En un momento en que las Humanidades no reciben precisamente un trato de favor en la universidad, «la Iglesia vuelve a prestar un gran servicio a la sociedad al promover su estudio, igual que en muchos otros momentos de la Historia». Lo afirma don Javier Prades, Decano de la Facultad de Teología y Delegado del cardenal Rouco, Gran Canciller de las Facultades y centros Académicos San Dámaso, que destaca estos dos objetivos de San Justino: «Profundizar en las fuentes de la Tradición cristiana y, por tanto, de la identidad de la Iglesia. Y, a la vez, desempeñar una función de diálogo con el mundo universitario y cultural de Madrid y España».
Don Patricio de Navascués es el Decano de la nueva Facultad, que nace a partir del Instituto Diocesano de Filología Clásica y Oriental San Justino, cuyo trabajo durante dos décadas se ve reconocido por la Congregación vaticana para la Educación Católica con la conversión en Facultad. Además de San Justino, existe sólo otra Facultad de Literatura Cristiana y Clásica en el mundo, en la Universidad Salesiana de Roma.
Pero hay diferencias en lo relativo al programa de estudios, explica De Navascués: «Ellos cultivan especialmente el aprendizaje del latín y del griego. Nosotros, sin olvidar estas lenguas, hemos querido poner el acento también en otras literaturas a menudo desconocidas por el Occidente cristiano, como la siríaca, árabe, copta o paloeslava», cita a modo de ejemplos. «Hay auténticos tesoros, y muchos más todavía por descubrir. Por otro lado, también nos ocupamos directamente de la literatura apócrifa cristiana».
A menudo, «las minorías cristianas de Oriente guardan una memoria muy viva de esas tradiciones, debido a que viven en un contexto hostil», circunstancia que les ha llevado a cultivar con especial esmero la memoria de sus señas de identidad. «Desde esta Facultad -prosigue el Decano-, la sintonía es inmediata con todos estos cristianos, hacia los que guardamos una deuda, por todo lo que su patrimonio aporta a la Tradición».
Otro de los aspectos que dan cuenta de la actualidad de estos estudios alude a la evangelización. «La relación entre fe cristiana y cultura pagana que se dio en los primeros siglos fue propuesta por Juan Pablo II y, de nuevo, por Benedicto XVI, como modelo para cualquier inculturación», y referente obligado para la nueva evangelización. «Nuestra sociedad es distinta, y tendremos que evangelizarla con nuevos métodos, pero muchos principios de los que se pusieron entonces en juego son válidos hoy y pueden servirnos como inspiración».
Resulta también de enorme interés estudiar la respuesta teológica de los árabes cristianos hacia el naciente Islam. «Hay obras de los siglos IX, X, y posteriores, en las cuales los presupuestos doctrinales utilizados por aquellos cristianos árabes están en sintonía directa con lo mejor de la vieja Patrística, bastante olvidado en ese momento en el Medievo latino».
Pero más allá de la casuística concreta, el profesor De Navascués alude a una forma de enriquecimiento que se produce siempre al abordar estas materias: «Cuando uno estudia las fuentes literarias cristianas (griegas, latinas, orientales), el primer beneficiado es él. Su fe se refresca; a menudo es provocada, purificada, profundizada».
)Son algo más de un centenar los estudiantes de esta Facultad, interesados en el programa de lenguas y en los estudios de grado y máster ofertados. Entre ellos, hay «seminaristas, sacerdotes, religiosos, seglares que buscan una preparación cristiana sólida», sin olvidar al «alumno que viene de fuera, de las universidades civiles», por un interés principalmente cultural, porque no podría cursar este tipo de estudios en ningún otro lugar.
El Plan de Estudios incluye asignaturas de gran atractivo e indudable aureola romántica: Patrologías orientales, Arqueología bíblica, Retórica clásica, Literatura gnóstica, Cristología en los primeros concilios... Pero nada de eso es posible sin una ingente dedicación de tiempo al aprendizaje del latín y del griego, y de, al menos, dos lenguas orientales como el siríaco, copto, armenio, arameo, acadio... Es todo un reto; «supone un trabajo arduo», reconoce don Patricio de Navascués. Pero el esfuerzo se ve recompensado. «Mi experiencia, en concreto, es de una enorme gratitud hacia los Padres de la Iglesia por todo lo que continuamente me enseñan», concluye.
Ricardo Benjumea
Imágen : Catacumbas de Santa Tecla (Roma