10 mayo 2006 - Infoecumene
Publicamos el «Llamamiento por la paz» lanzado el 27 de abril por líderes de diferentes religiones presentes en el Encuentro internacional de oración por la paz organizado en Washington 2006 por esa arquidiócesis católica, por la Comunidad de San Egidio, y por la Universidad de Georgetown y la Universidad Católica de América, para continuar con el «Espíritu de Asís» promovido por Juan Pablo II.
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Hombres y mujeres de religiones diferentes, de los diferentes continentes de este único mondo, nos hemos encontrado por la primera vez en América, guiados por el viento espiritual del «espíritu de Asís». Aquí, en Washington, hemos rezado, hemos dialogado, hemos invocado de Dios el gran don de la paz.
También hemos escuchado la petición de muchos que piden globalizar la solidaridad y derrotar la plaga de la pobreza Nos ha llegado, en los testimonios de tantas personas, la invocación de todas las víctimas de la violencia, del terrorismo y de la guerra, de quien se encuentra sin los derechos humanos mínimos, el derecho a tratamientos, al agua, a la comida, a la libertad religiosa. Hemos escuchado que es inaceptable un mundo en el que miles de millones de seres humanos luchan por sobrevivir, cuando la humanidad tiene a disposición recursos superiores a los de todas las generaciones que nos han precedido.
Hemos venido aquí, hombres y mujeres, como peregrinos y buscadores de paz. Nuestro mundo parece que ha olvidado que la vida humana es sagrada. Dios tiene compasión de quien sufre, de quien sufre la guerra, de quien es víctima del terrorismo ciego. El mundo está cansado de vivir en el miedo. El miedo humilla lo mejor de nosotros mismos. El miedo y el pesimismo parecen a veces el único camino, pero es un camino oscuro. Las religiones no quieren la violencia, la guerra, el terrorismo: ¡no creáis a quien lo dice!
A todos nuestros hermanos en religión, a todo hombre y a toda mujer, queremos decir que quien utiliza la violencia desacredita a su propia causa. Quien cree que sólo una violencia más grande es la repuesta al mal sufrido no ve las montañas de odio que contribuye a crear. La paz es el nombre de Dios. Dios no quiere nunca la eliminación del otro, los hijos de nuestros adversarios no son nunca nuestros enemigos, todos son niños a los que hay que amar y proteger.
a humanidad no mejora con la violencia, con el terror, sino con la fe, el amor. El fundamentalismo es la enfermedad infantil de todas las religiones y de todas las culturas, pues hace prisioneros de una cultura del enemigo. Por eso, ante vosotros, jóvenes, decimos a quien mata, a quien siembra el terrorismo y hace la guerra en nombre de Dios: «¡Parad! ¡No matéis! ¡La violencia es un fracaso para todos! ¡Hablemos juntos y Dios nos iluminará!». ¡Sólo la paz es santa! ¡Dialoguemos y promovamos un serio y honesto diálogo!
El diálogo es un arte. No es la opción de los miedosos, de quienes abren paso al mal sin combatir. Estimula a cada hombre y a cada mujer a ver lo mejor del otro y arraigarse en lo mejor de sí. El diálogo es una medicina que cura las heridas, ayuda a hacer mejor este mundo para las generaciones presentes y futuras.
Pidámonos a nosotros mismos y pidamos a todos los hombres y mujeres creyentes y de buena voluntad hoy, una vez más, solemnemente, la valentía de vivir el arte del diálogo. Lo pedimos para nosotros, para las nuevas generaciones, para abrir el mundo a la esperanza de una nueva estación de paz y de justicia.
DECLARACIÓN FINAL DEL II CONGRESO DE IMANES Y RABINOS PARA LA PAZ
En nombre del Creador y Señor del Universo, el Compasivo y Misericordioso, nosotros jefes religiosos y representantes del Islam y del Judaísmo, nos hemos reunido para el II Congreso Mundial de Imanes y Rabinos para la Paz, organizado por la Fundación Hommes de Paroles en Sevilla, en esta región de Andalucía donde en el pasado judíos y musulmanes vivían en armonía y enriquecimiento mutuo y anhelamos hoy y para el futuro renovar estas relaciones.
Afirmamos por consiguiente, que contrariamente a una representación errónea ampliamente extendida, que no existe conflicto inherente entre el Islam y el Judaísmo, más bien al contrario. Ahora que la política contemporánea ha ejercido desgraciadamente un impacto negativo sobre sus relaciones, nuestras dos religiones comparten los valores los más fundamentales de la fe en el Todopoderoso, cuyo nombre significa “Paz”, “que es misericordioso, compasivo y justo”. El nos llama, seres humanos, a manifestar estos valores en nuestra vida y a ponerlos en práctica en nuestra relación con el otro, cuya vida y dignidad son sagradas. Por eso, reiteramos el mensaje dirigido con ocasión de nuestro primer congreso en el que deploramos toda sangre derramada, toda violencia cometida en nombre de una ideología, suceda donde suceda. Además, cuando tales actos son perpetrados en nombre de la religión constituyen una desacralización de la religión misma y la ofensa más grave al Santo Nombre del Creador.
Así, además de llamar a todos nuestros correligionarios a respetar toda vida humana y la dignidad de los derechos de cada uno, afín de promover la justicia y la paz, les exhortamos con todos los gobiernos y las instituciones internacionales, a respetar los símbolos de cada una de nuestras religiones, sus lugares santos, de oración y sus cementerios, particularmente en Tierra Santa donde estas cuestiones son las más sensibles.
Condenamos toda representación negativa de estos símbolos así como su desacralización. Deploramos igualmente, toda denigración de una fe o de un pueblo y con mayor razón, toda llamada a su eliminación. Apremiamos a las autoridades a hacer ellos también lo mismo.
Reconocemos que hay una imagen errónea muy extendida de nuestras religiones, tanto en nuestras comunidades respectivas como en el mundo en general. Afirmamos la necesidad de una educación que respete la tradición y la fe del otro, tanto en nuestras comunidades respectivas como en nuestras escuelas. Llamamos a los responsables de nuestras comunidades a promover tal educación, esencial a una coexistencia pacífica.
Solemnemente nos comprometemos a continuar nuestra búsqueda del otro y a establecer relaciones de respeto, de esperanza y de amistad; combatir la incitación al odio y a la hostilidad; superar las barreras y los obstáculos, a reforzar la confianza mutua y a servir nuestra causa noble de paz universal, particularmente en esta tierra sagrada para todos.
Sevilla, España, 22 marzo 2006 ; Safar 21, 1427; Adar 22, 5766