La Razón , 05/12/07- Acuérdate de tu Creador antes de que el cántaro se rompa contra la fuente». Con esta cita del Eclesiastés comienza su libro «Silencio sobre lo esencial» Jean Guitton, y añade que no cabe duda de que hay una necesidad de callarse sobre la esencia porque, por un pudor extremo, se respeta la zona de lo inefable, de lo «no-expresado».
Por motivos de paz, de caridad (a veces por la impotencia que afecta todo lenguaje), se honra a lo esencial con el silencio. En las familias más unidas, en los amores más tiernos, hay temas de los que no hay que hablar. Pero inmediatamente dirá que llega un momento en que este silencio sobre lo esencial ya no puede ser observado sin lesionar el deber de sinceridad y de verdad sin poner en peligro el núcleo mismo de lo esencial. «Entonces se siente que ese tan vivo respeto del hombre por el hombre, llamado justamente ?respeto humano? (y que aconseja callarse sobre las esencias), no puede ser guardado sin tener mala conciencia». Y exclama contundente: «Me extraño del silencio sobre Dios». Es fundamental para el católico vivir en presencia de Dios, pero no parecería explicable que, en nuestro tiempo, demasiadas veces y en demasiadas ocasiones no habláramos, con palabras o comportamientos explícitamente expresivos de nuestra fe en el Padre Dios.
Guitton acaba así su libro: «Encaro con confianza este siglo XXI; envidio incluso a la generación ascendente. La envidio porque esta generación tendrá la tarea más grande que pueda proponerse a seres libres: de una parte, entablar un combate decisivo; y, de otra, la de estar segura de no ser vencida». «Estoy convencido de que el porvenir es favorable al catolicismo. No veo otra religión más universal, más apta para ser propuesta a élites y a masas, para conducir a los seres libres del tiempo a la eternidad».