Tres siglos y medio le ha costado al virrey y obispo Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659) llegar a los altares, y cuando por fin lo iba a conseguir el 1 de mayo, quedó desplazada la ceremonia por otra beatificación, la de Juan Pablo II. Este domingo 5 de junio, 40 obispos y 5 cardenales por fin celebran en la catedral de El Burgo de Osma (Soria) la beatificación de Palafox (www.beatopalafox.es), tras un proceso que empezó en 1666, con un milagro que sucedió en 1766 (se conserva la documentación médica), pero que no se reconoció hasta 2009.
Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación en 2010, después de varios años de trabajo del postulador, el padre Ildefonso Moriones, que también trabaja los casos de muchos carmelitas mártires de los años 30, pero quiso volcarse en esta figura de la vida pública, política y cultural. También el vicepresidente tercero del Congreso español, Jorge Fernández Díaz, con lazos familiares en Fitero, donde nació el beato, ha trabajado mucho por esta beatificación.El político destaca la oposición de Palafox a las tesis de Maquiavelo y su lealtad al Papa y al rey. «Supo dar siempre al César lo del César, y a Dios lo de Dios», dice el político popular. Palafox es la muestra de que un gobernante, un político (aunque lo fue solo por obediencia al rey) puede ser santo.
Hijo no deseado, su madre casi lo ahoga al nacer
Juan de Palafox nació en Fitero, un pueblo de Navarra, como hijo natural del marqués de Ariza. Para esconder la vergüenza de su concepción, su madre hizo que una sirvienta llevase el bebé al río, para ahogarlo o abandonarlo, pero un testigo que lo vio pidió que no matase al niño.
El crío vivió humildemente, acogido por unos pastores del marqués, como un niño pastor más, hasta los diez años, cuando su padre decidió reconocerlo y lo envió a estudiar con los jesuitas a Tarazona y Huesca. Pasó por las universidades de Alcalá y Salamanca y llegó a ser fiscal del Consejo de Guerra y del Consejo de Indias antes de ser ordenado sacerdote, fruto de una experiencia de conversión.
La conversión del joven Palafox
En un viaje a Alemania, el joven y brillante cortesano Palafox vio un crucifijo mutilado, al que la furia de protestantes amotinados había arrancado brazos y piernas. Juan experimentó entonces una visión mística, al mismo Cristo diciéndole: «Llévame contigo». Ahí fue donde Palafox se enamoró de Jesucristo. Recogió el crucifijo, lo reparó, lo llevó consigo casi toda su vida, y aún hoy se conserva en Toledo. Cuando le nombraron obispo de Puebla, en México, escogió el lema: «Mi Amor está crucificado».
Defensor de los indios, mecenas del arte
A instancias del rey, fue nombrado en 1639 obispo de Puebla. En México era el informador de confianza del rey, con el cargo de «visitador» para luchar contra la corrupción. Incluso ejerció provisionalmente como Virrey y Capitán General en 1642.
Se le recuerda por su posición a favor de la población indígena. Ildefonso Moriones, profesor de Historia y postulador para su causa de beatificación, da testimonio de su recuerdo en México. «Conocí un viejito de Chiapas que hablaba de Palafox como si lo conociese de ayer mismo», explica Moriones. Fue el primero en traducir el catecismo a la lengua náhuatl. Introdujo canciones indígenas en la liturgia.
Prohibió claramente cualquier método de conversión que no fuera la palabra y la persuasión. En 1650 escribió «De la naturaleza y virtudes del indio», un texto equilibrado que defiende a los nativos americanos sin caer en el mito del «buen salvaje».
Puebla fue, bajo su mecenazgo artístico, el centro de la música barroca del México virreinal, con la presencia clave del compositor Juan Gutiérrez de Padilla. Palafox se esforzó por renovar la vida monástica y el seminario. Construyó tres colegios, uno de ellos para niñas. Los estudiantes tenían acceso a una enorme biblioteca, hoy llamada Palafoxiana, compuesta de cinco mil libros de filosofía y ciencia.
