Forum Libertas, 12/06/06 -
Este segundo volumen completa una excelente edición de los Hechos Apócrifos que recuerda ese papel importante de la BAC en el universo editorial. El primer volumen incluía los de Andrés, Juan y Pedro.
Este segundo volumen, también en edición bilingüe y asimismo con excelentes introducciones, incorpora los de Tomás y Pablo. Para cualquier lector que se acerque a estos textos resultará evidente por qué la Iglesia no los considera canónicos. No se trata tanto de su heterodoxia, salvo algunas tendencias encratitas y quizás algún fragmento de regusto gnóstico, cuanto la forma fabuladora, nacida seguramente de ambientes piadosas, que impregna todo el escrito.
Los Hechos de Pablo están escritos como una continuación de los viajes de Pablo narrados por Lucas y reseñados también en sus cartas. Parte del escrito recoge su relación con santa Tecla y también una supuesta tercera carta a los de Corinto, así como una narración de su martirio en Roma con anécdotas tan alejadas del realismo evangélico como que anuncia que después de muerto se aparecerá a Nerón o que al cortarle la cabeza salen gotas de leche. A su vez los Hechos de Tomás tienen un marcado carácter de novela piadosa. Es aquí donde se señala que este Apóstol fue a predicar a la India.
La importancia de esta cuidada edición, la primera en castellano, reside en que acerca al estudioso un importante material para el estudio del cristianismo de los primeros siglos. Algunas de las tradiciones señaladas en estos escritos después han pasado al legado común aun habiéndose rechazado la canonicidad de los escritos.
De otra parte autores de la primitiva Iglesia los citan en ocasiones. Por eso, de cara a facilitar el estudio de la literatura y teología de aquella época era necesaria una edición que llenara un vacío imperdonable en castellano.
La lectura de los textos apócrifos, que en muchos momentos se convierten en una especie de novela piadosa que puede producir incluso deleite, permite, por otra parte, saborear aún mejor los textos que la Iglesia presenta como divinamente inspirados.
Es tal la diferencia de estilo, la ausencia de afectación y de extravagancias, que por contraste con los apócrifos, la verdad de los textos revelados aún queda más marcada.
Pero lo que principalmente hay que subrayar es la oportunidad de esta publicación y más en un momento en que mucha literatura se aprovecha del fenómeno “apócrifo” para inventar toda clase de historias sobre el cristianismo. Poder atender a las fuentes, como ahora se nos permite gracias a esta edición, permite mirar con cara sonrisa y hasta con desprecio las pretensiones de algunos de haber descubierto un cristianismo más “original” que aquel que predica la Iglesia.