Los vecinos del barrio Norte de Buenos Aires han vivido más de un siglo al compás del repicar de las campanas de las torres de la iglesia del Salvador, que fue inaugurada por los jesuitas en 1876.
De día y de noche, junto a antiguo reloj electromecánico, han venido recordando cada 15 minutos a los fieles los compromisos del culto, orar y meditar. Y también llamaban al Angelus y los oficios religiosos.
Las cuatro campanas, de 80 kilos cada una, fundidas en Buenos Aires y consagradas al Sagrado Corazón de Jesús, a la Purísima Concepción, a San José, a San Ignacio, daban cuatro notas musicales: Do, Re, Mi y Sol.
Todo el barrio parecía alegrarse con el repiqueteo del bin ban. Los turistas acudían a disfrutar de esa música y del pintoresco templo de la Compañía de Jesús, construido con fondos de ricos del siglo XIX y mármoles traídos de España.
Pero un nuevo vecino de la zona, de 30 años y padre de un bebé, se molestó con el 'tan tan' del campanario. "De noche no se puede descansar", dijo y marchó hasta el juzgado a poner una denuncia por ruidos molestos.
La justicia contravencional de la ciudad ha hecho lugar al recurso de amparo al dictar la medida cautelar de silenciar las campanas. Ahora, el denunciante y el párroco deberán acudir a una audiencia de conciliación.
El juguete del relojero
Alberto Servaggi, de 72 años, es el último relojero-campanero de Buenos Aires. Está triste porque el sistema del Salvador era su 'juguete' favorito.
"En 25 años nunca hubo una queja, jamás. Al contrario cuando estuve de vacaciones la gente se sorprendía si no andaba", se quejó al diario 'Clarín'.
El artesano contó orgulloso: "Yo fui el que restauró el reloj: hay que darle cuerda una vez cada ocho días. Tardo 20 minutos en darle cuerda...".
Se prevé que la justicia intentará conciliar a ambas partes disponiendo una limitación horaria. La solución al conflicto consistiría en que, por un temporizador, las campanas 'vuelen' durante el día y se acallen a partir de las nueve de la noche.