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El Testigo Fiel
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Documentación: Hilario, obispo
San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania, en tiempo del emperador Constancio, el cual había abrazado la herejía arriana. Luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, y fue desterrado por esta razón a Frigia durante cuatro años. Compuso los celebérrimos comentarios a los Salmos y al evangelio de san Mateo.

El Hijo entregará al reinado de Dios, a los que él llamó al reino

fuente: Tratado sobre la Trinidad (Lib. 11, 36-40: PL 10, 423-425)
Se utiliza en: Lunes, II semana de Adviento (impar)

Todo le ha sido sometido a Cristo, a excepción del que le ha sometido todo. Entonces también el Hijo se someterá al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos. Así pues, la primera fase de este misterio es la total sumisión de las cosas a Cristo; y entonces él mismo se someterá al que le ha sometido todo: y así como nosotros somos súbditos de Cristo que reina en su cuerpo glorioso, así y en virtud del mismo misterio, el que reina en la gloria de su cuerpo se someterá al que le ha sometido todo. Nos sometemos a la gloria de su cuerpo, para participar en la claridad con que reina en el cuerpo, pues seremos configurados a su cuerpo.

Y la verdad es que los evangelios se hacen lenguas de la gloria del que ya ahora reina en su cuerpo. Leemos en efecto estas palabras del Señor: Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán antes de haber visto llegar al Hijo del hombre en su reino. Y a los apóstoles efectivamente se les mostró la gloria del que venía a reinar en su cuerpo, pues el Señor se les apareció revestido en su gloriosa transfiguración, revelándoles la claridad de su cuerpo real. Y al prometer a los apóstoles una participación de su gloria se expresó así: Así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga.

¿Es que no todos tienen bien abiertos los oídos naturales y corporales para escuchar lo que se nos ha dicho, de modo que sea necesaria la exhortación del Señor a escuchar? Mas queriendo el Señor insinuar el conocimiento de un misterio, reclama una escucha atenta de su enseñanza. Al fin del tiempo, en efecto, arrancarán de su reino a los corruptores. Tenemos pues al Señor reinando según la claridad de su cuerpo, mientras son apartados los corruptores. Y estamos nosotros también configurados a la gloria de su cuerpo en el reino del Padre, refulgentes como la luz del sol. Este será el traje de etiqueta en su reino tal como lo demostró a sus apóstoles cuando se transfiguró en el monte.

Y entregará el reino a Dios Padre: no como si lo concediera en virtud de su propio poder, sino que, a nosotros configurados ya a la gloria de su cuerpo, nos entregará como reino a Dios. Nos entregará pues, como un reino, según este pasaje del evangelio: venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El Hijo entregará al reinado de Dios, a los que él llamó a su reino y a quienes prometió la bienaventuranza de este misterio, diciendo: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Cuando llegue a reinar, arrancará a los corruptores, y entonces los justos brillarán como el sol en el reino del Padre. Y entregará a Dios Padre el reino, y entonces los que entregase a Dios como reino, verán a Dios. Qué clase de reino sea éste, él mismo lo declaró cuando dijo a los apóstoles: El reino de Dios está dentro de vosotros. El que reina entregará el reino. Y si alguien quiere saber quién es este que entrega el reino, escuche: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección.

Todo lo que acabamos de decir se refiere al sacramento del cuerpo, pues Cristo es las primicias de los resucitados de entre los muertos. ¿Y por qué secreta razón resucitó Cristo de entre los muertos? Nos lo aclara el Apóstol al decir: Haz memoria de Jesucristo,resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Así que la muerte y la resurrección en Cristo son correlativas a su condición de hombre. Reina en este su cuerpo ya glorioso hasta que, eliminadas las potencias adversas y vencida la muerte, someta a todos los enemigos.

Otras lecturas del mismo autor

Dios edifica y guarda su ciudad - [Del Tratado sobre el salmo 126 (Núms 7-10: PL 9,696-697)]
Don del Padre en Cristo - [Del Tratado sobre la Trinidad, lib. 2,1,33.35]
Del verdadero temor de Dios - [Salmo 127,1-3]
¡Oh Dios, que te alaben los pueblos! - [Tratado sobre el salmo 66 (Tratado 3-5: CSEL 22, 271-273)]
Toda la alabanza del Padre viene del Hijo - [Tratado sobre la Trinidad (Lib. 3, 15-16: PL 10, 84-85)]
Te serviré predicándote - [Tratado sobre la Trinidad (Libro 1,37-38: PL 10,48-49)]
Muy a gusto hemos de presumir de nuestras debilidades, para que así resida en nosotros la fuerza de Dios - [Tratado sobre los Salmos (Tratado 3. 7. 11 sobre el Salmo 15: PL 9, 892. 894. 896. 897)]
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios - [Tratado sobre los salmos 64,14-15]
La multitud de los creyentes no era sino un solo corazón y una sola alma - [Tratado sobre los salmos: Salmo 132 (PLS 1,244-245)]
El cimiento de nuestro edificio es Cristo - [Tratados sobre los salmos (Sal 14, 4-5: CSEL 22, 86-88)]
Cristo regirá como pastor las naciones que se le han confiado - [Tratados sobre los salmos (Sal 2, 31.34 35.37: CSEL 22, 60.63.64.65)]
Cuando entregare el reino a Dios Padre, Cristo reinará con los que son reyes - [Tratados sobre los salmos (Salmo 60, 5-6: CSEL 22, 205-207)]
Cristo, que es la vida, quiso morir para hacernos digna morada de Dios - [Tratados sobre los Salmos (Tratado 6-7 sobre el Salmo 131: CSEL 22, 666-667)]
Paraos en el camino del Señor - [Tratados sobre los salmos (Tratado sobre el Salmo 127, 2-3. 6: CSEL 22, 629-632)]
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