Alfa& Omega, 06/10/06 -
María Rosa de la Cierva, Directora del Congreso :«La profesionalidad en los medios audiovisuales católicos ha de ser excelente»
¿Qué supone para la diócesis de Madrid que el Congreso se celebre aquí?
Satisfacción, porque se da respuesta a una necesidad social y a una demanda del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales. Vale la pena este trabajo, porque los objetivos que nos planteamos son muy importantes. En ese sentido, es un reto, una responsabilidad y un gran trabajo, que estamos haciendo con ilusión, esperanza y con un enorme optimismo, y el deseo de servir a la Iglesia y a la sociedad.
¿Por qué se ofreció la diócesis de Madrid como sede?
Nuestro cardenal arzobispo cree mucho en los medios de comunicación, y cuando en el Consejo Pontificio se empezó a hablar sobre la necesidad de este congreso, hace ya más de un año, espontáneamente ofreció la diócesis. Nos encargó a un grupo de personas que buscáramos un lugar y nos encargáramos también de la financiación. Y tengo que decir que ha habido una repuesta impresionante, no sólo por parte de los medios de comunicación de la archidiócesis, sino también por parte de COPE , de la Provincia Eclesiástica, de la Conferencia Episcopal, del CEU, de Telefónica...
¿Hacia dónde debería apuntar ese ideario que se quiere elaborar?
Tendrá que fundamentarse en los valores cristianos, que no sólo se viven, sino que también hay que transmitir. Otro aspecto que debe tener muy en cuenta es la excelencia profesional de todos los que trabajan en televisiones católicas, y una búsqueda de contenidos que respondan a lo que hoy necesita y pide la sociedad. Se trata de unir y de tomar conciencia de que somos muchos. Una de las ideas que barajamos, por ejemplo, es una comisión de seguimiento que lleve a efecto las conclusiones aprobadas, y aporte ideas sobre todo aquello que pueda seguir mejorando el servicio de una televisión católica, y el de los católicos en televisión. Esto no se improvisa, no es igual de difícil en todos los países, pero al menos los pilares, nuestros valores, deben quedar claramente reflejados.
Ha mencionado dos ámbitos de actuación: televisiones católicas y católicos en televisiones generalistas. ¿Este último aspecto también se va a tratar?
Desde luego. El ideario se centrará en las televisiones católicas, pero sin olvidar la presencia de los católicos en las otras televisiones. No son dos asuntos paralelos, porque inciden el uno en el otro. El compromiso cristiano no es de sacristía, como más de uno quisiera, sino que hay que llevarlo a la profesión. En esta época de relativismo moral, los católicos que trabajamos en televisión no podemos asumir el todo vale .
¿Cómo ve el panorama de los medios audiovisuales católicos en España?
Todavía muy incipiente, no hay muchos medios. Eso no quiere decir que algunas emisoras, como Telemadrid , no sean respetuosas con los valores cristianos. Pero, desgraciadamente, la televisión generalista en España no sólo no cuida los valores cristianos, sino que, a veces, los ataca hasta con furia, algo incomprensible en una democracia, donde lo primero que hay que hacer es respetar los valores de los ciudadanos. Con la televisión digital, estoy segura de que más de un canal va a pensar en los valores cristianos.
Hermana María Rosa de la Cierva
Don Juan Pedro Ortuño, Coordinador de la Comisión Organizadora del Congreso
«La Iglesia está en los medios porque ve un vacío»
Se dice que en España podría haber unas cien televisiones católicas. ¿Dónde están?
Me parecen muchas. Están las de Popular TV, que, al estar en las diócesis, quizás cuentan como separadas. También hay una en Alicante, que llevan unos monjes (Cetelmon TV); EWTN; y San José, en Cataluña... Pero poco más. Como mucho, unas diez importantes.
Muchas veces se plantea el debate de si una televisión católica es sólo la que se dedica al apostolado puro y duro.
Definir la identidad de una televisión católica es hablar de su finalidad, de cómo se impregna del mensaje del Evangelio. Evidentemente, después hay muchas fórmulas: desde un busto parlante que hace pura catequesis, hasta propuestas más abiertas. En Popular TV apostamos por algo más amplio, porque creemos que el humanismo cristiano debe inspirar toda la realidad, y por eso no se limita sólo a catequesis, la Misa, el Rosario..., sino que afecta a la vida entera del hombre y debe tener repercusiones sociales e informativas.
¿Cómo se puede evangelizar desde las televisiones, cuando el mensaje es unidireccional?
Ha habido ensayos de programas interactivos, con una comunicación más personal. De hecho, en Popular TV hubo un programa sobre la familia, donde se invitaba a los telespectadores a que plantearan sus preguntas y sus inquietudes. Estamos trabajando en que no haya sólo un discurso, sino que haya más tertulias, temas que interesen a un espectro social amplio.
Se habla a menudo de que las nuevas tecnologías están favoreciendo una democratización de la televisión...
Yo prefiero hablar de libertad, porque a veces la democratización puede ser también un instrumento de manipulación, dependiendo de cómo se materialice. Digamos que sí hay más posibilidades para que otras realidades tengan presencia. Las nuevas tecnologías pueden brindar posibilidades muy interesantes. Por ejemplo, en Popular TV tenemos un link para acceder por Internet a los contenidos que se emiten. Esto no debe llevar a descuidar otros aspectos, como la educación del usuario. Existe el recurso fácil de la telebasura, que mantiene al telespectador atento a algo que no le supone esfuerzo. Nuestro objetivo es presentar programas atractivos, pero que, a la vez, ayuden al discernimiento y al criterio.
