Alfa & Omega, 12/06/08 - Una sala para unas cuarenta personas; eran las primeras instrucciones que doña María Vallejo-Nágera tenía para organizar el pase privado de la película Bella, el pasado 26 de mayo. «En un día -relata la escritora-, había recibido más de 500 correos electrónicos. Acabamos alquilando una sala en la que entraron 800 personas, y había otras 300 en lista de espera». Al final del pase, lágrimas y muchos aplausos. A pesar del éxito tremendo de la película en este pase privado, todavía no se sabe cuál es el futuro de Bella en España: «Hay varias distribuidoras interesadas, y ahora mismo el equipo está estudiándolas. Ojalá se pueda estrenar después del verano», explica la señora Vallejo-Nágera.
Su implicación en este proyecto viene a través de una «amistad muy grande» con uno de los productores y actor principal de Bella, el mexicano Eduardo Verástegui, muy conocido en Iberoamérica por su carrera como cantante y actor de telenovelas, antes de su reencuentro con Cristo, hace unos años. Después de éste, en una peregrinación a Medjugorje, conoció el libro El castigo de los ángeles, en el que la escritora contaba su conversión en este santuario de Bosnia-Herzegovina. «No paró hasta conocerme -recuerda Vallejo-Nágera-. A partir de entonces, nos empezamos a conocer por teléfono y correo electrónico. Nos identificábamos, y orábamos mucho el uno por el otro».
Verástegui estaba, en esos momentos, replanteándose su carrera: «Deseaba borrar los últimos doce años de mi carrera, el estereotipo del latin lover», relata en una entrevista al portal LifeSite. Pasó de tener 15 personas trabajando para él a querer dejarlo todo e irse a la jungla. Un sacerdote se lo impidió, pensando que, si se había convertido en Hollywood, debía dar fruto allí. El resultado fue un grupo bíblico para gente que trabaja en el mundo del espectáculo, y la productora Metanoia Films, que fundó junto a Alejandro Monteverde, recién salido de una escuela de cine y que ha dirigido Bella, y Leo Severino, ex abogado de la 20th Century Fox.
En 2003 ó 2004, María Vallejo-Nágera recibió una llamada de Eduardo, pidiéndole que encomendara en su oración el primer proyecto de Metanoia Films, cuyo guión estaban escribiendo. El resultado, por el que varios conventos de clausura de España han estado orando, es Bella. Su presentación oficial fue en el Festival de cine de Toronto (Canadá), en diciembre de 2006, donde ganó el Premio del Público. La buena acogida continuó en Estados Unidos y, hace unas semanas, en su presentación en España. María Vallejo-Nágera lo atribuye a que, «a pesar de lo que cree mucha gente, hay sed de películas buenas. Creo que la sociedad está cansada de dolor, de violencia y de sexo desenfrenado».
Bella relata el día que pasan juntos Nina, una camarera de Nueva York que acaba de descubrir que está embarazada, y José, antigua promesa del fútbol y chef del restaurante donde la han despedido, que le ofrece su ayuda y amistad incondicional. Se trata -la describe la señora Vallejo-Nágera- «no sólo de un grito de socorro ante el aborto. Es un canto a la amistad, al respeto, una historia que nos habla de valores». También muestra la belleza y fuerza de los lazos familiares, «el amor al hijo adoptado» y -otro de los objetivos de Metanoia Films- el verdadero rostro del latino que vive en Estados Unidos: «El hombre honrado y trabajador, la mujer inteligente e íntegra», en palabras de Verástegui.
Ya antes de rodarse, Bella dio sus frutos salvando la vida de Eduardito. Mientras Eduardo Verástegui investigaba fuera de un centro abortista en Estados Unidos, fue capaz de convencer a una pareja mexicana de que no abortara. Poco después de acabar el rodaje, nació el niño, al que pusieron Eduardo. No ha sido el único. Varias mujeres que tenían cita para abortar decidieron no hacerlo después de ver la película. Así se ha cumplido el objetivo del equipo de Metanoia Films: «Queremos ser capaces de marcar una diferencia en la sociedad, tocar los corazones de la gente y tener una buena influencia, sin importar lo pequeña que sea. Sabemos que la gente va a imitar el arte, así que creemos buen arte».
María Martínez López