Forum Libertas, 06/02/06 - (España)
Hace unos años comentaba con mi viejo amigo Xavier Guerra, profesor en La Sorbona, las leyes abortistas que habían proliferado en prácticamente toda Europa, y le contaba cómo empezaban a formarse grupos pro-vida dispuestos a librar la batalla de la defensa de la vida de los inocentes. Guerra se mostraba muy escéptico sobre las posibilidades de que iniciativas de este porte cuajasen en Francia: “Allí hace tiempo que no se discute en qué consiste el aborto; todos aceptan que es matar a un ser humano. Lo que pasa es que ya está aceptado socialmente que no todos tienen derecho a la vida, así de brutal, y así de claro”.
Si Xavier Guerra viviese hoy, tendría un buen motivo para alegrarse, ante la manifestación bajo el lema “Treinta años, ya está bien”, contra la llamada Ley Weil que legalizó el aborto en Francia. También en Italia, y en España, las resistencias a la aceptación social del aborto provocado se mantienen; no sé si aumentan, pero hay buenas razones para pensar que así acabará ocurriendo: primero, porque esta atrocidad es insostenible por sí misma; pero, además, porque el movimiento pro vida gana abiertamente terreno en Estados Unidos, donde el Senado acaba de confirmar a Samuel Alito como magistrado del Tribunal Supremo. Con la nueva configuración, el Supremo de Estados Unidos tiene, por primera vez desde la sentencia “Roe versus Wade”, mayoría de miembros favorables a la defensa de la vida. Los proabortistas van perdiendo.
Son buenos síntomas, no muy definitivos si se quiere, pero indicadores de que se está extendiendo la vergüenza colectiva por esta matanza silenciosa y espeluznante.
Ramón Pi