Forum Libertas, 19/04/06 (España) - El cristianismo, como recuerda el Catecismo, no es una religión del Libro. Es la religión de la Palabra, del Verbo de Dios que se ha hecho carne y que sigue vivo y operante. Este hecho es relevante por cuanto algunos reducen los contenidos del cristianismo al estudio de la Biblia y, en no pocas ocasiones, con muy mala fortuna. Hay un biblicismo exagerado que pretende comprender todo mediante la filología, el estudio de los textos y la crítica literaria.
La Iglesia venera la Sagrada Escritura, como Palabra de Dios, pero precisamente por eso, por ser algo que Dios ha dicho al hombre y que forma parte de su revelación, no la coloca como un criterio último al que el mismo Dios tendría que someterse. Como la Escritura es Palabra de Dios necesitamos que sea el mismo Dios quien nos abra su sentido. Ya san Agustín había enseñado que la Sagrada Escritura se entiende a partir de la vida de los santos, porque es el mismo Espíritu Santo el que inspiró los textos sagrados y el que mueve la vida de los santos.
Lo cierto es que la Biblia sigue atrayendo la atención de millones de lectores. Algunos se acercan de buena fe y otros con intención de tergiversarla. El interés que suscita en personas de oda condición y el que sea un libro que admite muchos niveles de lectura, desde el mero entretenimiento o interés cultural hasta el acercamiento religioso o el estudio científico ya llama bastante la atención. La cosa se complica cuando algunos pretenden que la Biblia sólo es accesible desde ciertos códigos secretos o es portadora de secretos sólo aptos para iniciados. Nada más lejos de la rica experiencia secular. Ahora bien, ¿hay claves para entender bien la Biblia?
Francisco Varo, conocido profesor de Sagrada Escritura, propone en este libro un acercamiento ameno a la comprensión de la Escritura. Ha optado, para su exposición, por explicar una historia. Una serie de amigos discuten sobre la Biblia y, en su indagar sincero, descubren el lenguaje mítico o, comprueban que la Biblia para nada es machista, entre otras cosas. Es una forma atrevida de abordar un tema tan complicado y denso pero que, sin duda, facilitará la lectura de las jóvenes generaciones. Mediante las aventuras de estos amigos se van abriendo interrogantes que suscita la Biblia y se rebaten respuestas fragmentarias y equivocadas.
En una segunda parte el autor expone de forma más sistemática la enseñanza de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura. Ahí explica que el texto ha sido divinamente revelado, distingue entre escritos canónicos y apócrifos, y da criterios para una lectura provechosa de la Biblia. Entre estos subraya algunos que hacen posible su comprensión y otros que conducen a enriquecer nuestra vida espiritual a partir de lo que Dios nos dice.
Así señala la importancia de escuchar la Palabra de Dios en el interior de la liturgia o cómo hay que atender siempre al sentido literal (no literalidad) de los textos. Por lo mismo también enseña a situarse en las escenas, principalmente evangélicas, como si fuéramos un personaje más. Es así porque la Palabra de Dios es válida para todo tiempo y persona.
Este libro supone una buena introducción a la Sagrada Escritura. Aunque muchos temas apenas son esbozados para el lector poco conocedor del tema puede resultar una buena ayuda. Ciertamente no es un libro completo ni una introducción exhaustiva, pero sí una buena ayuda para comprender mejor la Biblia.
Nota de ETF: el libro está disponible en la librería El Testigo Fiel