Alfa & Omega, 20/11/07 - «Cuántas personas tienen que morir para que se tomen las medidas efectivas? ¿Hasta cuándo vamos a limitarnos a contemplar de forma pasiva la realidad en los medios de comunicación? ¿Seguiremos pasando página y malacostumbrándonos a ver esta realidad sólo como una noticia cotidiana? Una muerte no es sólo una noticia más, sino una tragedia humana». Con estas rotundas palabras comenzaba el comunicado de prensa emitido por Cáritas diocesana de Canarias y Cáritas diocesana de Tenerife tras conocerse la noticia de que casi 50 personas habían perdido la vida en un cayuco víctimas del hambre, la sed y el frío. «Hace sólo una semana enviamos este mismo comunicado ante un drama muy similar al que ahora nos ha acontecido. Ante este holocausto contemporáneo, nos rebelamos contra la pasividad y la aceptación de la cotidianeidad de tantas y tantas muertes», explicaba la nota.
La opinión pública está tan anestesiada por la sucesión de noticias, relacionadas con la inmigración ilegal, que intenta escapar del hambre en África y arriesga su vida en el Atlántico por llegar a las costas de Canarias, que unas cuantas muertes más acaban por pasar desapercibidas. En este caso, la tragedia se cebó con un cayuco en el que unas 150 personas intentaron poner fin a su infierno subsahariano. El motor de la débil embarcación se averió y los tripulantes quedaron a la deriva durante semanas. Poco a poco, disminuyeron los víveres hasta que el hambre y la sed comenzaron a pasar factura. El frío de las noches completó el fatídico desenlace. Se calcula que unas 50 personas murieron en la embarcación y fueron tiradas por la borda por los supervivientes.
Arrastrada por corrientes poco frecuentes en esa zona del Atlántico, la embarcación retornó a las costas mauritanas, donde los supervivientes fueron avistados y atendidos por efectivos de Cruz Roja Internacional. Varios de ellos murieron nada más llegar a tierra. El resto, un centenar, narraron su tragedia entre sollozos y balbuceos. Después de recuperarse en un centro mauritano de atención a los inmigrantes, fueron repatriados a Senegal, donde acabó el viaje fallido con el que esperaban llegar al Primer Mundo.
En su comunicado de prensa, Cáritas denuncia «la falta de sensibilidad y el silencio de algunas instituciones que tienen la responsabilidad de desarrollar más políticas efectivas de desarrollo en los países vecinos, y menos políticas de defensa y castigo hacia los inmigrantes. Queremos resaltar el testimonio desgarrador de aquellas personas que ven en primera fila el sufrimiento y la muerte de tanta y tanta gente inocente, culpable de querer dar un futuro mejor a su familia». Y plantean una serie de preguntas para despertar conciencias dormidas: «¿Qué podemos aportar cada uno de nosotros para cambiar, de una vez por todas, esta situación? ¿Qué debemos revisar para encauzar esta tragedia? ¿Recordaremos en los próximos días estos terribles acontecimientos, o serán fruto del olvido y la pasividad que nuestro ritmo cotidiano nos impone?»
María Solano