Análisis Digital, 06/06/08 - La China Popular es el país más poblado, con más de 1.200 millones de habitantes oficiales y que mantiene un fuerte régimen totalitario comunista. Sin embargo, las fuertes inversiones extranjeras están transformando el país, y el capitalismo salvaje invade una sociedad que cuenta con 100 millones de consumidores de alto nivel. En este panorama de paraíso inversor, nadie quiere mirar hacia el plano de la ausencia de libertades.Pero los católicos chinos carecen de libertades. En este momento, doce millones de chinos viven su clandestinidad en silencio, marginados oficialmente, y dirigidos por una cincuentena de obispos desconocidos, nombrados en secreto por Roma.
Entretanto, el régimen comunista mantiene una falsa iglesia patriótica, que representa a cinco millones de fieles y ochenta obispos oficiales, y es la que se muestra al turista despistado. La tensión existente marca un problema candente, el reconocimiento internacional de la China comunista por el Vaticano, a cambio del respeto a los doce millones de rehenes católicos existentes en el país.
El abandono del reconocimiento internacional a Taiwán, sería el precio a pagar. La verdadera China, sigue manteniendo los principios del Dr. Sun Yat sen, fundador del Kuomintang: Nacionalismo o igualdad de las naciones, democracia o igualdad política de los ciudadanos y bienestar social o igualdad económica.
Su triunfo económico le llevó a ser la duodécima potencia exportadora del mundo. Pero la expulsión de la ONU, por el reconocimiento de la China comunista y el alejamiento estadounidense realizado por Nixon ha llevado a Taiwan a estar marginada de la comunidad internacional.
En la actualidad, la presión continental, por la reunificación del país, se ha reafirmado después de la anexión de Hong kong y Macao. Sin embargo, la China continental deberá respetar a sus ciudadanos, si quiere fidelizar a sesenta millones de chinos de la diáspora, con alto nivel cultural y profesional.
La Nación
José Luis Orella