La construcción del monasterio de Santa Maria da Vitória, en la localidad lusa de Batalha, comenzó en 1387, por expreso deseo del rey don Juan I, para conmemorar la victoria de Aljubarrota, en la que el pueblo portugués -capitaneado por Nuno Álvares Pereira, san Nuno de Santa María, general y, después, religioso carmelita, canonizado por Benedicto XVI en 2009- mantuvo la independencia frente a la Corona de Castilla. La construcción del monasterio, principal reclamo turístico de la villa, duró cerca de 200 años y su construcción movilizó extraordinarios recursos humanos y materiales, un despliegue nunca visto hasta entonces en Portugal.
Construido, fundamentalmente, en estilo gótico tardío, el Mosteiro representa un hito histórico en la arquitectura lusa, en el que también se puede apreciar el nacimiento del gótico manuelino, una variante portuguesa del gótico final, desarrollada durante el reinado de Manuel I de Portugal (1495-1521), y que desde Batalha se propagó al resto del país.
Una de las principales características de la edificación, consagrada a la Virgen María -guía en la batalla para preservar la independencia del país-, es que su construcción fue dirigida por un gran número de maestros; de ahí la mezcla de estilos. El portugués Afonso Domingues; David Huguet, constructor de la Capela do Fundador, en la que descansan los restos de don Juan de Portugal, su esposa Felipa de Lancaster y una amplia representación de su numerosa descendencia; o Fernando D’Evora, quien dio un giro a la construcción hacia un estilo más sobrio que el anterior, y que se puede reconocer en el claustro de Alfonso V.
El Mosteiro fue habitado por la Orden Dominica desde 1388, lo que proporcionó un gran prestigio a la Villa de Batalha. La Orden cuidó de la edificación hasta el siglo XIX, cuando las Órdenes religiosas comenzaron a disolverse en Portugal.
Como dato curioso, cabe destacar que la Sala Capitular del monasterio, a la que se accede por el claustro principal, alberga el Monumento al soldado desconocido, una tumba custodiada por el Cristo de la Victoria y dos militares, las 24 horas del día. Y dignas de visitar son, también, las Capelas Imperfeitas, sin terminar, porque el rey Manuel I decidió centrar sus esfuerzos en el monasterio de los Jerónimos, en Lisboa.
El Mosteiro de Santa Maria da Vitória fue catalogado, en 1983, como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y ostenta, desde 2007, el título de Maravilla de Portugal. Toda la historia y horario de visitas, en www.mosteirobatalha.pt
La Procesión de los caracoles
Visita obligada también, si se va a conocer la zona, es la procesión de Nuestra Señora do Fetal, en Reguengo do Fetal -una localidad vecina a Batalha-, celebrada cada último viernes de septiembre, en memoria de la aparición de la Virgen María a una pastora, en el siglo XVI.
La característica es que todo el recorrido, de la procesión nocturna, se ilumina con millones de lamparitas hechas con cáscaras de caracol y una mecha encendida en aceite, señalando a los peregrinos el camino de la iglesia a la ermita. Esta tradición se basa en el uso de lámparas de aceite como fuentes de luz, y la concha del caracol como algo barato y abundante en la zona. Por eso, también se la conoce como la Procissão dos caracóis -Procesión de los caracoles-.
Los preparativos involucran activamente a toda la comunidad. Es necesario recoger los caracoles, limpiarlos, llenarlos de aceite, colocar una tira de algodón y situarlo con cuidado por los lugares a lo largo de la ruta. Una muestra de fe viva del pueblo y un espectáculo visual digno de contemplar.
Cristina Sánchez