
Benedicto XVI pide que se conserven los símbolos de la Navidad: el Arbol y el Belén.
El abeto es un significativo símbolo de la Navidad de Cristo, porque sus ramas siempre verdes recuerdan el perdurar de la vida. Es asimismo signo de la religiosidad popular de vuestra tierra y de las raíces cristianas de vuestra cultura.
En este tiempo de de Adviento, la Iglesia nos invita a prepararnos al Nacimiento del Salvador, intensificando el camino espiritual y la relación con Cristo. ¡Nuestra época tiene necesidad de cristianos santos, entusiastas de la propia fe!
La Virgen María es modelo y guía para nosotros: para comprender la voluntad de Dios sobre la vida y el sentido de los eventos que se refieren al Hijo de Dios, Ella revela unasingular mirada contemplativa: escucha, observa, custodia, medita, reza. ¡Cuánta necesidad hay de recuperar el gusto por la oración!
El Papa ha subrayado que la “Navidad es fiesta cristiana y sus símbolos constituyen importantes referencias al gran misterio de la Encarnación”. “El abeto y el belén son elementos de aquel clima típico de la Navidad que “pertenece al patrimonio espiritual de nuestras comunidades”, un clima a la vez de religiosidad y de intimidad familiar, “que debemos conservar en la sociedad actual, donde a menudo prevalece el consumismo y la búsqueda de los bienes materiales”.