequeña glosa de los mismos, pero me falta tiempo.
Un abrazo.
«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. (Jn 15, 18)
El que me odia, odia también a mi Padre. (Jn 15, 23)
El mundo como aquello que odia a Dios y por tanto a todo aquel que busca y sigue a Dios.
Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. (Jn 15, 19)
Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. (Jn 17, 5-6)
Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. (Jn 17, 16)
Los verdaderos seguidores de Jesús han sido tomados del mundo, sacados del mundo que no conoce y odia a Dios. No pertenecen al mundo en cuanto que el mundo es la realidad vivida de espaldas a Dios. "Cuanto hay en el mundo, la codicia sensual, la codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida, no procede del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa con sus codicias; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre" (1Jn 2, 16-17). "Lo que es a mi, Dios me libre de gloriarme, si no es de la crus de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mi y yo para el mundo" (Gal 6, 14).
Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: = Me han odiado sin motivo. = (Jn 15, 24-25)
Identificación entre el mundo que odia a Dios y el judaísmo de tiempos de Jesús (el que acabará por condenarlo a muerte). en el fondo, el reproche que encontramos en todos los profetas acerca de la falta de fidelidad del pueblo elegido ("¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros! Hch 7, 51)
Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. (Jn 16, 7-11)
El mundo es aquel que no creyó en Cristo, que le juzgó y condenó, y que es regido o gobernado por el "Príncipe de este mundo" (el Diablo; ver Jn 12-31; 14, 30; Lc 4, 5-8).
No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. (Jn 17, 15)
Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. (Jn 17, 18)
Los discípulos tienen una misión dentro del mundo, igual que la tiene Cristo. Deben vivir en el mundo pero sin ser del mundo, protegidos de la acción del Príncipe de este mundo.
Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. (Jn 17, 9-10)
Jesús no pide por el mundo, del cual no puede salir nada bueno. Pide por los discípulos que, en medio del mundo, pueden ser sal que da sabor o levadura que hace fermentar la masa. El bien y la redención del mundo, de la Creación caída en el pecado debe provenir de los que no son del mundo, de los que no le pertenecen, de los que no alimentan las estructuras de pecado ni se dejan seducir por los caminos fáciles (tentaciones del desierto).
Mi glosa, más o menos.
Un abrazo.
Si es tan idílico el mundo, una parte del mundo, nuestra conversión es a ese mundo y no a Dios.
esta parte del mundo, el que anhela la venida del Espíritu y la transformación de las estructuras de pecado
Esa parte del mundo que no ve el sistema económico ni el político como una estructura de pecado, que son estructuras del mundo, y sin embargo ve como la mayor estructura de pecado estamentos como el de los cardenales y la jerarquía de la Iglesia que manipula las conciencias en los confesionarios.
Ese mundo idílico es muy honesto, aunténtico e íntegro, que no se casa con la hipocresía y la falsedad humanas y detecta rápidamente las intenciones y los dobleces personales. Ya lo veo y lo constato día a día a pie de calle.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
El Evangelio siempre nos pone al límite de nuestras razonabilidades. Cuando pensamos que lo que vale es dar culto a Dios y hacerlo presente en nuestra vida, nos topamos con que "lo importante" es hacer el bien "a uno de estos pequeños", porque eso es hacérselo a Jesús. Y cuando damos por hecho que entonces lo que vale es darse humanísiticamente por los pobres más allá de los formalismos (y formulismos) de una confesión de fe, se nos recuerda que "a los pobres los tendréis siempre con vosotros".
La frase de Jesús en Juan: «no ruego por el mundo» es, a mi entender, una de las que más nos ponen al límite absoluto de esa razonabilidad.
Claro que se puede utilizar para justificar cualquier guetto eclesial. Se podría sacar la conclusión de que podemos desentendernos del mundo porque total Jesús no rogó por el mundo, y ¡ay!, ¿cuántas veces a lo largo de la historia se ha sacado esa conclusión?
Como siempre en los evangelios, hay que hacer una lectura total, no quedarse con una frase aislada. A la lectura-guetto de esta frase hay que oponer el decidido y absoluto envío al mundo que hace Jesús een el propio evangelio de Juan, y en los demás evangelios. No hay otro lugar donde realizar el contenido anticipatorio que tiene la fe sino en el envío al mundo ("ay de mí si no evangelizare"). Una fe que no va al mundo es una fe muerta, porque no se nos dio la fe como un bien personal sino como un anticipo para mostrar al mundo lo que Dios quiere de él para toda la eternidad, levadura en la masa, que es como mejor se describe, creo yo, la razón de que Jesús haya decidio dejar una Iglesia.
