El Papa Benedicto XVI ha celebrado esta mañana su tradicional audiencia general de los miércoles desde el Vaticano. El Pontífice, que tras la celebración regresó a su residencia veraniega de Castel Gandolfo, saludando a los peregrinos polacos, se ha querido unir a las celebraciones del 70 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial señalando lo “absurdo” y “trágico” de la guerra.
“En la memoria de los pueblos permanecen las tragedias humanas y lo absurdo de la guerra”, ha dicho el Papa rogando a Dios “para que el espíritu del perdón, de la paz y de la reconciliación impregne el corazón de los hombres”. En este sentido el Pontífice ha bendecido a cuantos "contribuyen a la creación de un clima de paz”, recordando que “Europa y el mundo de hoy tienen necesidad de un espíritu de comunión”.
En esa misma audiencia, el Papa retomó las catequesis sobre los grandes escritores de la Iglesia de Oriente y de Occidente del tiempo medieval. Hablando de San Odón, Benedicto XVI explicó que nació hacia el 880 y fue el segundo abad de la famosa Abadía de Cluny. "Desde aquel centro de vida espiritual pudo ejercer un gran influjo en los monasterios del continente europeo", difundiendo la vida y la espiritualidad inspiradas en la Regla de San Benito. Falleció en el 942.
El Papa recordó que entre las virtudes del santo destacan "la paciencia, el desapego por las cosas terrenas, el celo por las almas, su empeño por la paz, (...) el cumplimiento de los mandamientos, la atención a los pobres, la corrección de los jóvenes y el respeto por los ancianos".
"Merece una particular mención -continuó- la devoción al Cuerpo y a la Sangre de Cristo, que Odón, frente a un extendido descuido que deploraba enérgicamente, cultivó siempre con convicción. Estaba realmente persuadido de la presencia real, bajo las especies eucarísticas, del Cuerpo y la Sangre del Señor, en virtud de la conversión "sustancial" del pan y del vino".
San Odón decía que "sólo quien está unido espiritualmente a Cristo puede participar dignamente de su Cuerpo eucarístico; en caso contrario, comer su carne y beber su sangre no sería de provecho sino de condena".
El Santo Padre puso de relieve que "San Odón fue un verdadero guía espiritual también para los fieles de su tiempo. Frente a la "inmensidad de los vicios" difundidos en la sociedad, el remedio que proponía con decisión era un cambio radical de vida, fundado en la humildad, la austeridad, el desprendimiento de las cosas efímeras y la adhesión a las eternas".
Tras destacar del santo la "profunda bondad de su ánimo; su austeridad", el Papa dijo que "difundía a su alrededor la alegría de que le embargaba. (...) Con su acción incisiva alimentaba en los monjes, así como en los fieles laicos de su tiempo, el propósito de progresar con paso solícito por el camino de la perfección cristiana".
Benedicto XVI terminó manifestando el deseo de que "la bondad de San Odón, la alegría que deriva de la fe (...) toque nuestro corazón y que también nosotros podamos encontrar la fuente de la alegría que viene de la bondad de Dios".