Los enfrentamientos entre israelíes y palestinos se han vuelto diarios, a tal punto que muchos comparten el temor por el estallido de una "tercera Intifada". Los enfrentamientos, que aumentaron su intensidad en los últimos dos días, se insertan en un contexto de oportunidades perdidas, consolidación de las asociaciones de colonos, frustración de los jóvenes palestinos y progreso inexistente en las negociaciones de paz. La MISNA habló de esto con monseñor William Shomali, obispo auxiliar y vicario del Patriarcado Latino de Jerusalén.
Tierra Santa vuelve a ser escenario de una violencia que hace temer que habrá nuevas posibles revueltas de los palestinos. ¿Qué es lo que la desató?
Los palestinos ya no tienen nada que perder, simplemente. Su frustración por la falta de trabajo, las condiciones de vida al límite, la falta de perspectivas para el futuro ha llegado a un nivel intolerable. Fue suficiente un episodio, en este clima al rojo vivo, para desencadenar una espiral de violencia de la que tenemos miedo de no salir más, con muertos - a menudo inocentes - de ambos lados.
Muchos temen que se desate una tercera Intifada. ¿Comparte este temor?
La segunda Intifada nació en un contexto muy similar a este. La Explanada de las Mezquitas también entonces fue la chispa que encendió la pólvora. Pero estoy convencido de que, en realidad, los palestinos no quieren un nuevo levantamiento (Intifada, del verbo Intafada, que en árabe significa precisamente "levantarse", n.d.r.). Si nos fijamos en el pasado con un ojo crítico, de hecho, podemos decir que en el largo plazo, lo que ha llegado a los palestinos de los dos levantamientos anteriores eran más daño que bien.
¿Cuánta responsabilidad tiene la política en lo que está sucediendo?
El actual gobierno israelí ha contribuido a fortalecer las asociaciones de colonos, que están armados, bien protegidos y son fuertes. Por otra parte, las divisiones internas de la clase política consolidaron en los palestinos un sentimiento de abandono. Creen que nadie se preocupa de protegerlos, de proteger sus hogares y sus lugares de culto. Todo esto ha generado un resentimiento latente, especialmente entre los jóvenes.
¿Cómo se puede desactivar la espiral de violencia en Tierra Santa?
Lo único que puede sanar odio feroz es obtener justicia para los palestinos.
¿Qué está haciendo la Iglesia para ayudar a calmar los ánimos?
Estamos preparando un pedido que vamos a dirigir a ambas partes para que abandonen la violencia y vuelvan al diálogo constructivo. Creemos que es la única manera de avanzar. Por desgracia, en un contexto donde prevalece la ley del más fuerte, nosotros tenemos una voz débil, pero no vamos a dejar de hacerla sentir usándola con todas nuestras fuerzas.