La Razón , 14/06/06 - Madrid- Andy Warhol, el artista que con sus series de retratos idénticos quería ser «una máquina»; el hombre que consiguió ser rico y famoso, el principal objetivo de su vida; el vividor de las noches de desenfreno, drogas y homosexualidad en el neoyorquino Club 54; el creador de los estereotipos más representativos del siglo XX; el pintor «pop» que elevó a arte la imagen publicitaria; el albino que escondía su timidez bajo una peluca de mujer; era, también, «profundamente religioso y acudía a misa todos los días».
Quizás ésta pueda parecer una más de sus contradicciones, de las imposturas con las que creó su mejor obra: su propia imagen, pero, sin embargo, la presentación de parte de su obra en Barcelona está sirviendo justo para lo contrario: mostrar su vertiente más íntima y espiritual. Warhol «era un hombre muy contemporáneo, con problemas que hoy están en la calle, pero con esperanza, a pesar de todo», ha señalado Josep Maria Martí Soler, sacerdote y director del Museo Diocesano de Barcelona, espacio que desde principios de junio, y hasta el 9 de julio, acoge una exposición retrospectiva de 80 piezas realizadas por el artista desde 1957 hasta el momento de su muerte, en 1987.
«Warhol era muy contradictorio», señala Martí Soler a la agencia Veritas. «Por un lado, muy revolucionario, pero por otro, encontraba en la Iglesia católica el contrapeso a todo lo negativo de la sociedad y la gran solución a todos los problemas que él mismo sufría en su carne», añade. Y no era a nivel teórico, porque el pintor estadounidense tenía por costumbre acudir a misa todos los días. «Nunca ocultó su condición de católico», destaca Martí, quien también recuerda cómo su despacho estaba presidido por un Cristo, y que en los últimos años de su vida centró sus esfuerzos artísticos en versionar «La Última Cena» de Leonardo.
Andy Warhol nació en Pittsburg (Estados Unidos) en 1928. Hijo de emigrantes eslovacos, quedó huérfano a los 13 años, cuando su padre, albañil, murió en un accidente de trabajo. Nunca hablaba de su familia porque prefería «guardar el misterio». «No me gusta hablar de mis orígenes y cada vez que me preguntan por ello doy una respuesta diferente» afirmó en una entrevista. Pero a pesar de sus reservas, la profunda educación católica que recibió en esos primeros años le marcó para toda su vida.
Esa dura infancia -su orfandad se veía agravada por la depresión económica que vivía Estados Unidos- le llevó a fijarse el objetivo de ser «rico y famoso». Según Charo Sanjuan, organizadora de la muestra, para alcanzar esta pretensión, Warhol «creó su personaje, de alguna manera su vida era una pose, aunque en realidad era una persona muy tímida y espiritual». Trabajó primero como dibujante para publicidad, pero alcanzó la fama cuando con sus obras basadas en imágenes comerciales, como la lata de sopa Campbell's, retó a la dictadura del expresionismo abstracto que imperaba en el arte de mediados del siglo XX. En 1965, cuando realizó su primera exposición retrospectiva en Filadelfia, el gentío era tan numeroso que los organizadores retiraron algunas de las obras, temorosos de que pudieran ser dañadas. Dio igual, todos querían ver a Warhol, no su obra. Había alcanzado su objetivo.