«Fue un hombre al que le preocupaba sobremanera la Justicia y que la sociedad pudiera conocer las leyes», afirmaba en abril de 2011 Mercedes Galán, profesora de la Universidad de Navarra. Galán explica que Juan de Palafox quiso que la sociedad respetara a los indios «porque eran personas justas y rectas y no porque les tuviesen miedo». «Su empeño y su tesón por dignificar las condiciones laborales de los indígenas fue verdaderamente encomiable. Quiso que se educaran en la Fe y que el patrono les proporcionara carne para comer. Peleó para que no trabajaran más tiempo del necesario e incluso propuso que los indios tuviesen una hamaca para descansar y más tiempo de vacaciones». La profesora recuerda que reivindicó que de cada cinco meses trabajados los indígenas tuvieran cuarenta días de vacaciones.
Mercedes Galán también atribuye a Palafox buena parte del conocimiento actual que tenemos de las Leyes de Indias. Gracias a su archivo particular, en 1987 se pudo encontrar la copia original de la Recopilación de las Leyes de Indias, único texto completo no oficial, que data de 1680, que el propio Palafox revisó y trató sin éxito de que se imprimieran para su conocimiento por la sociedad. Llegó a pagar cuatro mil pesos y a ofrecer su casa como imprenta para lograrlo. «Este descubrimiento posibilitó que supiéramos trescientos años después, quién fue el autor de estas normas: el abogado de Lima (Perú) Antonio de León Pinelo, y no el también letrado Fernando Jiménez Paniagua, que se llevó todo el mérito sin merecerlo», explica Mercedes Galán.
Crítico con Maquiavelo y escritor prolífico
De 565 obras suyas que nos han llegado, abundan los tratados políticos en los que Palafox critica a Maquiavelo y a Bodin y da consejos para la correcta formación de los gobernantes cristianos. Es autor, asimismo, de una prolífica obra publicística, pastoral y canónica. Considerado un gran humanista en su época, figura en el «Diccionario de Autoridades» por su abundante producción literaria y la gran calidad de sus escritos, la mayor parte de ellos catequéticos con fines moralizadores y ejemplarizantes. También se le recogió en el clásico «Retratos de ilustres españoles» de 1791.
En octubre de 2010 se presentó un libro llamado "Varia Palafoxiana" con doce estudios en torno al obispo y virrey, coordinados por el profesor Ricardo Fernández de la Universidad de Navarra. «Hay que tener en cuenta que fue obispo, pensador político, virrey, reformador, fecundo escritor, poeta y editor, mecenas de las artes y de la música, protector del indio, legislador y asceta. Esto hace que pueda ser considerado un perfecto humanista cristiano», aseguró Fernández al presentar el trabajo. «Estamos ante una figura poliédrica que sorprende por la agudeza con que analiza la sociedad que le tocó vivir». Y destaca su humanismo «contrario a la violencia, partidario de la justicia y defensor de los más débiles, los indígenas».
Rivalidad con los jesuitas... durante siglos
Se enfrentó a los jesuitas por conflictos de jurisdicción entre la Iglesia diocesana y el clero regular. Presiones en la Corte le obligaron a volver a España en 1649, donde fue obispo de Osma hasta su muerte diez años después. Siete años después de su muerte se descubrió que su cuerpo permanecía incorrupto. Empezó su larguísimo proceso hacia los altares, que alternaba testimonios de sacerdotes que lo admiraban por sus virtudes religiosas en México y España, con la oposición de sus rivales jesuitas.
El milagro: un moribundo, curado de tuberculosis en 4 horas
En 1769, un párroco de 66 años de un pueblo de Soria, tuberculoso, desahuciado, rezó con una firma de Palafox entre las manos. En la zona todos recordaban a su sabio y santo obispo pese a los cien años transcurridos desde su muerte. Cuatro horas después despertó completamente sano. Su médico de Fuentemolinos (Soria), otro de la cercana aldea de Roa y un tercero describieron al tribunal todos los síntomas de un enfermo terminal de tuberculosis. «La documentación que se presentó a la consulta médica, muy detallada, puede ser interesante incluso para la historia de la medicina», declaró el postulador Ildefonso Moriones en LA RAZÓN.