Ahora bien, el hecho de que "no ruego por el mundo" no deba ser leído como una invitación al guetto, no quiere decir que no tenga ningún contenido: si está allí, por algo está, algo dice. Yo lo leo no tanto como una frase que se refiriera al mundo como tal, sino como algo que se nos dice específicamente a nosotros, como una caracterización de la actitud de discípulos: quien realmente quiere ser discípulo, debe saber que no pertenece al mundo, debe sentir que ya no pertenece al mundo, incluso que sus lazos con el mundo han sido cortados, independientemente de que no podemos realizar la fe sin ir al mundo.
Jesús no ruega por el mundo, pero nosotros sí debemos rogar por él. Porque la tarea de Jesús y la nuestra son distintas: él crea Iglesia, nosotros no tenemos como misión crear Iglesia, sino hacerla presente en el mundo.
A mi entender, "en el mundo pero no del mundo" es un desgarramiento, algo doloroso, y que sólo se comprende como aspecto del diferencial que implica la fe respecto de cualquier humanismo de los que tan bien sabe ejercitar el mundo.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
La frase de Jesús en Juan: «no ruego por el mundo» es, a mi entender, una de las que más nos ponen al límite absoluto de esa razonabilidad.
Qué mal nos sienta y qué incómodos estamos con esa prenda que llamamos racionalidad, raciocinio,... Es el estado característico de la postmodernidad y no acabamos de superarla. Con lo bien que se está desnudo (o se debe de estar).
Jesús no ruega por el mundo, pero nosotros sí debemos rogar por él.
Claro que si Jesús dice no rogar por el mundo, es que está hablando del mundo en un sentido. Si nosotros debemos rogar por el mundo es que hablamos del mundo en otro sentido.
El Mundo es el hábitat de los hombres. Como lo es el Cosmos a otro nivel.
El que Cristo no orara por el mundo lo que indica, a mi modo de ver, es que no es un idealista, hablando mal y pronto.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Claro que si Jesús dice no rogar por el mundo, es que está hablando del mundo en un sentido. Si nosotros debemos rogar por el mundo es que hablamos del mundo en otro sentido.
Esto me permito discutírtelo, yo, al menos, los pensé en el mismo sentido: como acciones distintas de la Cabeza y del Cuerpo frente al mismo objeto (y como responsabilidades distintas, por tanto).
-Jesús no ora por el mundo, pero lo salva, y en ese haber sido ya salvos consiste el ser discípulos. Ruega por los discípulos, para que no se pierdan en ese mundo cuando cumplan (cumplamos) la delicada tarea de estar en el mundo pero no ser del mundo.
-Nosotros, por el contario, en medio de ese mundo, sin ser del mundo, no fuera de él sino dentro de él, oramos -debemos orar, creo yo- por el mundo, no sólo para que el mundo se salve, sino precisamente también para que en la oración permanezcamos dentro del mundo, para que nuestra "salvación" no consista en mudarnos al guetto. El orar por el mudno no beneficia sólo al mundo.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Es cierto que el que Jesús diga que no ora por el mundo puede llevar a una interpretación del estilo "nosotros somos los elegidos, el resto están perdidos y condenados". Pero precisamente creo que lo que hace es, paradógicamente, prevenir en contra de ese tipo de interpretación. Si efectuamos (y debemos efectuar) una lectura global de los Evangelios que nos lleve más allá de frases sueltas (y en ese sentido mi glosa puede llevar a sacar las cosas de contexto), vemos que la iniciativa de la salvación siempre la tiene Dios, que es el que sale al encuentro del hombre y le ofrece su alianza ("Yo os elegí primero" ). El hombre (la humanidad, el mundo) busca la felicidad, tiene dentro de sí ese deseo incolmable de felicidad pero pretende llenarlo por sí mismo, de espaldas a Dios, y haciendo esto sólo se encierra cada vez más en sí mismo y se niega la felicidad y la plenitud. Por ello la felicidad, la plenitud de la vocación al amor no puede provenir nunca del mundo, de la humanidad herida por el pecado, sino de fuera de ella misma.
Dios llama a todos a sí, pero no todos responden a su llamada ("muchos son los llamados, pero pocos los elegidos" ). La llamada de Dios exige una respuesta por parte del hombre, una respuesta responsable, pues somos libres de aceptar o no. Si aceptamos, poco a poco dejamos de pertenecer al mundo, dejamos de ser mundo. Si no aceptamos, seguiremos en el mundo siendo del mundo, perteneciendo no a Dios, sino al Príncipe de este mundo.
