Wa'il Farouq es un joven musulmán de 33 años que enseña Ciencias Islámicas en la Facultad copto-católica de Sakakini, en El Cairo. Su contacto con un alumno perteneciente a la experiencia de Comunión y Liberación le llevó a interesarse por la obra de Luigi Giussani y a traducir uno de sus libros fundamentales: El sentido religioso. El fin de semana pasado, estuvo en Madrid para inaugurar el comienzo de curso de CL en España, y lo hizo en un momento en que se ha reavivado la polémica sobre la utilización del velo islámico en las escuelas. Para este hombre de sonrisa franca, piel morena y hablar pausado, se trata de algo que nada tiene que ver con la experiencia religiosa: «Lo que está claro es que ese padre ha utilizado políticamente a su hija». Además, «en el Islam no es obligatorio que una chica a su edad lleve el hiyab. El padre está usando a la niña para crear la imagen de que existe un conflicto entre los cristianos y los musulmanes. Más importante que el velo es la experiencia religiosa, a la que no te puedes acercar en estas circunstancias».
Farouq sabe de lo que habla; hace años, él mismo perteneció a los Hermanos Musulmanes, movimiento que persigue la instauración en Egipto de un régimen político basado en la sharia, o ley coránica. Tuvo que dejarlos porque, según dice, «no era fácil seguir con ellos: las preguntas estaban prohibidas». Después se acercó a los comunistas, pero allí también estaban prohibidas las preguntas. La consigna era: Marx así lo dice, igual que los Hermanos Musulmanes decían: Alá así lo dice. Esta postura no se correspondía con su propia experiencia, más abierta: «Mi madre me abrió a los demás desde que era niño. La mejor amiga de mi madre era cristiana; una vez, en su casa, vi un cuadro de un señor con melena y el corazón al descubierto, entregándolo. Pregunté y me dijo: Es el fundador de mi familia». Y la amistad con un padre jesuita fraguó su apertura a Dios y a la realidad.
Años después, gracias a un alumno italiano al que enseñaba árabe, entró en contacto con el libro El sentido religioso, de Luigi Giussani. «Gracias a este libro -explica Wa´il Farouq- pude reconocer el problema fundamental que tiene planteado el mundo árabe. Todos los grupos musulmanes piensan que su fe se basa en la razón, pero con don Giussani pude entender que el verdadero problema es la separación entre la razón y la realidad. Sin la razón, la religión se transforma en ideología. Un uso adecuado de la razón impide que el pensamiento religioso se convierta en ideología, de lo que es expresión el islamismo radical. Cualquiera que hable con un grupo islámico, también con los islámicos radicales, dirá que el Islam es la religión de la razón. Y el problema hoy en el Islam no es la ausencia de la razón en la religión islámica, sino la ausencia de la razón en la religiosidad islámica, en la realidad de todos los días. Liberarse de la propia ideología es la condición indispensable para la racionalidad».
Un camino para Occidente :
Después del 11-S, la percepción que Occidente tiene con respecto al Islam cambió de forma drástica. Él mismo, en un tiempo en que estuvo dando clases en Estados Unidos, se dio cuenta de que los americanos identificaban el Islam con la violencia. «Pero ésa -afirma- no es la realidad de mis amigos. ¿Qué musulmanes representan la realidad: los terroristas, o mis amigos? El choque entre civilizaciones, en realidad, no es entre personas, es entre imágenes que tenemos unos de otros». Por eso, ante la creciente presencia de inmigrantes en Europa, muchos de ellos musulmanes, Farouq propone un método de acercamiento novedoso: «Una cadena de hechos, de amistades concretas que rompan los prejuicios y abran a la realidad. Lo que une a los hombres, su humanidad, es más profundo que cualquier otra diferencia. Es posible la comunicación cuando se comparte la condición humana».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo