Fue una gran fiesta la misa del domingo por la mañana en la Basílica de la Sagrada Familia de la ciudad de Barcelona: la beatificación de 109 religiosos claretianos (Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de la Beata Virgen María), asesinados “in odium fidei” entre 1936 y 1937, durante la Guerra Civil española.
La ceremonia fue presidida por el cardenal Angelo Amato, de la Congregación para las Causas de los Santos, con el nuncio Renzo Fratini, unos 30 obispos de todo el mundo y más de 300 sacerdotes. Al menos mil de los asistentes eran parientes de los 109 mártires, la mayoría de ellos de Cataluña. Asistían también religiosos claretianos de todo el mundo, incluso de África y Asia, todos los obispos catalanes, muchos del resto de España y el cardenal de Barcelona, Juan José Omella, y el Superior General de los Claretianos, el padre Mathew Vattamattam, como concelebrantes principales.
Los claretianos, fundados por San Antonio María Claret en 1849 en Vic, tienen hoy presencia en 63 países, con 3.100 religiosos, 2.100 sacerdotes y una veintena de obispos.
Asesinados en Cataluña, y algunos en Santander y Valencia
De los nuevos mártires claretianos 73 son nacidos en Cataluña, 14 en Navarra, 4 en Huesca, 5 Burgos, 2 en Logroño, 2 en Palencia, 2 en Zaragoza, 2 en Teruel, 1 en Álava, 1 en Cádiz, 1 en Madrid, 1 a Valencia, y 1 de Auch (Francia).
La mayoría fueron asesinados en Cataluña y pertenecían a las comunidades de Cervera, el Mas Claret y Solsona (60), de Barcelona (8), de Sabadell (8), de Lérida (11), de Vic y Sallent (15). De fuera de Cataluña la causa incluye a mártires de las comunidades de Castro Urdiales en Santander (3) y de Valencia (4).
Los 109 mártires beatificados este sábado no son los únicos claretianos en los altares por esa persecución: la Iglesia ha beatificado también a los 51 asesinados en Barbastro y a los 25 asesinados en Sigüenza y Fernán Caballero.
El cardenal Angelo Amato, en su homilía, recuperó el grito del pasado agosto en Barcelona tras el atentado islámico: "No tinc por, no tengo miedo", para aplicarlo a los mártires claretianos. "Los 109 claretianos reaccionaron con la eficaz arma de la caridad y el perdón, respondieron perdonando", enfatizó Amato. "No buscaron venganza", continuó Amato, alabando a los mártires, ya que "la única venganza del cristiano es el perdón de los enemigos", y el cristianismo siempre propone "una cultura de fraternidad, no de guerra".
El cardenal vaticano quiso contar la historia de alguno de los nuevos beatos. Explicó, por ejemplo, que "el padre Mateu [Casals] pertenecía a la comunidad de Sabadell, una comunidad muy activa donde los padres estaban siempre dispuestos a a ayudar a los necesitados, muy amados por su pueblo". No obstante, al estallar la Guerra en 1936, y tras ser encarcelados, los curas "fueron torturados de una manera inhumana" y "asesinados sin juicio". "Fueron muchos los martirizados" durante esa época, lamentó el cardenal, que "derramaron su sangre por Cristo".