El Mensajero,18/08/09 - Un Techo para mi País es una institución latinoamericana integrada por jóvenes voluntarios, que trabajan junto a las familias que se encuentran en las peores condiciones de vulnerabilidad y exclusión social del continente.
“Tenemos la convicción de que los 200 millones de latinoamericanos en situación de pobreza no pueden seguir esperando” dice Cynthia Pérez, Directora Social de Un Techo para mi País – Uruguay.
El proyecto nace en 1997 bajo el nombre Un Techo para Chile, cuando un grupo de jóvenes universitarios se acerca a Felipe Berríos SJ con la idea de construir viviendas básicas en las zonas más pobres de Chile. Su primer objetivo fue levantar “2.000 mediaguas para el 2000”. En el invierno de 1999 esa meta fue superada con creces cuando alcanzaron las 2.156 viviendas.
Tras los terremotos en El Salvador y en el sur de Perú, surge la idea de ‘exportar’ el proyecto a otros países. Desde entonces esta labor se está llevando a cabo en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Nicaragua y República Dominicana; adaptando el proyecto con gran éxito a la realidad local de cada país. Este año se implementará también en Bolivia.
El Modelo de Intervención Social comprende la realidad de los asentamientos y de las familias que viven en ellos desde el marco teórico de vulnerabilidad social, a partir del cual se han diseñado estrategias de intervención que apuntan a provocar un cambio significativo, que les permita a los pobladores contar con herramientas y capacidades efectivas para superar su condición de pobreza y salir de los asentamientos de forma autónoma. Este modelo cuenta con tres etapas de trabajo, que consisten en lo que les explicamos a continuación y son:
Etapa 1: Construcción de viviendas de emergencia.
Etapa 2: Habilitación social.
Etapa 3: Vivienda definitiva.
Construcción de Viviendas de emergencia
Esta etapa es una ‘puerta de entrada’ para muchos jóvenes que no han tenido la oportunidad de enfrentarse cara a cara con la pobreza de su país. Se los invita a participar de una experiencia de alto impacto físico y emocional que apunta a generar conciencia social y compromiso con el flagelo social que significa la extrema pobreza.
Además de solucionar una situación de emergencia, como lo es la carencia de una vivienda básica, durante los dos días que lleva la construcción se genera un espacio de contacto, intercambio y compromiso entre los voluntarios y las familias del asentamiento. El lenguaje del trabajo físico codo a codo despeja prejuicios de ambas partes logrando una real integración entre personas de realidades muy distintas. Se hace especial hincapié en la integración a la hora del almuerzo, que es la única pausa en ambos días de trabajo, para establecer vínculos estrechos en cada equipo, integrado por la familia protagonista y por una cuadrilla de ocho voluntarios y los jefes de cuadrilla (voluntarios con más experiencia constructiva y formacional).
A la noche se realizan instancias de reflexión por cuadrilla, para interiorizar la experiencia vivida y dejar que los cuestionamientos y emociones calen hondo.
La vivienda de emergencia es de 6,10 x 3,00 metros y consiste en 9 paneles prefabricados de madera tratada (paredes y piso) dispuestos sobre 18 pilotes de madera dura, resistente a la humedad del suelo y agentes nocivos y un techo a dos aguas de chapa de zinc enclavado sobre una estructura firme de 8 vigas y 6 tirantes de madera. Es una casa fácil de construir y muy económica, lo que posibilita la participación de jóvenes voluntarios en su construcción y que esté al alcance de las familias con menos recursos.
Da como resultado un lugar íntimo, digno y protegido; desarrolla un espacio para la familia, y lo más importante, genera el sentimiento de propiedad, alcanzado gracias al esfuerzo y al ahorro (los futuros propietarios son elegidos mediante un riguroso seguimiento y pagan el 10% del valor de la vivienda) y no como resultado de una acción puramente asistencialista. Este componente educativo hace que la vivienda básica sea un inicio en el esfuerzo de la familia por acceder a una vivienda definitiva.
Los criterios para seleccionar a las familias a las que se les construye se basan en las condiciones habitacionales en que se encuentran. Se priorizan los casos más urgentes: viviendas de chapa, cartón y nylon y graves condiciones de hacinamiento.
También se tiene en cuenta el potencial de cada familia para salir adelante y superar su condición de exclusión.
El proceso de construcción permite a Un Techo para mi País establecer los primeros vínculos de confianza con los pobladores de la comunidad, fundando las bases de una relación que permita realizar un trabajo permanente en las siguientes etapas del proyecto.
Habilitación social
Después de realizar la construcción, y habiendo establecido una estrecha relación con las familias, comienza la etapa de desarrollo comunitario, en la cual se realizan trabajos permanentes en los asentamientos, enfocados principalmente a la formación en oficios básicos, educación, microcréditos, salud, agricultura urbana, asistencia jurídica y trabajo comunitario.
Se trabaja desde lo comunitario, a partir de una metodología de desarrollo local y participativo que se basa en mesas de trabajo como espacio de interacción entre voluntarios y vecinos. Estas mesas se realizan todas las semanas en el centro comunal de cada asentamiento (en caso de no existir, se construyen dos viviendas básicas y se anexan a modo de centro comunal).
Desde allí se evalúa la situación de la comunidad, se identifican las carencias y se ponen sobre la mesa los anhelos de los habitantes. Con todo eso, se comienza a trabajar en un camino largo y difícil, cuyos resultados se verán a largo plazo y dependen de la constancia, capacidad y compromiso de los vecinos, pues si bien contarán con el apoyo de los voluntarios de la organización, la idea es que ellos sean protagonistas de su propio desarrollo.
Vivienda definitiva
Es la etapa final, cuyo objetivo es que la comunidad gestione su propia solución habitacional definitiva y así construir nuevos barrios integrados a la ciudad, pero que mantengan el capital social que la comunidad tiene.
Se brinda asistencia a las familias para que ellas mismas gestionen su vivienda definitiva a través de programas de organismos públicos u otras ONG que ofrezcan soluciones habitacionales permanentes. Un Techo para mi País oficia en esta última etapa como mediador entre las familias y otros actores.
“Es importante que mañana no existan jóvenes que piensen que hay pobreza porque es ‘normal’. Queremos formar jóvenes con conciencia social, para que cada uno trabaje desde su lugar en la sociedad buscando solucionar este problema que nos concierne a todos” concluye Cynthia.
Testimonio de
María Pía Pirelli, voluntaria
Montevideo, 13 de abril de 2009.
“Es de noche. La zona es peligrosa. Camino tranquila esquivando los charcos, evitando meter el pie en el barro, si la luna llena alumbra.
Se escuchan los últimos martillazos. Estamos atrasados, pero estamos felices. Porque la alegría es gratuita, brota de lo hondo, me obliga a sonreír.
Camino sola, es una zona roja, pero a lo lejos me saludan por mi nombre. Es mi barrio, son sus casas, son nuestras preguntas y cuestionamientos, serán las respuestas que construyamos. Mi corazón se aprieta, mi boca no deja de sonreír, mis ojos se humedecen. Soy feliz, éste es hoy mi lugar. Voy sola, pero al encuentro de muchos.
Cantamos, bailamos, cargamos y descargamos, cavamos, apisonamos, nivelamos, hablamos, escuchamos, olimos, clavamos, sentimos… Sentí la plenitud de ser feliz, de no desear más nada en el mundo que querer estar hoy aquí”.