
En el capítulo 8 de Juan Jesús tiene una confrontación dura, en una lucha por la propia identidad -tanto la de Jesús como la de los contrincantes-; en esa lucha Jesús les hace ver las propias contradicciones, y no encuentran otra salida que el insulto (v. 41).
La palabra que expresa esa identidad es una que Jesús aprecia de manera especial, al punto que la repetirá en la Cena: "permanecer en él". Discípulo es aquel que permanece en el Señor. No dice: "estudiad bien, preparad una buena argumentación..." todo eso lo da por descontado, ser discípulo es permanecer en la palabra del Señor, esa es la identidad cristiana.
Si no permanecemos en su palabra, puede ser que admiremos a Jesús por su doctrina, por ser un hombre justo... pero no seremos discípulos.
Y el discipulado nos da la libertad. El discípulo de Jesús es un hombre libre, es un hombre de tradición y de novedad, no está atado a ideologías, a doctrinas discutibles; el discípulo se deja cuidar por el Espíritu, es un hombre ungido por el Espíritu.
Este es el camino que Jesús ofrece para la libertad y para la vida: el discipulado, la unción del Espíritu de aquel que permanece en su palabra.