Abrieron la tumba y enviaron reliquias a México
El 23 de mayo de 2011 se exhumaron en la catedral de El Burgo de Osma (Soria) los restos de Palafox (ya no incorruptos). El obispo de Osma-Soria, Gerardo Melgar, presidió la exhumación, durante la que se leyó una semblanza biográfica de Palafox y el rescripto e instrucción de la Congregación para las Causas de los Santos. Las cintas y sellos con los que se lacraron los restos en la exhumación previa, en 1964, estaban intactos. Los forenses realizaron un estudio de las reliquias. Después, el obispo Melgar separó algunos huesos para ser colocados en el relicario para la misa de beatificación y otros para enviar a la parroquia de Fitero (pueblo natal de Palafox) y a la archidiócesis mexicana de Puebla de los Ángeles. El resto de las reliquias descansan ahora en una urna nueva de bronce bajo el altar de mármol de la capilla de la Inmaculada, para la veneración de los fieles.
Palafox, en Radio María
El sacerdote Rubén Tejedor, de la diócesis de Osma-Soria, ha dirigido muchos sábados un programa especial en Radio María bajo el título de «Juan de Palafox, pastor de pastores», para difundir el legado de este obispo y beato. tiene entre sus objetivos divulgar la figura y el legado espiritual del futuro beato Juan de Palafox y Mendoza. Tejedor quiere que la gente «conozca de cerca a una persona lejana en el tiempo, pero cuyo mensaje es hoy en día tan de actualidad, que lo suscribiría cualquier católico y muchos no creyentes».
El sacerdote destaca la defensa que Juan de Palafox y Mendoza hizo siempre de los pobres; su recto uso del dinero; la forma de ser desde la humildad siéndolo todo en su tiempo; así como su apuesta arriesgadísima por la verdad, aunque le costara muchísimos sufrimientos. «Que los oyentes se enamoren de esta figura que desborda los límites históricos de su tiempo será nuestra misión en estos treinta minutos de radio cada sábado».
Además, Goya Producciones (www.goyaproducciones.es) ha elaborado un documental de 50 minutos en el que, dice la productora, "admiramos la increible carrera del hombre que escapó a varios intentos de asesinato -el primero al nacer- y que llegó a ser personaje de la Corte de Felipe IV, gran humanista, poeta, jurista, promotor de las artes, constructor de iglesias, bibliotecas y catedrales, protector de los indios y gran evangelizador."
Gran exposición sobre Palafox hasta octubre en Fitero (Navarra).
Hoy, hasta octubre de 2011, la sacristía del Monasterio de Fitero (Navarra), su localidad natal, acoge una exposición alrededor de tres ejes fundamentales en su figura: sus escritos literarios, sus retratos y sus devociones. La exposición muestra sus «Obras completas» impresas con profusión de ilustraciones grabadas, entre las que destacan «El pastor de Nochebuena» o su «Vida interior», así como parte de su abundante iconografía. Además, incluye un conjunto de retratos -la mayor parte grabados, pinturas y esculturas- como escritor, pastor, obispo o en escenas de su vida realizados por destacados intelectuales y artistas, como Gabriel Durán, Miguel Sorelló y Antonio Barbaza.
Entre sus devociones principales estába la cruz, que añadió a su firma desde que se ordenó sacerdote y a sus armas episcopales. Algunas imágenes del crucificado fueron especialmente queridas por él. Crucifijos de madera, bronce o marfil estuvieron presentes en sus obras. Además, diversas esculturas del Niño Jesús, entre las que destaca un «Pastorcillo» que le regalaron en Flandes y que le acompañó hasta su muerte. La Inmaculada, el rosario, santos como Santa Teresa, cuyas cartas editó, o Francisco Javier, son parte de sus devociones.