Madrid, 02/01/06 (La Razón) Madrid- «Esto es un bar y en los bares se fuma. Quien quiera viento fresco que se vaya a la calle y respire. Si el Gobierno del talante y del diálogo ha tomado esta decisión, yo he tomado otra: en mi establecimiento se fuma. Y quien quiera zonas oxigenadas, ya sabe donde tiene la puerta». Manolo, propietario de un local de poco más de 70 metros cuadrados en la Plaza Mayor de Madrid, es uno de los muchos hosteleros insurrectos; uno de los que, este primero de enero, ha colgado: «En este local está permitido fumar».
Aunque las zonas con humo y la permisividad del consumo de tabaco deberían ser las excepciones, el 90 por ciento de los propietarios de bares y restaurantes se ha decantado por dejar la barra del bar sembrada de ceniceros y por tolerar el consumo en sus locales. ¿Las razones? «La mayoría de los clientes fuma. Y, además, los que más fuman son los que más consumen». Los argumentos esgrimidos son, sin duda, de peso. Pero los no fumadores, desconcertados ante una ley que les sigue dejando desprotegidos, no dejan de preguntarse de qué sirve su aprobación.
María, que trabaja de camarera en uno de esos lugares en los que lo único que está prohibido es la entrada de perros, manifiesta su enfado de manera enérgica: «Primero nos engatusan, nos dicen que no vamos a tener que tragar el humo de nadie y, al final, por las presiones de unos y de otros, acceden a que se pueda elegir de qué bando eres. No es comprensible. Este es mi lugar de trabajo y no tengo por qué estar aspirando la nicotina de esa señora ni de aquel señor. Ojalá dentro un tiempo estén penalizados el consumo y la venta. Y que los fumadores paguen multas millonarias. Se las merecen».
La tajante solución de María halla pronto respuesta: «El problema es que la gente es maleducada. Si antes de prender un cigarro, preguntásemos a la gente que hay alrededor si molesta o no, todo sería más fácil. Pero no. En este país basta con decir que no se puede hacer algo para que la gente lo incumpla». Jorge, que acaba de entrar en el debate, es ex fumador: «Dejarlo me costó muchísimo. Ahora estoy perfecto. Estoy de acuerdo con la ley, pero debería incluir la financiación de los tratamientos. Abandonar el hábito no es fácil y si se quiere prohibir algo por norma legislativa, lo lógico es que te ayuden a dejarlo».
Como tal extremo ni se plantea, son muchos los que dudan de la validez de la ley. Por la calle, la gente sigue fumando; en los bares, la gente sigue fumando; los carteles obligatorios que todos los establecimientos debían colgar el primero de enero dan luz verde, en la mayoría de los casos, a proseguir con el hábito. Del medio centenar de tabernas que flanquean la Plaza Mayor y las calles Toledo y Postas, sólo una especifica que es zona libre de humos.
El resto seguirá igual que siempre. Al menos, por el momento. En la castiza Cava Baja, más de un propietario afirma que todavía no sabe qué hará: «De momento, lo permitiremos. Cuando pase un tiempo y observemos si han cambiado las actitudes de los clientes, o si el resto de bares de la calle cumplen la prohibición, lo mismo nos cambiamos al bando prohibicionista».
Prohibicionistas o no, lo cierto es que ayer reinaba el desconcierto entre clientes y propietarios. Los primeros, se levantaban lánguidamente de sus sillas en dirección a la barra para preguntar: «¿Se puede fumar?». Y una vez más: «¿Se puede fumar?». Los dueños se quejaban de la falta de información por parte de las autoridades competentes. En la calle Divino Pastor, en uno de los establecimientos, Juan refunfuñaba: «Si no me dicen qué tengo que hacer, no lo voy a hacer. No he recibido ninguna circular... Nada que me explique cuáles son mis opciones».
Las posibilidades son, básicamente, dos. Ambas enfrentadas. Tan dispares que han conseguido sembrar la discordia entre los fumadores y los no fumadores españoles.
Los extranjeros y los turistas, por el contrario, son más obedientes con la decisión legislativa. Aunque no estén de acuerdo Un mexicano, de paso por Madrid con motivo de las celebraciones navideñas, exclamaba ayer: «¡Qué carajo! Es una ley y las leyes están para cumplirlas. ¿Qué si me parece bien a mí? No. Sinceramente, la norma me parece irrespetuosa. Siempre se habla de los derechos de los que no fuman; pero ¿y de los que sí lo hacemos? Yo soy adicto. Si quieren que lo deje, deberían ayudarme, ¿no? De todas maneras, ¿sabes lo que creo? Que los españoles no la cumplirán. Y la mayoría de ellos ya lo demostró anoche, en la fiesta de Fin de Año. Se supone que la norma entraba en vigor a las 24:00, con el año nuevo, y yo los vi a todos encender un cigarro detrás de otro. Si el espíritu es ese, mal van».
Primer día laboral sin humo. Ayer fue el primer día sin humos. Hoy es el primer día laboral que habrá que asumir la prohibición. Aunque ayer ya hubo gente que comenzó su particular calvario. Periodistas, policias y bomberos concentraban todo su nerviosimo en el chicle, el caramelo, la bolsa de pipas y la piruleta. Las máquinas expendedoras desaparecieron de un día para otro o permanecían vacías. Eso sí, las que todavía estaban en funcionamiento ocultaban, de manera ridícula y con resultados poco satisfactorios, la publicidad de alguna marca de tabaco. Los intentos fueron vanos: detrás del material transparente se intuía, con mucha claridad, la figura de un camello sobre un paquete azul.