Eso es producción propia, que es lo que más cuesta...
Por eso el segundo objetivo del Congreso es la creación de un gran banco de datos donde se ofrezca la posibilidad de que las televisiones consigan programas gratuitamente, o a un precio muy módico. En Medellín se habló mucho de este tema, porque en Hispanoamérica los recursos son pocos, pero hay una gran presencia de televisiones católicas. Sin embargo, no hay que hablar aquí de donativos: lo que tiene un valor, cuesta. Lo que buscamos es ajustar los costes y seguir mejorando en calidad.
¿Es la profesionalización uno de los problemas de los medios católicos?
Tal vez haya habido demasiados sacerdotes y pocos profesionales, pero la labor se va profesionalizando. En la archidiócesis de Madrid estamos sólo tres sacerdotes, y unos treinta laicos. Hay que luchar por que esta responsabilidad esté remunerada como se merece. Por eso es tan importante buscar recursos económicos. Una de las cuestiones es convencer, no de que los laicos hagan donativos, sino de que tengan sus propias iniciativas. Cuando alguien me dice que no le gustan los contenidos de Popular TV, le invito a crear un canal, o a influir allí donde esté para que los contenidos del humanismo cristiano estén presentes. No es que la Iglesia tenga interés en poseer medios, es que vemos un vacío. Pero lo ideal sería lo contrario: que los laicos, profesionales y empresarios se implicaran en este tipo de proyectos.
Monseñor Enrique Planas, Coordinador General del Congreso
«La Iglesia inventó la verdadera globalización»
¿Cómo surge este Congreso?
Las nuevas tecnologías han facilitado enormemente el medio televisivo. Lo que antes era una operación muy arriesgada, ahora es más sencillo gracias a la evolución de las nuevas tecnologías. En estos momentos hay más de 2.000 canales católicos de diferentes características: generalistas, pastorales, teológicos, en red, por libre... De hecho, se ha generado una situación un tanto caótica, y uno de los deberes de la Santa Sede es poner un poco de orden, desde el respeto a la identidad de cada uno. El procedimiento consiste en unir a los responsables de la pastoral de la comunicación con los promotores, responsables, periodistas, etc. Esto va a suceder en el I Congreso Mundial de Televisiones Católicas, que podrá celebrarse gracias a la hospitalidad de la archidiócesis de Madrid.
Uno de los objetivos es crear una red...
Pero sin entenderla como una superred televisiva... La unidad de la Iglesia no es la uniformidad, sino el respeto a cada identidad. Las cosas en la Iglesia nunca se hacen por decreto, sino por consenso y por amor. Nosotros simplemente hacemos que la gente se conozca, porque de ahí nace la estima. Y si existen problemas comunes, tratar de solucionarlos en común a través de una serie de servicios, que es difícil que individualmente se afronten con éxito. Hablamos de cuestiones económicas, técnicas, de contenidos, identidad...
¿Qué problemas de identidad existen?
En la Iglesia hay mucho pluralismo y muchas orientaciones, la mayor parte legítimas. Todos formamos parte de una gran familia, y en ella hay de todo, pero, eso sí, con una genética común. Conviene fijar unos parámetros de lo que es católico. Hay que tener un ideario, lo más sintético y elemental posible, porque buscamos que sea universal. Unos pocos puntos deben bastar para responder a la identidad católica que quieren para sí todos estos canales.
¿Es factible el intercambio con todas las diferencias culturales y con la necesidad de la inculturización?
Gracias a Dios, la organización eclesial es muy eficiente y permite a la vez lo genérico y los matices particulares. En ese sentido vamos a trabajar nosotros también. Unos servicios informativos, por ejemplo, llegan a todas partes y son aprovechados por todos. Lo mismo con la tecnología, que es la misma en Australia y en Alaska. Nadie puede dar lecciones a la Iglesia de verdadera y sana globalización, porque ella la inventó. Ahora se trata simplemente de adaptarnos a las nuevas tecnologías. Eso lo ha hecho la Iglesia siempre. No es verdad que sea pasiva ante estos adelantos.
¿No existe el peligro de que los pequeños canales católicos queden perdidos en ese gran universo de los medios?
Juan Pablo II nos dijo que no tuviéramos miedo. Debemos trabajar para que la luz del Evangelio llegue a todo el mundo. Sabemos que cambian las reglas de juego, y que se está atravesando un momento de cierto desconcierto. Ante eso, debemos ser optimistas y propositivos. La teoría del caos nos dice que, donde hay caos, termina habiendo orden. Y en eso estamos, sin presiones indebidas y con sencillez y humildad.
¿Cómo ve el panorama de medios católicos en España?
Hay creatividad y estamos en un momento de cambio. Hace treinta años había miles de publicaciones católicas, pero eso hoy no es sostenible. Ha habido medios únicos y extraordinarios, por su cantidad y calidad, como la Editorial Católica. Eso se ha perdido, y no se ha sustituido. La Iglesia en España tiene capacidad para ello, pero hace falta ponerle el cascabel al gato. Hay que remangarse, y que las personas capaces se sienten a la mesa y olviden tendencias, rencillas, puntos de vista distintos. Es posible hacerlo, y la tradición ayuda. Tengo la esperanza de que, en un momento determinado, toda esa gran tradición que está en el ambiente sea una realidad. El gran desafío es encontrar un lenguaje evangelizador para el momento actual, que no traicione las verdaderas raíces. Que la cosa no se quede en tendencias, capillitas, peleas. El pueblo de Dios tiene que ser servido de la mejor manera posible.