Creo que Jesús lo que está diciendo son varias cosas: el que opta por darle la espalda a Dios en lugar de aceptar su oferta de amor, se pierde a sí mismo (él mismo ya ha dictado su propia sentencia). Creo que también previene a los discípulos acerca de un cierto triunfalismo; el hecho de haber sido sacados del mundo no significa que ya estén salvados y que tengan patente de corso para hacer lo que quieran, sino que tienen que mantenerse alerta y no bajar la guardia para no empezar otra vez a transigir con el mundo y dejar poco a poco de confiar en Dios. La pertenencia a la Iglesia no nos hace mejores que los demás, por lo tanto siempre es precisa la oración para no volver a caer en la tentación, para no volver al mundo del que fuimos sacados.
Otra cosa también importante que ya ha señalado Abel. El estar fuera del mundo no es para que acabemos formando un gueto de "los elegidos", sino que paradógicamente significa que debemos vivir inmersos en el mundo, pero "vacunados" de las seducciones que el mundo nos ofrece. Las cosas según la mentalidad del mundo se pueden hacer por la vía rápida, por nuestro único esfuerzo y capacidad, e imponiendo el bien (o lo que creemos que es el bien) a los demás, creyéndonos que somos nosotros los que redimimos. Para efectuar bien la misión de ser enviados al mundo para salvarlo (para que deje de ser mundo), no podemos utilizar las armas que el mundo pone a nuestros pies ni su mentalidad..."los pensamientos de Dios no son como los de los hombres".
No sé si me he explicado...parece que uno lo entiende, y al mismo tiempo no.
Un abrazo.
Esto me permito discutírtelo
Más que discutir es más bien una crítica desarrollando un punto.
Teniendo claras las cosas, podemos jugar con las palabras y quien se confunda... ¡ese es! jejeje
Quien diga que no vive en el mundo, errado está. Pues el mundo lo lleva con él.
Kanbei, ahora te leo (en 20 min).
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Me acordaba de una palabras de S. Agustín y de otras de S. Pablo.
Los hijos de Dios somos ciudadanos de dos ciudades: de la del mundo y de la celeste.
Puede haber, es un decir, quien solo sea ciudadano de la ciudad del mundo. Pero nadie, nadie humano, es solo ciudadano de la celestial.
También es algo así como ser según la carne o ser según el espíritu. Siendo que ser según el espíritu no es desposeerse de la carne.
Quienes se salvan son las personas. Y el mundo es más bien parecido a un ente de razón: no es un ente sustancial, por mucho que los idealistas se empeñen.
Ahora bien, de ahí a llegar a afirmar que hay gente del mundo que son la verdaderamente santa y quienes deben desaparecer son los pobres cardenales, que al aceptar tal honor firmaron su acta de condenación, es algo verdaderamente obra del Engaño.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Quienes se salvan son las personas. Y el mundo es más bien parecido a un ente de razón: no es un ente sustancial, por mucho que los idealistas se empeñen.
Exacto.
(Jn 3, 16-17)Gerard, Abel, Kambei, la verdad gozo mucho leyéndolos porque reafirman muchas de las cosas que yo pienso e incluso he dicho a lo largo de mis intervenciones. Todo ese cúmulo de distingos en torno al "mundo" me han parecido acertados en cuanto a que han diferenciado bien lo polivalénte del término en el NT. Yo es lo que quise aportar en mi última intervención (54056).
Sólo como curiosidad, me extrañó un poco que ni Gerard, cuando hace su presentación amplia y extensiva del Evangelio de Juan en torno al tema del mundo, ni depués en los comentarios complementarios, habéis citado para nada el texto tan profundo que yo utilicé para afirmar la vertiente positiva y amable del término "mundo": “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Y creo que es clave para asomarnos -por su gracia, claro está, a lo que bulle en el corazón de Dios y valorar hasta qué punto el mundo le interesa y está dispuesto a comprometerse como él lo hizo. Todo lo que habéis dicho está muy bien. En el mundo hay quien rechaza a Dios, sí, todo ello como cosecha del pecado que habita en los corazones, pero aún así "todos" los hombres son queridos por Dios y él se compromete del todo por ellos: "he ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" y la comprensión amorosa de Jesús en el momento culminante de su vida: "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen"
Me gustaría que pudiéramos abrir más nuestra visión de fe para "entender" el misterio que envuelve todo esto de lo que estamos hablando.... y sí, sólo en la oración, en la relación personal con Él es cómo se "nos enseñará (por su Espíritu) todo lo que él nos dejó dicho".