La Razón , 25/01/06 Se llama Irena Sendier. Salvó a 2.500 niños judíos del exterminio nazi. Se la conoce como «el ángel del gueto de Varsovia». A finales del mes de enero se recuerda el «Día de la Memoria» de los seis millones de judíos víctimas del Holocausto así como el testimonio de los «justos», de los «ángeles» que arriesgaron sus vidas para ayudar a quienes sufrían persecución y pasaban necesidad. Como Irena, muchos cristianos, hicieron de «ángeles».
Irena Sendier es una católica polaca que en la actualidad tiene más de noventa años. En 1939 empezó a dedicarse a proteger judíos. En 1940, los nazis decidieron cerrar el gueto de Varsovia con medio millón de judíos dentro y que corrían peligro de morir de hambre, de frío y de enfermedades. Los niños eran los más castigados.
Cuenta Irena: «Era un infierno... Niños y mayores morían por la calle... a cientos bajo la silenciosa mirada del mundo entero... Gracias a un antiguo profesor mío, que estaba al cargo de la Oficina Sanitaria del Ayuntamiento, conseguí unos pases como enfermera para mí y para un grupo de amigas. Así conseguimos introducir alimentos, carbón, ropa y medicinas y sacamos de aquel infierno a 2.500 niños». Aquello le costó a Irena Sendier torturas y la condenaron a la pena de muerte. Finalmente pudo escapar. Irena fue un verdadero «ángel».
«El nombre de “ángel” - escribe el teólogo Xavier León-Dufour - no es un nombre de “naturaleza”, sino de “función”: en hebreo, la palabra “mal’ak” y en griego “ángelos” significan “mensajero”». Y el apóstol San Pablo, en su epístola a los Hebreos (1, 14) dice: «Dios envía “ángeles” a favor de los hombres».
¡Benditos los hombres y mujeres que hacen de «ángeles»!
J. Mª ALIMBAU