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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Los duelos no vividos

21 de agosto de 2009
¿Quién nos enseña a integrar la vida y la muerte, a experimentar nuestros incontables hallazgos e innumerables pérdidas como partes de un mismo proceso vital?

Criterio, 21/08/09

Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para callar y un tiempo para hablar. ( Eclesiastés 3, 1-3; 4-5; 7)

 

 Desde que nacemos, la vida es una sucesión de cambios, una sucesión de pérdidas y de hallazgos que no siempre reconocemos y aceptamos.Crecemos y maduramos si aprendemos a perder lo que ya no nos pertenece ni necesitamos, sólo así podemos entregamos a lo nuevo y, por ende, a lo desconocido que está por advenir. La revelación de lo nuevo está más allá del pasado que se repite en la vida de las personas.El exitismo de nuestra sociedad occidental es una idea nociva, culturalmente muy arraigada pero ineficaz e insostenible y que tiñe los procesos más humanos y profundos de nuestra existencia cotidiana: desde niños sólo se nos enseña a ganar; no se nos enseña a perder.

¿Cómo se crece con un mandato tan férreo, que incluso muchos entronizan?

Cargamos con muchos miedos externos e internos; existe el miedo externo a perder el trabajo, a perder nuestra posición, el miedo a la enfermedad y a la muerte. Y por dentro también existe mucho miedo: miedo a no tener éxito, miedo a no ser, miedo a la soledad, miedo a no ser amado. Todos los miedos tienen como única raíz, un solo miedo: miedo a perder.

Con tanto temor interior, psicológicamente, experimentamos la vida como una batalla constante, agotadora y estéril; por esto mismo, nos resistimos en lugar de aprender y nos defendemos en lugar de comprender.

 

Nuestro principal problema aunque muchos no lo adviertan  es tomar conciencia de los verdaderos muros de la prisión; cuando hay tanto miedo no hay libertad ni gozo ni genuino amor. Nuestra dificultad es que estamos tan fuertemente condicionados, que nunca preguntamos, nunca cuestionamos, nunca ponemos en duda todo lo que el ser humano ha creado a través de los siglos. Nos hemos convertido en meros seguidores y conformistas.La verdadera cultura significa crecer, florecer y no permanecer estancados en odres . Para ello, uno tiene que empezar consigo mismo: ¿puede cesar el temor que nos carcome el corazón y el alma de modo que uno pueda vivir serenamente y con vital intensidad?

 

Cuando la vida eterna se acabe

 

De un siglo a otro, hemos pasado de la sociedad de la disciplina a la sociedad de la eficienci. La educación se centra siempre más en la cultura de lo externo, en el rendimiento y en el éxito; y al hacerlo, se sacrifica la esencia misma de la vida humana que es nuestra interioridad. Pero tanto los hijos de la disciplina como los hijos de la eficiencia  son hijos de una misma esclavitud, ya que, desarraigados de su ser interior, la propia identidad se apoya, en gran parte, en el reconocimiento que viene de afuera.

Por esto mismo, nuestra identidad suele estar vinculada a lo que hacemos y a lo que poseemos; a nuestras actividades, a nuestro status social, familiar y profesional. La angustia y el vacío existencial no son meros conceptos filosóficos, expresan el estado psicológico en el que se encuentra gran parte de nuestra humanidad. El vacío es vacío de sí mismo, de la propia identidad y ésta es la fuente de mayor angustia que pueda padecer un ser humano. No se puede estar en paz si uno está desconectado de su auténtico ser; cuando no hay permiso para ser quien uno es, la vida se vuelve artificial y carente de sentido. Tampoco escapamos al razonamiento arcaico y maniqueo con el que seguimos siendo moldeados de generación en generación: niños buenos-niños malos, desde la mirada disciplinar; o niños exitosos-niños fracasados, desde una mirada eficientista. Esta tendencia maniquea persiste en todas las áreas de la vida; en realidad no ha habido un cambio fundamental en nuestra educación.

¿Qué clase de adultos devinieron de esta estrecha formación humana?

Adultos que se resisten, que desconfían, que tienen miedo, miedo de la vida que es imprevisible para todos. Hemos construido un mundo en el que, cada vez más, todo debe estar programado, asegurado y blindado y desde esta exacerbada privatización de los espacios humanos, se erigen pequeños “paraísos del encierro” que sólo brindan una protección ilusoria. En este desmesurado universo casi nadie busca la verdad, la belleza, el amor; todos buscan seguridad eterna, certezas eternas y permanencia eterna. Muy pocos manifiestan una actitud de indagación ante la vida, se vive buscando el beneficio, el logro, el refugio, la necesidad compulsiva de estar a salvo a expensas del otro.

La gran paradoja existencial es que, en nuestra afanosa búsqueda por sentirnos a toda costa seguros, destruimos la verdadera seguridad; cuanto más seguridad buscamos en las cosas externas, más inseguros y desamparados nos sentimos por dentro.Aprender a vivir es aprender a morir. Pero, ¿quién nos enseña a integrar la vida y la muerte, a experimentar nuestros incontables hallazgos e innumerables pérdidas como partes de un mismo proceso vital?

 

¿Qué es un duelo?

 

Toda pérdida es una conmoción y nos enfrenta a nuestra propia vulnerabilidad.

 

Desde el momento mismo en que nacemos, para crecer e individuarnos nos separamos de nuestra madre –gran metáfora del crecimiento psicológico– y así sucesivamente la vida está hecha de desgarros, de pequeños y grandes desapegos, de renunciamientos y ausencias inesperadas.La pérdida definitiva o la separación de seres que amamos, una ruptura amorosa, el alejamiento de la propia tierra o del propio hogar, suelen ser las situaciones más reconocidas como el inicio de un duelo pero también existen muchas otras circunstancias en las que, en general, se subestima o directamente se ignora el proceso de duelo que implican: la renuncia a un status o ideal laboral-profesional, anhelos no realizados, la pérdida de la salud y de alguna función o parte del cuerpo por enfermedad o accidente, el paso de los años, la llegada de la jubilación, los cambios históricos que acontecen a nuestro alrededor e, inevitablemente, cambian nuestra manera de vivir y de estar en el mundo. En una sociedad que sólo tiene ojos para la belleza, la juventud y el éxito, se obstaculiza y se niega el contacto con las limitaciones propias de nuestra condición humana; la verdadera fortaleza radica en reconocer las limitaciones, negarlas nos vuelve frágiles e insensibles. En el reconocimiento de las limitaciones y de las carencias es donde comienza el verdadero trabajo de duelo.

 

¿En qué consiste un duelo?

Es el proceso psicológico de adaptación del ser humano al estrés y sufrimiento que ocasiona una pérdida significativa. Toda pérdida implica sufrimiento y no hay manera de atravesar un duelo sin dolor. Toda pérdida siempre es un traumatismo mayor o menor; es un cambio que desestabiliza, por lo cual se requiere un tiempo de adaptación para acceder a un nuevo equilibrio psíquico y emocional.Mucha gente desconoce el nivel de estrés que conlleva un proceso de duelo, se le resta importancia y se respeta cada vez menos el tiempo necesario de elaboración y reparación (1).

El desaliento, la angustia, el sentimiento de inseguridad, desolación, tristeza y pena, son algunos de los intensos y hondos sentimientos consecutivos a toda pérdida. Como no hemos sido formados para vivenciar y aprender de nuestras emociones, escapamos de ellas o las enterramos para reducir su importancia o su impacto en nosotros y así seguir adelante , “el show debe continuar, las obligaciones me impiden detenerme y sentir.Los duelos prohibidos, los duelos no vividos, tienen consecuencias implacables para la salud psíquica de una persona.El sufrimiento no escuchado, no reconocido y, por lo tanto, no aceptado queda grabado en el cuerpo o en el psiquismo y resurgirá, tarde o temprano, a través de enfermedades psicosomáticas o estados depresivos.

 

Valores culturales

 

La sabiduría de una persona madura radica, entre otras cosas, en saber discernir la verdad de la falsedad implícita en las creencias, en los dogmas y en los valores que conforman una cultura y con los cuales hemos sido moldeados.Falsos valores y falsas concepciones cierran la puerta a la realidad e impiden una percepción y una comprensión de lo verdadero. Podría ser que la represión de los sentimientos, el equilibro calmo y el autodominio que nos hemos impuesto trabajosamente y que tanto nos enorgullecen, no representen más que un siniestro empobrecimiento y no un “valor cultural”, como estábamos acostumbrados a considerarlos hasta ahora?”(2).

Lo que enferma no es el sufrimiento en sí mismo sino la imposibilidad de expresar libremente el dolor que nos causa; entrar en contacto con las emociones auténticas es una condición indispensable para elaborar un duelo: ayuda a integrar los sentimientos más dolorosos, incómodos y perturbadores para una transformación de nuestro estado interno. Es necesario vivir hasta el final todas las emociones dolorosas; si se las reprime se evita el duelo y con él se pierde una ocasión privilegiada para fortalecer nuestro desarrollo personal, nuestra confianza en la vida y en nosotros mismos (3). Otra de las falsas creencias muy arraigada en nuestro “esquema de valores” y con la cual hemos sido criados, es la de creer que todo, o casi todo, la salud, el amor, la felicidad, la juventud van a durar toda la vida.Todo cambia en nuestra vida: nuestro cuerpo, nuestra manera de vivir y de relacionarnos; nuestras necesidades también se van renovado en cada etapa de nuestro crecimiento –un adulto maduro no tiene las mismas necesidades de un joven adolescente–. Educados en el miedo, nos resistimos al cambio; nos asustamos y nos atamos a roles fijos, a formas de vida estáticas y rígidas que no sólo deterioran nuestra salud, empobrecen nuestro ser.El amor es el bien más preciado que pueda existir sobre esta tierra y nuestro anhelo más profundo es perdurar en nuestros vínculos; pero lo que no se nos enseña es que nuestra manera de amar y relacionarnos también cambia porque crecer es madurar y la madurez todo lo transforma. De hecho, las crisis en los vínculos aparecen cuando nos resistimos al cambio, a la maduración y la transformación de nuestros sentimientos, de nuestro modo de vincularnos. Las relaciones se transforman para seguir evolucionando y no quedar estancadas.Creer que los sentimientos y los vínculos son perennes es una ilusión que muchas veces impide apreciar en su justo valor el momento presente”, advertía Françoise Dolto.Qué es la vida sino un viaje tan sagrado como asombroso en el que encontrar y perder lo encontrado; si lo permitimos, nos dilata el alma, el corazón y la mente y nos ancla en nuestro verdadero ser.

 

En esta vida, en este mundo

La vida es un misterio; y el lugar que nos corresponde en ella es un descubrimiento que cada uno de nosotros tiene que hacer por sí mismo, nadie puede hacerlo por nosotros.Nuestra vida se ha convertido en un constante esfuerzo por conquistar cosas; es un vivir consumido por la ambición y la codicia, hijas del miedo. Es cierto que la mentalidad adquisitiva y el exitismo en este mundo producen resultados: producen un mundo de opresión y de crueldad, de mala voluntad y de ignorancia.La riqueza de este universo y de la vida que lo habita es inmensa, pero nosotros vivimos como mendigos de esos valores esenciales que no se miden y no se calculan porque son inconmensurables.Dar y recibir, hallar y perder es el movimiento circular de la vida biológica, psicológica y espiritual de todo ser humano. El verdadero tesoro de la vida se encuentra en cada acto de nuestro vivir cotidiano cada vez que, despiertos y sensibles, completamos ese círculo vital.

 

por Sannuti, Ángela

 

Notas:

 

1. No hay tiempo para vivir, para estar con uno y con los otros, no hay tiempo para sentir y pensar en profundidad. Y mucho menos, nos damos el tiempo y la oportunidad de procesar un duelo y cicatrizar.

2. Por tu propio bien, Alice Miller, Tusquets, 1992.

3. Si desde niños se nos enseñara a reconocer nuestras emociones, a integrarlas y a elaborarlas, nos sería mucho más fácil sobreponernos a las pérdidas de la vida.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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