Cada año, el 29 de junio, coincidiendo con la solemnidad de San Pedro y San Pablo, cumple un año más de ordenación sacerdotal nuestro querido Papa emérito, Benedicto XVI, en la actualidad de 94 años.
Fue ordenado sacerdote junto con su hermano Georg el 29 de junio de 1951 en la catedral de Freising, en una ceremonia presidida por el arzobispo de Múnich y Frisinga, el cardenal Michael von Faulhaber.
En la actualidad, con dificultades físicas propias de su avanzada edad, pero lúcido y sereno, vive en oración en el monasterio Sancta Mater Ecclesiae, dentro del Vaticano.
Sus palabras dirigidas a los fieles presentes en Castelgandolfo antes de recluirse en el monasterio, aquel 28 de febrero de 2013, día de la renuncia al pontificado, fueron:
«Queridos amigos, me alegra estar con vosotros, rodeado por la belleza de la creación y por vuestra simpatía, que me hace mucho bien. Gracias por vuestra amistad, por vuestro afecto. Sabéis que para mí este es un día distinto de otros anteriores. Ya no soy Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Soy simplemente un peregrino que empieza la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quisiera trabajar todavía con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Caminemos junto al Señor por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias, y ahora os imparto de todo corazón mi Bendición. Que os bendiga Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Gracias, buenas noches. Gracias a todos.»
Como cada año, Papa Francisco dedicó unas cálidas palabras a su predecesor, tras la celebración de la solemnidad de San Pedro y San Pablo:
«A ti, Benedicto, querido padre y hermano, va nuestro afecto, nuestra gratitud y nuestra cercanía. Él vive en el monasterio, un lugar ideado para que albergara a las comunidades contemplativas aquí en el Vaticano, para que pudieran rezar por la Iglesia. En la actualidad, es el contemplativo del Vaticano, que pasa su vida rezando por la Iglesia y por la diócesis de Roma, de la que es obispo emérito. Gracias, Benedicto, querido padre y hermano. Gracias por tu testimonio creíble. Gracias por tu mirada continuamente dirigida hacia el horizonte de Dios: ¡gracias!»