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El Testigo Fiel
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Documentación: Hilario, obispo
San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania, en tiempo del emperador Constancio, el cual había abrazado la herejía arriana. Luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, y fue desterrado por esta razón a Frigia durante cuatro años. Compuso los celebérrimos comentarios a los Salmos y al evangelio de san Mateo.

Muy a gusto hemos de presumir de nuestras debilidades, para que así resida en nosotros la fuerza de Dios

fuente: Tratado sobre los Salmos (Tratado 3. 7. 11 sobre el Salmo 15: PL 9, 892. 894. 896. 897)
Se utiliza en: Jueves, XXX semana del Tiempo Ordinario (impar)

El Señor es el lote de mi heredad. Y ¿cuál es la heredad del Señor, sino aquella de que está escrito: Pídemelo: te daré en herencia las naciones? Pues los pecadores de las naciones creen en aquel que es capaz de absolver al culpable. Y si la gloria de los paganos no procede de los hombres, sino de Dios, también Cristo es rey de estos judíos. Porque ser judío no está en lo exterior, ni circuncisión es tampoco la exterior en el cuerpo.

Entonces, ¿qué? ¿Es que no fueron muchos los que creyeron procedentes de aquella circuncisión? No cabe duda de que fueron muchos los que creyeron, pero una vez que, colocados en pie de igualdad con los paganos, reconocieron su condición de pecadores y de esta forma merecieron la misericordia, como nos enseña Pablo escribiendo a los Gálatas: Si tú, siendo judío, vives a lo gentil, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías? Nosotros, judíos por naturaleza y no pecadores procedentes de la gentilidad, sabemos que ningún hombre se justifica por cumplir la ley. Por tanto, deseando ser ganado por Cristo tomó conciencia de su ser de pecador, puesto que Cristo vino a llamar no a los justificados, sino a los pecadores.

Por esta razón, incluso los que creyeron procedentes de la circuncisión hecha por mano de hombres, creyeron después de haberse rebajado al nivel de la gentilidad pecadora, para ser todos la herencia de Cristo: y no de entre aquellos que piensan ser justificados en atención a sus propias obras, sino de entre aquellos que son justificados por la gratuita gracia de Dios.

Habiendo, pues, Dios salvado por su gracia a aquellos a quienes él dio en herencia, realmente el Señor es el lote de su heredad. El Hijo conservó el obsequio, para no proclamar que su herencia la adquirió él al precio de su sangre, sino que confiesa habérsela dado Dios, reconociendo que el Señor es el lote de su copa, esto es, de su pasión. Efectivamente, si es verdad que los gentiles fueron redimidos por la pasión del Señor, no debemos olvidar que la misma pasión de Cristo es obra de la voluntad del Padre, como lo atestigua el evangelio, cuando dice: Padre, pase de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

Por tanto, si consideras la voluntad del Señor, él mismo confesó diciendo: Si es posible, pase de mí este cáliz. Por consiguiente, incluso la redención de los paganos radica no en la voluntad del Hijo, sino en la voluntad del Padre. No se haga —dice— lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Esta es la razón por la que la misma gracia en virtud de la cual, y mediante su muerte, fueron redimidos los gentiles, el hijo no se la adjudica a sí mismo, sino al Padre. Por eso afirma que el Señor es el lote de su heredad y su copa.

Hemos, pues, de aceptar en este mundo la plebeyez, la infamia, la debilidad, la estulticia y otras cosas por el estilo, para llegar de este modo a la nobleza, a la gloria, a la fuerza, a la sabiduría. Cualidades todas que recibiremos cuando lleguemos allí donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Se nos siembra en miseria, para que resucitemos en gloria; se nos siembra en mortalidad, para que resucitemos en inmortalidad. Por lo cual, también nosotros y, con mucho gusto, hemos de presumir de nuestras debilidades, para que así resida en nosotros la fuerza de Dios. De momento, que el Padre esté a nuestra derecha, para que no vacilemos: más tarde vendrá a trasladarnos a su derecha, a las riquezas de nuestro Señor Jesucristo, de quien es la gloria. Amén.

Otras lecturas del mismo autor

Dios edifica y guarda su ciudad - [Del Tratado sobre el salmo 126 (Núms 7-10: PL 9,696-697)]
Don del Padre en Cristo - [Del Tratado sobre la Trinidad, lib. 2,1,33.35]
Del verdadero temor de Dios - [Salmo 127,1-3]
¡Oh Dios, que te alaben los pueblos! - [Tratado sobre el salmo 66 (Tratado 3-5: CSEL 22, 271-273)]
El Hijo entregará al reinado de Dios, a los que él llamó al reino - [Tratado sobre la Trinidad (Lib. 11, 36-40: PL 10, 423-425)]
Toda la alabanza del Padre viene del Hijo - [Tratado sobre la Trinidad (Lib. 3, 15-16: PL 10, 84-85)]
Te serviré predicándote - [Tratado sobre la Trinidad (Libro 1,37-38: PL 10,48-49)]
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios - [Tratado sobre los salmos 64,14-15]
La multitud de los creyentes no era sino un solo corazón y una sola alma - [Tratado sobre los salmos: Salmo 132 (PLS 1,244-245)]
El cimiento de nuestro edificio es Cristo - [Tratados sobre los salmos (Sal 14, 4-5: CSEL 22, 86-88)]
Cristo regirá como pastor las naciones que se le han confiado - [Tratados sobre los salmos (Sal 2, 31.34 35.37: CSEL 22, 60.63.64.65)]
Cuando entregare el reino a Dios Padre, Cristo reinará con los que son reyes - [Tratados sobre los salmos (Salmo 60, 5-6: CSEL 22, 205-207)]
Cristo, que es la vida, quiso morir para hacernos digna morada de Dios - [Tratados sobre los Salmos (Tratado 6-7 sobre el Salmo 131: CSEL 22, 666-667)]
Paraos en el camino del Señor - [Tratados sobre los salmos (Tratado sobre el Salmo 127, 2-3. 6: CSEL 22, 629-632)]
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